Hay que elegir entre la paz, y la política que suele terminar en guerra. Parece ficción, pero no lo es. La realidad siempre la supera, y aquí está, entre nosotros, tratando de conservar las formas y guardar las amistades, porque la política las elimina rápidamente. ¿Cómo se pudo llegar a este grado de veneno, odio y división? Pues ya se sabe como lo solucionan los que empiezan, echando la culpa a los demás que no piensan como ellos y que son los que lo trajeron. Ya sabemos quien empezó a dividir y hasta meterse con el lenguaje y determinar el "ellos" y el "nosotros". A dividir entre buenos y malos. Servidor no es de nadie, ni siquiera sabe si lo es de alguien; solo sabe de quien no puede ser nunca. Por eso le dijeron que era de derechas, y hasta fascista, cosa que él ignoraba. No se había enterado si no se lo dicen los listos poseedores de la verdad que por querer progresar tanto se estrellaron en el muro de la verdad. ¿Cómo pudo llegar a dividir así a los españoles, la política? Que se lo pregunten a Zapatero que lo empezó todo. Es una evidencia. Si servidor dijera a algunos "progresistas", antes rojos, que la izquierda no trajo a España más que odio, división y mierda, se romperían las amistades para siempre. Tiene que callarse y tragarlo. Por decirle a uno que militaba en podemos, hasta entonces amigo, si no le daba vergüenza estar entre esa chusma, le dejó de hablar para siempre. Si servidor sigue así, pronto se quedará más solo que la una. Aunque sabe Dios qué será mejor. También es cierto que muchas veces vale más estar solo que bien acompañado. Eso es la ficción, que nada importa cuando además tenemos hecho un pacto venerable y secreto con la soledad. Pero la no ficción es, por ejemplo, la noticia que acaba de suceder: atentado en el aeropuerto de Kabul, y que igual puede pasar en España y pasará.

Creo que los españoles no tenemos remedio. Mi verdad es mi condena. Si no la expreso, malo, y si la digo, peor. Los españoles nunca llegaremos a la concordia, porque el último que consiguió en España más concordia que nadie, y que nunca, lo ponen de lo peor tras el paso de los años, y cuando ya no nos acordábamos de él, excepto como figura histórica. Ahora, sobre todo lo que huela a eso, sirve de válvula de escape para escupir con una rabia inusitada todas las frustraciones vitales de los que ni lo conocieron.

Del franquismo viven los que lo quieren para seguir chupando y sacaron a relucir creando estos problemas inexistentes. Cuando aquí se es capaz de generar tanto odio en tan poco tiempo y sin el menor fundamento, algo raro está pasando. El odio infundado llega hasta tomarla con tal figura histórica, violando su tumba y queriendo dinamitar todo lo demás. ¿Eso es normal? El inventar un enemigo no es más que la justificación para robar dinero, y fomentar la división y la maldad. Eso es lo que hacen los progresistas, tomando al franquismo por chivo expiatorio. Quedan bien retratados. Cuando ya no puedan robar más les apoyarán los comunistas, cuyo partido autoriza a matar. Es un gobierno de coalición entre los malos y los peores. Esto tampoco es ficción.

Mientras que a la izquierda no le dé la gana de reflexionar sobre sus errores, y reconocer que no admite discrepancia alguna, con todo lo que trae detrás, y sigan huyendo hacia adelante, nos llevarán a la desesperación de otra guerra civil. O algo así, con la intervención del comunismo internacional que para eso se alían con él. Porque ya hay que estar desesperados de la vida para llegar a asesinar a otro ser semejante. Pues ahí están los susodichos, alimentando al monstruo criminal que llevan dentro, para ser capaces de todo y no tener escrúpulos por nada. Pues bien sabemos quien empieza, y quien aguanta, calla y rumia tanto despropósito, en aras de la paz. Lo del Valle de los Caídos, por ejemplo, no tiene otra motivación más que el hacer daño. Y ahí lo tenemos; como el quitar toros, y el prohibir todo lo que a la izquierda le dé la gana. La cuerda, según su lógica, si se fuerza tanto, termina rompiéndose. La izquierda juega a eso, e inmediatamente que se rompa, echará la culpa a la derecha. Y así llegamos hasta la guerra civil, que nunca creí que la había empezado limpia y llanamente, la izquierda. A los dos estatuados, en los Nuevos Ministerios, de Madrid, tras quitar una bonita estatua ecuestre, y que son, Francisco Largo Caballero, e Indalecio Prieto, cuya escolta asesinó al jefe de la oposición, José Calvo Sotelo, y que fue la gota que colmó el vaso, pues ahí los tenemos, limpia y llanamente, riéndose de todos, sin el menor derecho a estar ahí. Bien lo decía Largo Caballero: "nosotros no respetamos la ley, más que cuando nos conviene, y si no, vamos a la guerra". Y claro que fueron. Otras cosas son las milongas de la izquierda para enmascarar la verdad. En eso, verborrea y propaganda, nadie la iguala. En realidad son tan sinvergüenzas que hasta sus estatuas se ríen de los demás.