La transacción se puede entender como un contrato. El artículo 1809 del Código Civil establece que “La transacción es un contrato por el cual las partes, dando, prometiendo o reteniendo cada una alguna cosa, evitan la provocación de un pleito o ponen término al que había comenzado”. Además hay que tener presente que el artículo 1816 de la misma norma indica que “La transacción tiene para las partes la autoridad de la cosa juzgada; pero no procederá la vía de apremio sino tratándose del cumplimiento de la transacción judicial”, aunque, según la Sentencia del Tribunal Supremo 199/2010, la eficacia de cosa juzgada de la transacción no es equiparable a la propia de las sentencias firmes y no impide instar su nulidad en juicio declarativo.

 

Es cierto que la transacción se configura en la legislación como un mecanismo autocompositivo de resolución de conflictos que sirve para evitar un proceso ya iniciado o para finalizar el existente. En la actualidad tiene una gran utilidad práctica, aunque es cierto que se podría fomentar su producción en mayor medida.

 

Precisamente resulta necesaria, en el presente momento, una transacción electoral celebrada por los principales partidos políticos. La misma se podría entender como un contrato o acuerdo por virtud del cual las formaciones políticas lograran evitar unas nuevas elecciones generales comprometiéndose a dar, hacer o renunciar a alguna cosa.

 

El problema está en los conceptos. Es esencial que los líderes políticos se encarguen de llegar a un acuerdo para evitar un nuevo proceso electoral general, pero ninguno desea dar o hacer alguna cosa o renunciar parcialmente a sus pretensiones.


Todos los encargados de garantizar la formación de un nuevo Gobierno no dejan de hablar de la necesidad de lograr pactos. Sin embargo, ninguno colabora ciertamente y, por lo que puede observarse, todos asumen que la culpa es de los demás, como si se estuviera hablando de una cuestión controvertida en el patio de un colegio.

Lo intereses particulares y el excesivo sometimiento a los mismos de los sujetos dependientes de los principales dirigentes está provocando demostraciones de incoherencia política y de irresponsabilidad en todas las formaciones políticas.

 

Que todo dependa de un acuerdo entre líderes políticos como los actuales no es una buena noticia. Parece que, por el momento, evitar unas terceras elecciones generales resulta imposible.