Después de 15 años, la violencia de género y la violencia doméstica no dejan de crecer. Causas para ello hay muchas. Sean las que sean, el sistema ha fracasado. Miles de millones de euros que no han servido, no ya para frenar y reducir ese crecimiento, sino para haber ido en su día a los síntomas y curado la enfermedad. Pero ocurre, que al haberse partido de un diagnóstico erróneo, falso, que el hombre es un maltratador de mujeres porque es hombre, todo el montaje que le ha seguido no ha servido absolutamente para nada. Bueno, sí, para pagar bien pagás y contar con 2 millones de denuncias, pero a costa de dejar la sociedad española en peor estado que al principio, al haber descosido el tejido social tanta política desigualitaria de género.

     Si todo ese capitalazo que ha llegado de la UE cada año para igualdad, pagando cada denuncia de maltrato por el módulo convenido en euros, pastizal que se ha empleado en justo lo contrario, se hubiese invertido en políticas de igualdad para ambos sexos, en ayudar a las parejas que se divorcian, en formar a las mujeres de cara a una mayor capacitación y promoción profesional, ayudas a las familias monoparentales, subvenciones al alquiler a padres y madres que se divorcian, quitar la custodia a aquellos padres o madres que inoculen el Síndrome de Alienación Parental (SAP) a sus hijos, políticas para prevenir los malos tratos que sufre la Infancia…y así toda una batería de acciones políticas desde la cordura, encaminadas al bien común, a la paz social y a la común unión entre hombres y mujeres, hermanos de sangre en una proyecto de construcción de una sociedad más civilizada, más moderna y más humana.

       Pero millones de inocentas siguen exactamente igual que aquel diciembre de 2004 en que se aprueba la zapatera LIVG. Si ves alguna próximo 8M ahí estará con su banderita morada, su pelo berenjena y la mochila a la espalda, su hija va al lado y de tarde en tarde arroja su muñeca bebé y la pisotea, son la nueva generación de madres feministas, las pisamuñecas. 15 años, una a una, engañadas, burladas…porque ninguna política ha habido para ellas, sólo cuentos, milongas, esas fantasías del hombre malo, de violadores en cada esquina…las tratan como si no hubiesen madurado, como si aún fueran esas lindas y crédulas niñas de Educación Infantil.      

        Lo que nunca debió de haberse hecho en España es montar un negocio del maltrato, una industria del odio y las desdichas personales, una gigantesca maquinaria que sólo funciona a base de denuncias, una trola de consecuencias devastadoras, hasta convertir a decenas de miles de hijos en huérfanos con padres vivientes, empujar al suicidio a un millar de hombre cada año por mor de la jurisprudencia feminista radical, como asistir cada año a la barbarie de decenas de mujeres asesinadas por los asesinos de siempre, a los que tampoco se les dio ningún escape o salida.

      Siendo el divorcio un trance tan vital en la vida de cada persona, en una coyuntura social en la que los divorcios se dan en gran número, es el Poder Ejecutivo el que tiene que dar una respuesta urgente, madura y justa a lo que cada día contempla bajo sus pies: Promover la custodia compartida de los hijos, castigar al progenitor que pretenda dar mala imagen del padre o de la madre a su hijo, facilitar la venta de la vivienda familiar y ayudar en el alquiler por unos años a las familias que se divorcian, volver a los Juzgados de Familia, derribar los Juzgados para Mujeres (de Género), entender que tan violenta puede ser una mujer como un hombre y no hacer de la justicia una injusticia plagada de leyes según sexo, sino leyes para personas.

       Es tan directo, tan sencillo, tan simple gobernar por y para el bien común, que hacer lo que se está haciendo en España, destrozar las vidas de padres, madre e hijos, durante quince años seguidos, no cabe en cabeza alguna por ser algo bárbaro, desquiciado, macabro. Es que uno se para a pensarlo y parece algo irreal, inconcebible, inimaginable, enfermizo.

      ¡Qué clase de gente, Dios de mi vida, nos ha metido y vive de esto!