Ante la evidencia de fraude electoral en el 14-F, haría bien VOX en cerciorarse del buen funcionamiento del engranaje primario de la democracia, entrevistándose con la Plataforma Elecciones Transparentes que denuncia graves alteraciones; una vez más. 
 

El factor psicológico y emocional es predominante cuando un delincuente los aprovecha para abusar de sus víctimas mediante la estafa. A vueltas con el fraude de las elecciones catalanas los más perjudicados han sido los constitucionalistas, más allá de la abstención, por los muchos métodos de engaño que han cocinado los independentistas con mediación del desgobierno criminal que ha secuestrado España. Comprendo la previsible concepción de los términos cuando se da por hecho la normalidad institucional, pero lo cierto es que las anomalías de sospecha se juntaron con la certeza de un velado golpe de Estado, por método de implosion, perpetrado con previas mentiras en el Congreso y los pucherazos a nivel nacional. Por ello, crecidos en la confianza de que el método de estafa es inapreciable para los complacientes partidos que dan por buena la lid democrática, es ese factor emocional de apariencia triunfante y el psicológico de la victoria los que han permitido las irregularidades dejando con los resultados precocinados a un VOX satisfecho y conformado, cuando podría haber obtenido el doble de escaños repartidos entre el golpista nacional sanchismo y el golpismo independentista repartidos a su vez entre distintas formaciones, cómplices de las intenciones desintegradoras de Pedro Sánchez. 

 
Por tanto el triunfalismo en las filas de Santiago Abascal, incluso con la heroicidad que representa en el territorio comanche de la demagogia ultra, debería someterse a revisión y en la misma proporcionalidad que la artificiosa y manipulada victoria del PSC unificada con un reparto equitativo del desenfreno catalanista. 
 
Atufa a preacuerdo entre bambalinas la maniobra del exministro de Sanidad, con una nefasta gestión sospechosa, con todas las letras, de genocidio, de la presentación de la candidatura en una Cataluña propensa a cesiones independentistas, para seguir con una hoja de ruta monclovita similar al del independentismo vasco cuando ETA asesinaba. Apesta a crimen reiterado, a matanza y al mismo desprecio demoníaco por las vidas de quienes han sufrido a ETA y a Pedro Sánchez en sus más trágicas entrañas. Porque, hoy por hoy, Pedro Sánchez e Iglesias son a ETA como al independentismo catalán las mismas fuerzas contrapuestas a la supervivencia de España, controlados los efectos y las impunes consecuencias del fraude electoral repetitivo e incontrolado por los mismos que bendicen una victoria de VOX, psicológica y emocionalmente calibrada, para que el conformismo solape la realidad de estafa usada por Sánchez con la inestimable ayuda de sus contendientes. 
 
Haría bien VOX en informarse sobre  por qué una plataforma que vela por las garantías democráticas en los comicios de España, afirma taxativamente que el 14-F fue un fraude electoral premeditado. Así asegurarse de que los elementales derechos de los ciudadanos no serán vulnerados en sucesivas citas donde está en juego el futuro de España. 
 
Ignacio Fernández Candela