Un militar del ejército de Franco

Entrevistamos al coronel de infantería, en situación de retiro por edad, Lorenzo Fernández Navarro de los Paños perteneciente a la XXX promoción de la AGM. La última que tiene sus despachos de oficial firmados por Franco, como a él le gusta recordar con orgullo.

¿Se considera usted un militar franquista?

No me gusta el término franquista, porque los enemigos de Franco -que son los enemigos de España como ya nos advirtió en su mensaje póstumo- lo utilizan con intención peyorativa. Por eso yo digo que soy un militar del ejército de Franco.

¿Quiere decir con ello que no se considera un militar del ejército actual?

Lo fui hasta que al promulgarse la ley 52/2007 se puso a la figura de Franco, su obra y su régimen fuera de la ley. Yo he jurado fidelidad a la Bandera el 15 de diciembre de 1971 y puedo repetirle unas palabras que llevo grabadas en el alma hasta que Dios disponga el final de mis días.

¡Cadetes! ¿Juráis a Dios y prometéis a España, besando con unción su Bandera, obedecer y respetar siempre a vuestros jefes, no abandonarlos nunca y derramar, si es preciso, en defensa del honor e independencia de la Patria y del orden dentro de ella, hasta la última gota de vuestra sangre?

Así pues, al gritar ¡¡¡sí lo juro!!! además de obedecer y respetar a Franco, que era el primero de mis jefes, juré ante Dios y prometí a España no abandonarle nunca. Y nunca es, nunca. Ni vivo ni muerto.

Pero además, al jurar la defensa del orden dentro de ella, estaba jurando el orden institucional representado por la Constitución de 1966, que había sido aprobada en referéndum por el pueblo español y que compendiaba las leyes Fundamentales del Reino y los Principios del Movimiento Nacional. Como nos quiso recordar nuestro general director Antonio Balcázar Rubio de la Torre en la orla de la promoción.

¿Y no ha jurado después la Constitución de 1978

No. No la he jurado ni la juraré, porque los juramentos obligan de por vida y el jurar la Constitución de 1978 me hubiera obligado a perjurar. Piense que tras promulgarse la vigente Constitución de 1978 se pensó en obligar a todos los militares a prestarle juramento de fidelidad, pero con acertado criterio se desistió de ello. Hubiera supuesto un enorme problema si muchos mandos se hubieran negado aduciendo lo que acabo de decirle.

Por otro lado la historia enseñaba que el haber obligado a prestar juramento a una República, que declaraba réprobo y fuera de la ley a Alfonso XIII, a los militares que previamente habían jurado lealtad al Rey, cuando llegó el momento de poco o nada sirvió. Pero además había otra razón que desaconsejaba el obligar a los militares del ejército de Franco a jurar la constitución de 1978. Pues como dice el genial Vizcaíno Casas en su libro Las Autonosuyas cuando el alcalde de Bollullos del Condado considera la posibilidad de obligar al cabo y cuatro números de la policía local a jurar la constitución que ha promulgado para su municipio, al final desiste, aduciendo una razón de peso: Porque en España, después de 1975, los juramentos no sirven para nada.

¿Entonces nunca se ha visto obligado a jurar la vigente Constitución?

Gracias a Dios no.

Si se hubiera visto obligado a hacerlo ¿lo habría hecho?

Mire, no habiéndose dado el caso, es tan absurdo y fatuo decir que no la hubiera jurado como afirmar que si lo habría hecho. Pero en todo caso, de haberme visto obligado a jurar la Constitución para no ser expulsado del ejército, la habría jurado pero con una reserva mental: juro la Constitución como S.M. Juan Carlos I juró las Leyes Fundamentales del Reino y Principios del Movimiento Nacional. Pero ese juramento me hubiera supuesto un gravísimo daño moral, porque S.M el hoy Rey emérito es un Borbón, pero yo soy un hidalgo español. Y volvemos a lo dicho anteriormente, la obligación del juramento habría creado graves problemas y no habría solucionado nada.

Pero muchos compañeros suyos han jurado la Constitución ¿Qué opina de ello?

Que respeto absolutamente su decisión, como sin duda ellos respetan la mía. No sé a partir de cuando se empezó a exigir el juramento a la Constitución de 1978 para ocupar determinados puestos, como es el mando de un regimiento. Y siendo el mando de un regimiento del arma, la máxima aspiración e ilusión para un coronel, de haberme encontrado en esa tesitura hubiera tenido el grave problema moral ya apuntado. Pero Dios misericordioso no permitió que me hallara en el trance de tener que elegir entre mi fidelidad al juramento empeñado en 1971 y el nuevo juramento que me vería obligado a prestar. Dicotomía además de imposible resolución moral a partir de la promulgación de la infame Ley 52/2007 que, sancionada de su real mano por S.M. Juan Carlos I, ha puesto a Franco y a su Régimen fuera de la ley.

Pero como antes he dicho, Dios en su infinita misericordia no permitió que me hallara en la disyuntiva de tener que jurar la Constitución para tomar el mando de un regimiento. Sin duda esta benevolencia Divina se debió a la devoción con que todas las noches rezo el Padre Nuestro con su petición final: Y no nos dejes caer en la tentación.

¿Cree usted entonces, que para muchos militares, jurar cumplir y hacer cumplir la Constitución de 1978 les ha supuesto un daño moral, por utilizar sus propias palabras?

Pues no lo se. Pero supongo que todos aquellos que juraron bandera antes de 1975, con lo que ello significaba de lealtad al Caudillo y compromiso de defender la España Una Grande y Libre hasta derramar la última gota de sangre, se vieron en la disyuntiva de de ser fieles a ese juramento o cumplir la petición de Franco en su mensaje póstumo: Rodear al futuro Rey de España del mismo afecto y lealtad que a mi me habéis brindado. Pero a partir de la entrada en vigor de la nefanda Ley 52/2007 en la que se persigue al Caudillo y se pone fuera de la ley a su Régimen, se habrán tenido que decantar por una de las dos obligaciones. En mi caso yo no lo he dudado y opto por ser fiel a mi único juramento. El que presté en 1971 a la Constitución de 1966 que consagraba a España como Una, Grande y Libre.

Permita que vuelva sobre su afirmación implícita de que S.M. el Rey Juan Carlos I perjuró ¿no es más cierto que la transformación política que alumbró la Constitución de 1978 se produjo de la ley a la ley?

No estamos dilucidando si la Transición fue legal o no, sino si su Majestad perjuró o no perjuró. Su Alteza Real el Príncipe Juan Carlos había jurado, y por tres veces (número de resonancias bíblicas) las Leyes Fundamentales del Reino y los Principios del Movimiento Nacional; En su Jura de Bandera, al ser proclamado sucesor de Franco a título de Rey y al asumir la Jefatura del Estado tras la muerte de Franco. Concretamente en este último caso, juró solemnemente ante los representantes del pueblo español, cumplir y hacer cumplir las Leyes Fundamentales del Reino y guardar lealtad a los Principios del Movimiento Nacional. Pero luego buscó el “asesoramiento técnico” de Torcuato Fernández Miranda para poder incumplir lo que había jurado. Y ahora soy yo el que le pregunta ¿cumplió e hizo cumplir las Leyes Fundamentales del Reino y fue leal a los Principios del Movimiento Nacional? ¿o hizo cuanto estaba en su mano para derogar la legalidad que había jurado? ¿perjuró o no perjuró? Le recomiendo que busque en internet y vea ese momento histórico, comprobando la cara de angustia de S.M. el Rey tras prestar el juramento y haber escuchado las palabras de quien se lo había tomado: Si así lo hiciereis, que Dios os lo premie, y sino, os lo demande. Esa cara de infinita tristeza denota que era muy consciente de haber jurado en falso.

Pero sentado ya el perjurio, volvamos a la supuesta legalidad que subyace detrás de la mil veces repetida afirmación de que la transformación política tuvo lugar “de la ley a la ley” Esa transformación debía sustentarse en la Ley para la Reforma Política aprobada en referéndum por el pueblo español, que excluía de forma expresa un proceso constituyente. No era pues una reforma como pedía el pueblo español, sino ruptura como exigían las exiguas -pero poderosas, merced al apoyo financiero internacional- fuerzas antifranquistas. El resultado fue que en lugar de una “transición a la democracia” tuvo lugar una “transacción” ya que la esencia de la transformación política fue la venta de la España Una, Grande y Libre a sus enemigos, a cambio de que no cuestionaran la Corona: Hoy la cuestionan, porque “Roma traditóribus non redere”

Cambiando de tercio; para documentarme antes de realizar esta entrevista, he indagado en su trayectoria profesional y he podido saber que tiene alguna mancha en su hoja de servicios, ¿le molesta que le pregunte por ello?

No. En absoluto. Pregunte lo que quiera. Pero ya le adelanto que no las considero manchas, sino cicatrices de heridas recibidas en combate.

Pues concedido ya su permiso, espero que mis preguntas no las considere impertinentes ¿cuántas veces ha sido sancionado?

Dos. Y ninguna ha sido por llevarme la caja del regimiento (ríe) ni por negligencia en el cumplimiento de mis obligaciones y menos por cobardía al frente del enemigo. Efectivamente tengo dos sanciones disciplinarias… y también multitud de felicitaciones anotadas en la hoja de servicios a lo largo de mis cuarenta años de servicio y quince destinos, entre los que se encuentra la Agrupación de Tropas Nómadas del Sahara Español, las compañías de operaciones especiales 91 y 81 en Granada y Orense el CIR 11 en Vitoria la compañía de Policía Militar 81 en la Coruña, el Regimiento de Infantería Córdoba Nº10 en Granada, el Regimiento de Infantería Aerotransportable Isabel la Católica en Pontevedra y el Grupo de Operaciones Especiales La Victoria VI.

¿Se puede saber el motivo de los arrestos?

Como preconizan las Ordenanzas: Por tomar las decisiones más propias de mi honor y espíritu.

¿Puede ser más explícito?

Ningún inconveniente para ello. La primera fue siendo capitán en La Coruña, por intervenir al mando de mi compañía de Policía Militar en una manifestación, teóricamente anti OTAN, en la que se iba injuriando al ejército y mofándose de los militares, vociferando frases tales como; militares cabrones, comeros los neutrones, ejército cabrones, tocarnos los cojones, chu, chu, pajaritos a volar militares a cagar (con escenificación y “aleteo de codos” incluido) Pero cuando empezaron a vociferar; aquí sin galones, no tenéis cojones, sin estrellas ni galones, no tenéis cojones, decidí que era “to much for body” y las palabras eternas que anunciaron el paso del Rubicón pudieron traducirse libremente así: os voy a dar “hos” hasta que cantéis el miserere… y por sus pecados, tal permitió Dios.

Es preciso decir que entre los energúmenos que proferían tales “florecillas” había soldados de paisano, por lo que con la normativa vigente la intervención de la Policía Militar para detenerlos e identificarlos estaba justificada. Aunque lógicamente los paisanos que trataron de impedirlo también se llevaron lo suyo. Por su parte la Fuerza de Orden Público no había aparecido porque la orden del Gobernador Civil era que no intervinieran mientras no se alterara el orden público, es decir, rotura de escaparates y mobiliario urbano. Y al parecer las injurias al ejército no alteraban el orden público. Era el 29 de noviembre de 1981, ocho meses después del 23F y la izquierda estaba tan crecida como la autoridad militar achantada. Cuando poco después el PSOE llegó al poder, cambió la cosa. Pues “al coger cacho” pronto sujetó a sus rehalas.

El caso es que se me impuso un correctivo de tres meses de privación de libertad en un establecimiento disciplinario militar con pérdida del destino. El Mando consideró que me había excedido en mis atribuciones y me sancionó por ello. Nada que objetar: el que manda, manda, y cartucho al cañón. No obstante por los mismos hechos un año antes hubiera sido felicitado. En cualquier caso ante aquellos insultos opté por tomar la decisión más propia de mi honor y espíritu. Y me va a disculpar usted una expresión soez: pero como ya le he dicho, soy un militar del ejército de Franco, y no se me pueden tocar impunemente los cojones.

Me deja sorprendido ¿quiere decir que a los militares de la democracia si se les pueden tocar?

Mire, yo quiero decir lo que digo y digo lo que quiero decir. Si tiene usted esa duda, debe preguntárselo a alguno de ellos. Pero desde luego, si un capitán al frente de sus hombres consiente con mansedumbre esas ofensas, ni está capacitado para el mando de su unidad en combate, ni merece que sus soldados estén dispuestos a obedecerle. Habrá perdido el ascendiente en que se basan las dotes de mando.

Perdone que insista, ¿entonces piensa usted que hay militares del ejército de Franco y militares del ejército de la democracia? Yo pensaba que todos los militares eran del ejército de España.

Tiene usted toda la razón. Pero los militares de la España de Franco garantizábamos con mucha mayor eficacia la unidad, honor, independencia e integridad de España que los militares de la democracia. Y no porque fuéramos mejores que los compañeros que nos han hecho el “relevo generacional” sino porque así lo propiciaba el Régimen de una España en la que ya el lema de su escudo proclamaba que era Una, Grande y libre.

Dijo que había tenido dos sanciones disciplinarias ¿cuál es la segunda?

Siendo ya coronel, a raíz de la entrada en vigor la infame ley 52/2007 “de la revancha histórica” elevé al Mando, por conducto reglamentario -es decir, por el procedimiento reglado que establece la disciplina para hacerlo- un informe reservado en el que advertía de lo que suponía la ley 52/2007 y cuales serían sus consecuencias. El informe, a pesar de ser un documento clasificado y como tal dirigido exclusivamente al Mando, fue filtrado a la prensa desde el propio Cuartel General del Ejército -o el Ministerio de Defensa- para agitar un supuesto “ruido de sables” con carácter previo a las elecciones generales del 9 de marzo del 2008. Recuerde la confidencia de Zapatero a Iñaki Gabilondo, que un indiscreto micrófono abierto hizo pública, según la cual al Gobierno le interesaba que hubiera tensión con vista a los comicios.

Se entiende la delictiva filtración -constituía un delito de revelación de secretos oficiales que obviamente quedó impune- si se tiene en cuenta que el JEMAD era en la fecha el teniente general Julio Rodríguez, el hoy asistente o “machaca” de Pablo Iglesias. Por lo demás lo que yo exponía en el informe reservado ha resultado profético. La Ley 52/2007 de la revancha histórica ha destruido el edificio constitucional de 1978 al haber dinamitado los cimientos sobre los que se asentaba.

Para concluir; ¿sabe usted que si sale adelante la Ley de la Memoria Democrática su defensa de Franco le puede costar el tener que sentarse en el banquillo de los acusados?

Por supuesto que lo sé. Y el ponerme fuera de la ley será peligroso para mi y para el Sistema. Recuerde lo que dijo el general Gutiérrez Mellado, un icono para la izquierda: el futuro de la democracia pasa por el respeto a la figura de Franco. La promulgación de la abyecta “memoria histórica” me puso fuera de la ley y la profanación del sepulcro del Caudillo me ha llevado a jurar odio eterno a este Gobierno, como juró Aníbal odio eterno a los romanos. Por eso quise estar a la puerta del Valle de los Caídos mientras tenía lugar la infamia, y he declarado la guerra a los enemigos de Franco y a quienes son responsables de haber destruido su obra, mancillado su memoria y profanado su sepulcro.

Piense además que el objetivo de la Ley de Memoria Democrática que está en trámite es la expulsión de S.M. el Rey Felipe VI para proclamar la tercera república, y que el procedimiento empleado es el mismo que condujo a la ilegal proclamación de la Segunda. Si bien ahora, aprendida la lección histórica, no se ha pretendido lograrlo en unos cuantos meses a partir de 1975, sino en dos generaciones (50 años) tiempo necesario para el adoctrinamiento de la población y la emasculación del ejército.

Pero volviendo a lo que me plantea en su última pregunta, le diré que si mi fidelidad a Franco y a mi juramento, llegara a sentarme en el banquillo de los acusados, aprovecharé el preceptivo derecho a una última declaración antes de que se dicte la sentencia, para decir con voz clara y audible: ¡¡¡Viva Franco!!! ¡¡¡Arriba España!!!

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