La situación económica española no puede ser más precaria y calamitosa. 4 millones de personas en ERTEs, de los cuales un 90 por cien acabarán en el desempleo. Cientos de miles de empresas cerradas y otras tantas en procesos irremediables de quiebra inminente. Casi 4 millones de parados oficiales inscritos que son muchos más si sumamos los que están inmersos en ERTEs y que son desempleados de facto. Las estimaciones objetivas de economistas realistas determinan que este año el paro puede llegar al 35 por cien, y la caída económica podría ser de un 20 por cien del PIB.

¿Cómo hemos llegado a la hecatombe ciclópea en que estamos inmersos? ¿Sólo porque el Covid 19 se cruzó en nuestro camino? No sólo por eso. Hemos llegado hasta aquí a causa de las estructuras económicas españolas, débiles, depauperadas y lastradas por el despilfarro político y el endeudamiento.

En 1975 Franco dejó la economía española en perfecto estado de revista. Un 1 por cien de paro, 0 por cien de déficit público, y una mega-crisis internacional (la crisis del Petróleo de 1973) superada, caracterizaban la España saneada que Franco legó a los españoles tras su muerte. Nuestra Nación, gracias al superávit en nuestra balanza comercial con Europa, era fuerte en las exportaciones (alimentos, acero, vehículos, productos agrarios etc), y nos enseñoreábamos como octava potencia económica mundial y novena a nivel industrial. La habilidad del gobierno de Franco para mitigar los efectos de la crisis de 1973, imponiendo control sobre precios y salarios durante un año, y manteniendo una exitosa relación bilateral de amistad con los países árabes exportadores de Petróleo, había logrado que España sorteara en unos meses una dura crisis que estaba hundiendo a todo Occidente salvo a España.

Tras la muerte del Caudillo el gobierno de Suarez hizo una gestión catastrófica de la situación administrativa y económica que devino con la “Transición” y que nos llevó a una dura inflación en 1977, a la vez que se incrementaba el tamaño de la administración estatal, la burocracia y se sentaban las bases para crear las malditas Autonomías. Millones de parados inundaban la geografía española, hecho inédito durante el franquismo: de un 1 por cien de paro en 1975 pasamos a un 13 por cien en 1980. Había una crisis terrible que se había ido de las manos.

Hoy estamos en una situación económica todavía más calamitosa y precaria que la que se produjo tras la muerte de Franco. Las debilidades estructurales de la economía española son la ausencia de una industria nacional poderosa pues ésta fue destruida por el felipismo, así como un abultado despilfarro creciente a lo largo de 40 años de régimen partitocrático centrado en Autonomías, pesebres clientelares, 400 mil cargos políticos y subvenciones repartidas con el fin de instaurar un voto cautivo y rehén de los partidos.

El coronavirus va a destruir definitivamente a un hombre de paja, sin arquitectura ósea, sin esqueleto sostenedor, llamado economía española.

De este duro mazazo sólo podría sacarnos una ambiciosa planificación gubernativa que metiera el bisturí de la cirugía política y económica a un Estado mastodóntico y esclerótico con el que padecemos. Sin duda, ese bisturí del que hablo sería ejercido con mano de hierro y habilidad suficiente por el economista y Catedrático que con más tino y acierto ha torpedeado a la piara de incompetentes e inútiles que en las últimas décadas han mal-gestionado a España. Me refiero a Roberto Centeno.

El primer economista español que descubrió para todos nosotros la relación del virus Covid-19 con el laboratorio biológico de Wuhan cuyo accionista principal es George Soros fue Roberto Centeno, el cual describió a la perfección la situación de crisis económica inminente a que se enfrentaba España así como la realidad dramática de la peste china y su relación con los poderes fácticos y globalistas que quieren avanzar en la gobernanza global para derribar a quiénes les molestan (especialmente Donald Trump)

Centeno se caracterizó por radiografiar a la economía española en momentos especialmente duros donde España era engañada por políticos truhanes y trileros. Rajoy mintió a España en diciembre de 2011 para ganar por mayoría absoluta las elecciones. Era normal que lo hiciera ante la calamidad de Zapatero. Lo hizo alardeando de que reformaría el Estado autonómico y derrochador; sin embargo efectuó la mayor subida de impuestos de la democracia, no bajó ningún impuesto, pidió a Europa un rescate para la banca y aumentó la deuda. Dijo Cristobal Montoro que lo hacían “porque habían sido engañados por ZP y su déficit maquillado”, lo cual es falso porque las CCAA que gobernaba el PP entonces sumaban más déficit del que anunciaba Zapatero. Pocos economistas se lanzaban entonces a la yugular del gobierno del PP, desentrañando sus mentiras y destapando sus traiciones. Roberto Centeno era uno de ellos y no se equivocó en sus predicciones acerca del futuro que le esperaba a la economía española, pues aunque el rajoyismo creó un espejismo de crecimiento y creación de empleo –precario-, sus políticas fueron de tiritas, recortes de derechos, endeudamiento y fomento del despilfarro político.

El patético Rajoy prefirió que se votase la moción de censura socialista que lo derribó en junio de 2018 en vez de dimitir, lo cual hubiera evitado la llegada al poder del profanador Pedro Sánchez y la conformación del Frente popular que hoy nos asola.

Todos los cánceres endémicos de la economía española, centrados en los gobernantes ineptos, la corrupción, la cesión sin tasa de soberanía a entes supranacionales y el estrangulamiento a la clase media española hoy producen sobre España el efecto demoledor que desde 2011 Roberto Centeno viene previendo: una quiebra monumental, un endeudamiento que nos lastra como Nación erigiendo en esclavos a nuestros hijos y nietos, y una liquidación de la clase media que se convertirá en un “precariado”.

El mayor logro del franquismo, la clase media, va a ser arrasada por un social-comunismo criminal que llegó al poder- no conviene olvidarlo-, por la cobardía y traición de Mariano Rajoy, un relativista amoral que abrió en nuestro país la ventana al comunismo chavista podemita potenciándolo mediática y políticamente para debilitar al PSOE y ganar las elecciones con el arma del “voto útil”.

Por su clarividencia, por sus certeros análisis cargados de sinceridad y por su amor a la verdad, Roberto Centeno es un patriota que sería el candidato idóneo para sacar España del sumidero caótico en que va a incurrir tras 40 años de dejaciones e irresponsabilidades hoy amplificadas por el gobierno social-comunista.

Lo mejor que le podría suceder a España en estos momentos sería el fin inminente de este gobierno macabro social-comunista y su sustitución, como propone Vox, por un ejecutivo extraordinario de expertos para capear una crisis cuyas dimensiones técnicas, sanitarias y económicas deben ser abordadas por personas rigurosas, integras y eminentemente válidas. Tengo por seguro que el mejor candidato para dirigir el área de Economía y Hacienda de ese hipotético gobierno sería Roberto Centeno.