Un año más por estas misma fechas navideñas, nos vemos obligados a recordar el día en que se perdió la Presunción de Inocencia en caso de ser varón, padre de familia y divorciado. Un año más, nos vemos obligados a recordar, en esta caso, el decimotercero aniversario de la sádica ley contra la mal llamada violencia de género.

 

Como siempre por estas fechas, nos vemos obligados a reivindicar los derechos más básicos de cualquier ser humano, de los que incluso Felipe VI parece haberse olvidado por completo.

 

Las personas divorciadas nunca hemos estado bien vistas en la sociedad. Es más que evidente que no nos dejan ser independientes como personas, así que mucho menos nos van a dar facilidades a la hora de divorciarnos/separarnos y no digamos de poner las condiciones que, como seres humanos, tenemos derecho a poner. Nuestra fue la decisión de formar una familia, nosotros fuimos quienes decidimos poner punto final a la relación de pareja, sin embargo, los poderes públicos y judiciales nos impiden tomar decisiones para el resto de familia que dependen por igual de uno u otro miembro de la pareja rota: los hijos.

 

El Día de los Inocentes se conmemora la muerte de los niños menores de dos años a manos de Herodes. Una fecha muy propicia para destruir las vidas de los niños hijos de padres separados