La sociedad se encuentra acorralada, asustada y enferma. A la deriva y sin patrón, o en todo caso con un timonel en tierra tumbado a la bartola, en hamaca y a verlas venir. Un director de orquesta a salvo, escuchando la Traviata de Verdi a bordo de Falcón, con una legión de escolta de élite, equipo médico, que si son expertos, servidumbre a su antojo, subordinados 'a la orden', servicios al son de campana, ejércitos a toque de Diana y... colchón nuevo. Ah, con mascarilla de calidad y de lujo, sobre todo por qué luce la bandera de España, que es de todos/as, y con ello nos identificamos.  

El pintor de mi pueblo no. Este a las 3 de la tarde, con 42 grados al sol, un  casco que no protege, por qué se lo han dado grande y se le escora, a las 8 de la mañana ya está dando brochazos. Se encarama a un andamio a 25 metros de altura, cerca del mástil de la bandera del edificio, con vaivén propulsado por el viento de levante, un bocata de mortadela en la mochila y, eso sí, con su mascarilla de 0'95 euros, porque es preceptivo y está expuesto a contagiarse, o por seguridad hacia los demás (los angelitos), y además, para más inri, puede aparecer el guardia municipal de turno y le puede hacer bajar. La multa puede oscilar entre los 100 euros, 300 o 720, ya que no está muy claro si vale más sorprenderle sin el tapaboca arriba o abajo, a más metros o menos, sentado, caminando o trabajando. Es un ejemplo, hay más 'anécdotas' descerebradas que nos llevan a la ficción, el desaliento y la incredulidad de los caprichos y existencia de este virus. Un 'cachondo' que va de discotecas, de bares y de fiestas, aunque nunca visita las alturas, ni los de edificios a restaurar y menos la aeronave presidencial, que por cierto, un avión que costea la nómina de mi amigo, el pintor de brocha gorda.  

47 millones de personas 'atacá' de miedo, las televisiones subsidiadas atiborran de noticias que acojona al más lúcido y comentarios que asustan a los más valientes. Producen una psicosis brutal entre la población que desemboca en lo peor que le puede ocurrir al ser humano, que es enfrentarse a lo desconocido, sin horizonte ni brújula, en medio de la oscuridad sin una chispa de luz que permita ver el final del túnel. Nos miramos de reojo, caminamos como zombis y nos sentimos veletas en manos de un vendaval.

Si la política que protagonizan nuestros 'politólogos' es mentira, su propósito la confusión y la idea es enredar a la gente, los ingredientes están servidos para la peor incertidumbre, caos empresarial y una España que no sale de la somnolencia, resignación y permisividad, que va directa a la ruina. La hipersomnia se diagnóstica en base al nivel de estrés, angustia, ansiedad, depresión o/y aburrimiento del paciente. Nuestros gobernantes son los mejores inductores para crear el trastorno del sueño. Recuerde que comenzó Sánchez, dejando el diagnóstico 'claro'. Unos pronósticos con mensajes subliminales, que tranquilizaron a los votantes socialistas y a los que ni fueron al colegio electoral poco después.  

Sobre los comunistas bolivarianos del desertor de Vallecas, y ahora vecino emérito del 'cortijo' de Galapar, dijo Pedro: 'Un pacto con Podemos no me dejaría dormir, cómo al 95 % de los españoles'. Asimismo apuntaba maneras cuando dijo 'no dormiría con ministros inexpertos de Podemos'. Toda unas declaraciones para no pegar ojos, pero no él, sino toda España, incluidos los de Podemos, que ya tendrán que vérselas con la justicia, mientras el rácano y avaro de Sánchez se frota las manos, se relame la lengua y dejará 'al toro a la suerte del caballo'. La pica destronadora bajará los humos polvorientos de su sombra, quedará cómo auténtico emperador y el pueblo le gritará ' ¡¡ Ave, César!! '

No, aún queda. Solo es la interpretación de uno de los sueños de Pedro Sánchez. Aunque a veces la realidad supera la ficción, machaca la historia y la genera gente que, desde su nacimiento, ya se ven en el Coliseo del Coloso de Nerón. La Historia nos recuerda algunos. El ansia de poder, el mando único y el control social son consignas mentales que martillean el cerebro de estos personajes, que cómo dice la psicóloga Abigail Rodríguez respecto a Sánchez, en su vídeo que rula por Internet; 'es un psicópata, mentiroso, peligroso y amoral'. También opina que 'el mundo no cuenta para él' y sus roles van dirigidos a obtener éxito y poder.  

Con estos bueyes aramos el barbecho de la inoperancia los españoles. Los mejores ciudadanos, más disciplinados y cumplidores de leyes, normas e ideas que aparecen de la noche a la mañana. Muchas son ocurrencias de barra a las 3 de la madrugada de la mayor lumbrera de nuestros políticos, que son muchos. Sobran el 75 % y unos pocos más son ineptos, y hasta creadores de problemas que luego empeoran cuando pretenden solventarlos.  

España está en pie de 'guerra'. Y si todavía no lo está lo va a estar. Sin utilizar demasiadas estadísticas, y si cómo observador público de la realidad, basta solo saber que la economía se enfrenta a la salud y al revés. No hay peor binomio. Nos amenazan de morir del Covid o de hambre. Ante esta dramática disyuntiva, nuestra defensa no puede ser solo un trozo de tela en la cara, dispersarnos y esconder la cabeza como el avestruz. No podemos rehuir nuestras responsabilidades, pero también debemos exigir a las supuestas 'autoridades' las suyas, con escrúpulo, contundencia y firmeza. Estos no representan al pueblo. Imposible proteger dando palos, manipulando, mintiendo y utilizando a la población exclusivamente para intereses propios. De ninguna manera debemos permitir más descalabros, mentiras y robo de vida a los españoles.

¡Ave, César!, los que vamos a morir te decimos, basta ya.