Entrevista con Vytautas Sinica, politólogo y vicepresidente del partido Alianza Nacional (Nacionalinis Susivienijimas).

La primera vuelta de las elecciones lituanas ha dado como ganador a la Unión de Agricultores y Verdes frente a la conservadora Unión de la Patria (cristianodemócratas). ¿Van a cambiar algo estas elecciones?

Hasta los resultados de la segunda vuelta de las elecciones hay absolutamente un 50/50 de posibilidades de que tanto la Unión de la Patria como la Unión de Agricultores y Verdes sean los ganadores. Hay un cambio favorable a la Unión de la Patria en la opinión pública y sus resultados en las elecciones proporcionales son los mayores en más de 20 años (Lituania tiene un sistema electoral mixto, la mitad del parlamento es elegido mediante una lista a nivel nacional y la otra mitad en una elección en un sistema de dos vueltas). Por otro lado, es habitual que los demás partidos se posicionen en su contra y apoyen al otro candidato, por lo que la Unión de la Patria suele perder circunscripciones en la segunda vuelta de las elecciones. Está por ver si este cambio favorable es suficiente para desafiar a esa tendencia. Es muy posible que ambos partidos acaben teniendo alrededor de 40 escaños y ninguna ventaja clara.

Su partido, fundado este mismo año, no ha logrado entrar en el Seimas (parlamento). Sin embargo, en Letonia y Estonia los partidos nacionalistas son fuertes y forman parte del gobierno. ¿Por qué no ocurre lo mismo en Lituania? ¿Cree que esta situación cambiará en un futuro próximo?

Lituania sigue siendo probablemente el último país de la UE sin representación nacionalista en el parlamento. Los estudios demuestran que para que esos partidos ganen popularidad, el país debe tener inmigración masiva o minorías nacionales locales que causen problemas de integración. Algunos países, como Polonia, son una excepción y los partidos de derecha logran presentar el problema sin experimentarlo realmente. Lituania es el único estado báltico sin una gran minoría rusa problemática. Tenemos algunos problemas de integración con la minoría polaca, pero no hay comparación en el alcance del asunto. Además, durante mucho tiempo, los partidos Unión de la Patria (favorable a la UE e incluso federalista, y muy contrario al Kremlin) y “Orden y Justicia” (contrario a la UE y bastante favorable al Kremlin) lograron presentarse como nacionalistas sin serlo. Mientras tanto, los partidos nacionalistas reales fueron débiles durante décadas, sin líderes carismáticos, organización establecida y planificación política profesional. Este año ha habido al menos otros tres partidos que se han presentado como católicos o nacional-conservadores. Dos de ellos obtuvieron menos del 1% y el tercero un 2,28%, pero contando con una financiación considerable y un diputado (obtuvieron 6% en las elecciones de 2016 aunque antes no se identificaban como nacionalistas). Así que sigue habiendo una enorme fragmentación de la derecha nacional en Lituania. No obstante, creo que todos esos partidos desaparecerán para el próximo ciclo electoral. Entretanto, creamos un partido esta primavera y nos precipitamos en estas elecciones sin tiempo ni la preparación adecuada, sin que el público conociese nuestro nombre. La decisión de participar fue sobre todo debida a la necesidad de mostrar un pensamiento político alternativo. En tales circunstancias, entrar en el Parlamento habría sido una sorpresa.

En un artículo reciente describía el sistema electoral lituano como una fachada de democracia. ¿A qué se refiere?

En resumen, tenemos un sistema electoral democrático en sus principios, pero en los detalles todo está estructurado de manera que favorece a los partidos que ya están en el parlamento. En primer lugar, obtienen financiación pública (lo que es bastante habitual, pero no un principio justo), mientras que la financiación privada es muy difícil y está muy restringida en Lituania (algo que no es tan habitual). En segundo lugar, se les permite acordar debates solo entre ellos durante la campaña y, en mi opinión, es indignante. En tercer lugar, el Comité Electoral Nacional y los Comités Electorales de Circunscripción están formados únicamente por representantes de los partidos parlamentarios, que también reciben un sueldo por el trabajo y toman decisiones sobre las reglas electorales. Por ejemplo, este año reconocieron como justa la decisión de la televisión nacional de emparejar a los oponentes de debate por sus calificaciones en una encuesta de opinión en línea. Cuarto, cualquier comentario público en los medios de comunicación de los candidatos parlamentarios se considera normal, pero los comentarios públicos en los medios de comunicación de los candidatos que no son miembros del parlamento se consideran publicidad oculta. La lista podría continuar, pero el punto principal es que todo se lleva a cabo de una manera que sea más difícil para los partidos no parlamentarios.

Estas elecciones se están celebrado bajo la sombra del Covid-19. ¿Cuál es la situación en Lituania con la pandemia?

En primavera Lituania fue uno de los primeros países en declarar el estado de cuarentena y se contuvo claramente la propagación del virus. Compramos suministros médicos, pero no a través de la Comisión Europea, y resultó ser una buena apuesta. En los números, Lituania tuvo uno de los mejores registros del mundo. La población mostró y todavía muestra un fuerte apoyo a las acciones de este tipo y se toma el Covid-19 como un asunto serio en general. Esto también ayudó al partido gobernante en las elecciones. Todo esto permitió que el país tuviera “medidas Covid-19” más liberales desde finales de junio hasta ahora. Pero ahora el número de infectados se está disparando y el primer ministro habla de “pausar la vida pública de nuevo”. Los medios de comunicación preparan a la sociedad a ese fin con entrevistas con médicos favorables a la cuarentena. Pero la sociedad está cansada y el asunto será ahora mucho más discutido que en primavera.

Conozco los países bálticos y he visitado varias veces Lituania. Hace dos años, me sorprendió encontrar un paso de cebra pintado con los colores LGBT junto al casco histórico de Vilnius. ¿Hasta que punto está extendida en Lituania la ideología de género? 

La sociedad es muy conservadora en los temas familiares (aunque no en el aborto) y un 70-80% por ciento de la población es contraria a las parejas del mismo sexo y aún más al “matrimonio entre personas del mismo sexo”, incluso un 60% considera que los desfiles del Orgullo van “contra la moral pública”. Sin embargo, la sociedad también es muy pasiva en cuestiones públicas. Cualquier ley desfavorable puede ser aprobada sin que haya protestas. Además, sigue siendo una sociedad con “valores de supervivencia” modernos, usando los términos de Ronald Inglehart. La gente se preocupa y vota por cuestiones mayoritariamente económicas. Así que la agenda LGBT es algo silenciosamente despreciado en la sociedad, aunque al mismo tiempo, el nuevo Partido de la Libertad, con una agenda de ideología de género muy radical, ha sacado el 9% de los votos e incluso un 5% en las zonas rurales muy conservadoras. Puedo decir por experiencia personal que incluso en la capital muchos jóvenes no conocían y no apoyaban su postura sobre las cuestiones LGBT, sino que votaron por ellos solo por esa tendencia juvenil “contra las prohibiciones”, porque el gobierno de turno es generalmente asociado con las prohibiciones y despreciado por ello. Todavía no está claro, pero los sorprendentes resultados del Partido de la Libertad podrían significar que finalmente comienza a surgir una nueva escisión electoral en Lituania y, si es así, definitivamente habrá una polarización de la política de partidos lituana que se ha vuelto extremadamente centrista (a pesar de las retóricas combativas) durante la última década. Y esto también significaría una relevancia para un partido nacionalista fuerte y moderno.

Lituania se ha aliado con Polonia en la línea más dura de la Unión Europea contra el régimen de Lukashenko. ¿Qué opina de la situación en Bielorrusia?

Lituania ha intentado tener un papel importante en la caída del régimen de Lukashenko. Si bien los manifestantes en Bielorrusia tienen razón al estar insatisfechos y tienen todo el derecho a protestar, y como cualquier nacionalista apoyo esa voluntad, como politólogo veo que no hay líderes proeuropeos en la oposición y, en realidad, ningún líder lo suficientemente fuerte con una agenda sobre qué hacer después de la transición a la democracia. Todos los líderes de la oposición están más o menos a favor de la ocupación de Crimea y de la geopolítica de Putin. Así que las consecuencias prácticas de las protestas probablemente favorecerán a Moscú: o pueden presionar más a Lukashenko y exigir más concesiones de la soberanía bielorrusa, o el sucesor elegido democráticamente será un blanco fácil para que Moscú haga sus demandas. Muy tristemente, Bielorrusia, debido a la falta de una alternativa preparada, tiene ahora una elección entre democracia y soberanía. Como todos sabemos, no puede haber la primera sin la última.

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