Pues va y nos descubre ahora que la legendaria batalla de Clavijo no existió y que el Camino de Santiago es un invento de los curas, como si las leyendas y los cronistas no formaran parte de la Historia: ¿intentará degradar también lo del Caballo de Troya de la mitología griega?

Lo cierto es que me había hecho ilusiones de recuperar un posible renacimiento de una nueva crítica irónica inteligente y en vez de hallar “La Codorniz”, aparece en este podcast una mala caricatura de “El Jueves”.

Por si se tratara de una pobre interpretación personal del podcast, he vuelto a leer algunos trabajos de Govantes, Ximénez de Rada, Pérez de Urbel o Sánchez de Albornoz, para llegar a ratificar que ni Ramiro I peleó en Clavijo ni que hubiera combatido al lado del Apóstol Santiago. Sin embargo, hubo una batalla en aquellos lugares, aunque ésta tuvo lugar en el año 859, durante el reinado de Ordoño I: es conocida como batalla de Albelda, librada contra el gobernador de Zaragoza, el “Tercer rey de España”. Ambas localidades riojanas se hallan a tiro de piedra y los arqueólogos ha descubierto numerosos restos óseos, esos a los que Nieves Coscostrina parece tan aficionada: Nerón, San Valentín, Francisco Pizarro…

Si quitamos del podcast las imprecisiones históricas altomedievales, tan frecuentes en los hechos históricos de la época, ¿con qué nos quedamos? Con “El Jueves”, con tendenciosas e insultantes adjetivaciones en las que no falta la voz en off de un segundón que ríe todas las gracias de Nieves; lástima que ésta no hubiera hecho uso de una crítica inteligente, la de “La Codorniz”. Porque, como sabe cualquiera, el motivo de la creación de esta leyenda habría sido, en su tiempo, animar a la población de Iberia a luchar contra los musulmanes, para contrarrestar el espíritu de guerra santa con la que luchaban éstos, que esperaban conseguir el Paraíso como “mata cristianos”.

Conocemos, por la Crónica Najerense, las luchas de Ramiro I contra los árabes, mientras que las crónicas de Abderramán II hablan de campañas moras en Álava; unas y otras tuvieron lugar en tierras riojanas. Fuentes asturleonesas cuentan que Ordoño I cercó la ciudad de Albelda y estableció su base de operaciones en el monte Laturce: en el mismo lugar donde la leyenda sitúa aquella controvertida batalla de Clavijo. Los hallazgos arqueológicos no dejan lugar a dudas: en Albelda se combatió, y mucho, aunque la susodicha batalla no se reflejara en ninguna fuente fiable hasta siglos después. Enrique IV y otros monarcas confirmaron privilegios al Antiguo e Ilustre Solar de Tejada, señorío que se ha mantenido activo hasta la actualidad.

¿Y qué hacemos con los millones de “tontos” que hemos recorrido el Camino de Santiago a lo largo de los siglos?

Me temo que los argumentos esgrimidos por Nieves se han pasado de rosca por excesivamente tendenciosos ¿Será por el efecto de algunas generosas subvenciones recibidas por ciertos medios?

Les recuerdo aquella manida afirmación de otros tiempos: ¡La culpa de lo que pasa en España la tienen los curas! Y cuando alguien preguntaba: ¿por qué?, se escuchaba esta torpe respuesta: ¡No lo sé, pero la tienen los curas! A lo mejor lo de Paracuellos fue tan solo una leyenda…

Me “fruñe” (léase en román paladino) la coincidencia entre los voceros nazis y marxistas, de ayer y de hoy: la propaganda, pagada siempre con la pólvora del rey, claro.

Un apunte más: le hubiera quedado muy culto citar la portada del monasterio riojano de Yuso, donde aparece San Millán, copatrón de España, montado en un caballo blanco y armado con espada flamígera: ¿Clavijo?, ¿Albelda? ¿Y por qué no citar el voto de Fernán González? Recorra a pie el Camino de Santiago, sin ir más lejos desde Roncesvalles, para aprender a respetar a los millones de estúpidos que nos hemos descubierto a nosotros mismos en la soledad del camino o en las bondades del ser humano que hallamos en el mismo camino.

Pena gorda, Edurne Coscostrina cree haber encontrado petróleo en la batalla de Clavijo. Desde pequeño me enseñaron, al menos en dos lugares, las piedras que había pisado el caballo blanco de Santiago y que, según decían entonces, crecían con el paso del tiempo; una de ellas se halla muy cerca del monasterio de Santa María la Real de Nájera y cada vez que recorro esos lugares no dejo de mirar la piedra con curiosidad, eso que nunca me creí tamaña majadería. Neus Coscostrina tendría que haber conocido a fray Pedro, que procedía de una histórica y noble familia francesa de Albi, pariente directo de Toulouse Lautrec, de gran cultura y formación histórica, lego muy anciano, sencillo y caritativo: no era un pérfido y pesetero clérigo; realizaba correrías limosneras para dar de comer a los pobres; yo era entonces monaguillo y más de una vez, sin saberlo, me zampé la merienda del octogenario lego franciscano.

Aunque no venga del todo a cuento, recuerdo lo escrito por Clara Campoamor en 1936, por aquello de la memoria histórica, cuando dos fuerzas extremas se enfrentaron con gran violencia en Asturias: “Continuando la tradición de valor y de resistencia que la historia ha venido atribuyendo a los montañeses desde la Reconquista iniciada por Pelayo, Asturias siempre ha sido para la organización socialista el más fuerte baluarte de las masas”.

En La Sorbona me enseñaron a manejar la crítica sin ofender gratuitamente a nadie, al estilo de “la revista más audaz para el lector más inteligente”; sí, los del “bombín es a bombón, como cojín es a equis, y me importa tres equis que me cierren la edición”.

En esta ocasión, y como no soy clérigo, me he dejado llevar un poco por la indignación al escuchar el podcast. Usted me perdonará, Coscostrina; es inteligente y lo puede hacer mejor.