Solo los descerebrados o los malvados (que a menudo coinciden en la misma persona entre la clase política española y europea) pueden congratularse por tener que sufrir en el centro geográfico de nuestra zaherida España la reunión de los representantes y lacayos de una de las mayores organizaciones criminales del mundo mundial: La OTAN. Si quieren recabar algunos datos de primera mano sobre sus artimañas pueden preguntarles a los ciudadanos de los países balcánicos (a los que sobrevivieron a sus ataques, claro está) o, ya puestos a extender sus preguntas a otras partes más distantes del globo, a los ciudadanos de otros muchos países de África u Oriente Medio.

En esta sociedad acrítica e idiotizada por los medios de desinformación de masas nos encontramos de repente con innumerables expertos en geoestrategia euroasiática salidos de cualquier pueblo o barrio de la ciudad en que Vd., querido lector, habita y que hasta hace no muchos meses no sabían siquiera situar Ucrania en un mapa mudo y, ni mucho menos, lograr explicar las complejidades de la guerra civil que allí se sufre desde hace demasiados años sin que los organismos internacionales occidentales se rasguen las vestiduras, o dar cuenta de las gigantescas deficiencias democráticas y corruptelas allí existentes (recordemos que miles de ucranianos residentes en España vivían ya en la Piel de Toro mucho antes de la intervención militar putinesca, por algo sería…), o aclarar las maniobras de desestabilización política que ha tenido que soportar el pueblo ucraniano desde que los países de la OTAN con los EE.UU. a la cabeza han visto en aquella tierra eslava una punta de lanza para sus intereses bastardos, que – dicho sea de paso – poco tienen que ver con la defensa de unos supuestos valores occidentales que precisamente por ser occidentales no hay que confundir con los genuinamente europeos. Y mire Vd. por dónde, tanta sabiduría geoestratégica a pesar de la ingente censura informativa que se nos ha impuesto descaradamente (supongo que ello forma parte de los valores occidentales, al igual que el desear emmerder a quienes no comulgan con las ambiciones de la Big Pharma) y ante la cual prácticamente nadie ha protestado, síntoma este del tal vez irreversible estado de aborregamiento al que hemos llegado. Voltaire, el autor francés a quien se le atribuye aquello de “no estoy de acuerdo con lo que dice, pero daré mi vida por su derecho a defenderlo” se estará retorciendo seguramente en su tumba…o donde quiera que esté.

Y ahora resulta que tenemos metido al enemigo que se viste de amigo en casa y todo son loas y aplausos de foca para él, a diestra y siniestra. El despliegue policial y militar que se ha activado en Madrid estos días para proteger a quienes, si hace falta, nos pueden emmerder (otra vez el dichoso verbo gabacho) con una guerra en suelo europeo porque a ellos les pila lejos (geográficamente y/o en la escala socioeconómica) y les da igual que, llegados el caso, la Giralda de Sevilla, la Torre Eiffel o el casco antiguo de la preciosa ciudad medieval de Tallinn salten por los aires, que como espectáculo mediático para entretener televisivamente a los primos y cuñados de Oklahoma y ocultar de paso las miserias económicas, políticas y sociales de EE.UU y sus lacayos occidentales de la Unión Europea (repito, no confundir con Europa, la genuina, la que permanece cuando todos los imperios han caído) es impagable, oiga.

Pero no, las cosas no tienen por qué ser tan fáciles para ellos. Los europeos no podemos seguir dejando que nuestro suelo sea campo de batalla de intereses políticos, económicos y militares transatlánticos o de más allá. Europa, con España a la cabeza, tiene que desvincularse antes de que sea tarde de toda esa morralla disfrazada de falsos salvapatrias y de pseudo-demócratas dignos de novela distópica de un Huxley o un Orwell y alzarse de una puñetera vez en pie para reivindicar su independencia y su derecho a aliarse o desaliarse con quien le dé la regia gana en este mundo que será multipolar o no será (y digo que no será porque un mundo unipolar como quiere la OTAN y sus acólitos representa en geopolítica lo que el pensamiento único representa para la filosofía: la muerte de la inteligencia y la razón crítica).

Así que señores de la OTAN patrios y ajenos que parasitan estos días en Madrid: Recojan sus petates, váyanse por donde han venido y, sobre todo, no azucen más un fuego cuyas chispas iniciales provienen en última instancia de sus propios mecheros. Que les quede bien claro: NATO, NOT WELCOME TO MADRID!