Que la alianza del PSOE y Podemos con los separatistas tiene por objetivo la destrucción de España como Nación, sólo podría negarlo a estas alturas un completo imbécil o un cómplice.

Si, ya se que a muchos eso de la Nación y la Patria se la trae al pairo. Descerebrados a los que sólo interesa su comodidad, pero que no se han parado a pensar la razón por la que un señor de Madrid paga impuestos para construir carreteras por la que circula un señor de Orense, o a cuento de qué un señor de Alicante cotiza a la Seguridad Social para pagar la pensión de un señor de Soria. Los vínculos de solidaridad están basados en la comunidad nacional. Una comunidad nacional que lleva resquebrajándose 40 años debido a que las elites de este país sólo han pensado en enriquecerse a toda costa, sin importarles en lo más mínimo el bien común ni el destino de España. Hoy hemos llegado al extremo de que el propio gobierno de España es el que está prendiendo la mecha para dinamitar esa comunidad nacional.

Algunos, seguro que muchos de los habituales de estas páginas, avisamos durante la Transición de a donde nos llevaría el Estado de las Autonomías, mientras repartíamos octavillas en contra del Estatuto de Pau y Guernica. Nos silenciaron, nos insultaron y nos persiguieron. Muchos de los que hoy dan lecciones de “patriotismo constitucional”, estaban entre aquellos que despreciaron y escupieron encima a quienes alertaron del “empezose”. Ni han reconocido su error ni tienen la honestidad de contar con quienes, a diferencia de ellos, sí acertaron. Pero ya sabemos que en la sociedad de la imagen y apariencias, la honestidad no cuenta. A ver si el honor te va a estropear un buen cargo. Al menos podrían hacer algo útil por parar a este gobierno, en vez de soltar discursitos el día de la Constitución del 78, el día del “empezose”.

Muchos centran sus esperanzas en un futuro vuelco electoral, esperando la reacción del pueblo español ante tanta tropelía. Otros creen que desde Bruselas se va a parar los pies al gobierno más radical y extremista de toda Europa.  Aún hay quienes confían en los Tribunales españoles. Si se pudiese salir a la calle, se oye con frecuencia en la boca de algunos. Olvidan las masivas manifestaciones convocadas por la AVT durante el gobierno de ZP en contra de la negociación con ETA y sus resultados.  Las manifestaciones en la calle de las derechas jamás harán caer en España a un gobierno de izquierdas.  Otro de los regalitos envenenados de estos últimos 40 años: los medios de comunicación y la cultura se pusieron en manos de quienes no creían en España, por tanto, los valores patrióticos no tienen entidad suficiente para conseguir una eficaz movilización de masas. Nos quedan las redes sociales e internet dirán algunos. Si la censura y las trampas de posicionamiento que utilizan twitter, facebook, youtube o google lo permiten, en todo caso útil, pero no suficiente.

Pero, ¿qué ocurriría si medio millón de clientes del Banco Santander acudiesen a la vez a retirar sus fondos de la entidad en protesta por los enjuagues políticos y la cobertura que, a través de PRISA, Ana Patricia Botín está dando a este gobierno?

¿Qué pasaría si los padres de los niños que van a la escuela en Cataluña, Baleares, Comunidad Valenciana, Vascongadas y Galicia se plantasen a la vez y dijesen basta a la inmersión lingüística y declarasen su insumisión, negándose a usar en clase otra lengua que no fuese el español, tanto oralmente, por escrito y en los libros de texto? 

¿Qué salida le quedaría al gobierno ante una huelga de millones de contribuyentes que, en uso alternativo del Derecho, consignasen sus impuestos judicial o notarialmente a disposición de la Agencia Tributaria, pero condicionando su entrega a la inmediata convocatoria de elecciones?

Gandhi, con su resistencia civil pacífica, logró torcerle el brazo al imperio británico. Hoy en España, ante el abierto proceso de descomposición de la Nación y la falta de seguridad jurídica que afrontan los ciudadanos, que no tienen, frente a este gobierno, un cauce alternativo para obtener la protección de sus derechos como pueblo soberano, nos encontramos ante un estado de necesidad que justificaría esta forma de resistencia. En vez de los manidos discursos sobre la defensa de la Constitución del 78, que ya son tan huecos como inútiles, más valdría escuchar un llamamiento para la movilización de la sociedad civil en defensa de la unidad de España y la libertad del pueblo español para seguir existiendo como tal.