La excesiva especialización en género a la que se está obligando al conjunto de jueces del país está convirtiendo los Juzgados de Género o Juzgados para Mujeres en picadoras de parejas y matrimonios, antros de una nueva religión asocial cuyas sacerdotisas de género, feligresas de la Orden Morada están ocasionando una regresión democrática, así como desplegando toda suerte de abusos inconstitucionales vía jurisprudencia feminazi que ya contamina y se infiltra como cáncer en nuestros códigos Civil y Penal.

Nunca hemos hablado, como tampoco lo haremos, desde hipótesis o supuestos carentes de objetividad numérica y de fuente oficial “fiable”, no, sino siempre desde datos contratados, demostrables. En este caso concreto, basta para ello acercarnos a las cifras que aporta el Boletín de Información Estadística nº 80 (enero de 2021) publicado por el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) bajo el título “15 años de la LIVG 1/2004 en los órganos judiciales”, documento disponible en la web.

         Los porcentajes se refieren al grado de consenso alcanzado según sede judicial (Jpi: Juzgado de Primera Instancia; JPii: Juzgado de Primera Instancia y de Instrucción; JVM: Juzgado de Violencia sobre la Mujer o Juzgado de Género)

           Analizando los datos de la tabla que se inserta en el citado Boletín nº80 del CGPJ, los Juzgados de Género producen un 600% más de divorcios conflictivos (no consensuados) que los Juzgados de Primera Instancia y los Juzgados de Primera Instancia e Instrucción; a la par, bloquean la modificación de medidas un 270%;  incendian la guarda y custodia de los hijos en un  440% y además, obstaculizan cualquier modificación de medidas en un 240%, como también impiden el consenso en las rupturas de parejas estables en un 350%.

         La comparativa de estos tantos por ciento corrobora lo que pensamos, sostenemos y aquí denunciamos:

         “Que es inconstitucional, antidemocrático y fuera de toda razón, desmantelar los Juzgados de Familia y en su lugar habilitar una extensa red nacional de Juzgados de Género o Juzgados para Mujeres, sedes inquisitoriales que atienden según los órganos sexuales primarios de cada contribuyente y que ese disparate, aunque sea el negocio del siglo para políticos de tres al cuarto y feministas listas, está provocando un mar de injusticias en hombres e hijos, así como dinamitando los pilares de nuestra sociedad, atacando a la familia natural, y convirtiendo la infancia en una etapa vital de maltrato a manos de un Estado de Género, un calvario de dolor por el ninguneo total de los derechos de los menores a manos de dicho Estado”.

 

La mafia feminista instalada por doquier, en miles y miles de chiringuitos de género, vive del dolor ajeno, porque su holgazán, indecente e ilegal modo de vida necesita de denuncias con las que alimentar su red de Juzgados de Género, covachas moradas en las que entra un padre y sale un hombre sin esperanza alguna, abandonado a su suerte y en la que el suicidio inducido por el Estado de Género se muestra como una liberación, una muerte rápida que sustituye a lo que sería una muerte lenta por desesperación, injusticias y abusos de toda naturaleza, un método mucho más sutil y modernizado, a la sombra, pero igual de efectivo y con idénticos efectos que el gaseado nazi.

En pleno siglo XXI en España, a raíz de una corruptela del Poder Ejecutivo (tres poderes en uno), asistimos perplejos a un tráfico clientelar e ilegal de votos, votos a cambio de jurisprudencia feminista a la carta, en lo que constituye un negocio muy bien inventado, pero que no es sino un teatro, una farsa, un engaño en toda regla a las propias mujeres feminocentas y con nefastas consecuencias para ellas que, si bien viven en un supuesto bienestar material a raíz de poner una denuncia falsa o cierta, que eso es lo de menos, a cambio se les roba su dignidad, como a un mismo tiempo ellas mismas son plenamente conscientes del daño enorme que han causado al padre de sus hijos y a sus propios hijos, hijos que ya conforman dos generaciones de niños y niñas lacerados, los conocidos como “hijos del feminismo español”, una infancia maltratada por una gentuza sin escrúpulos que ya comienza a temer que somos muchos los que tenemos en mente, día y noche, el llevarla a La Haya por crímenes de lesa humanidad y referidos a esos más de 20.000 hombres inducidos al suicidio por la jurisprudencia feminazi española que tales sujetos, sujetas y sujetes mantienen y sostienen en España de Género a día de hoy.