Quien nos iba a decir que el comunismo acabaría atacando la biología en vez de la sociedad de clases. Se han quedado sin proletarios que emancipar. Por ahí el único igualitarismo que cuela es el que busca satisfacer las aspiraciones pequeño burguesas, que todos puedan consumir por igual smartphones y tal. Pero no contentos con llevar un siglo dando patadas a la ciencia económica, ahora los postmarxistas se dedican a tirar coces contra la biología. Resulta que el ser humano puede elegir sexo. A ver si unos cromosomas fascistas nos van a impedir la libertad de autodeterminarnos. La Ley trans era imprescindible para liberar a la humanidad de la servidumbre de nacer con testículos o con vagina. Cada cual debe ser lo que le dé la gana. ¿Y qué vamos a hacer con los que nacen tontos en vez de inteligentes, y con los feos y los guapos?  ¿Qué va a ser de su autodeterminación personal?  Deberían tener también derecho a decidir sobre su identidad sin los condicionamientos de la naturaleza.

Yo, además, lo confieso, tengo un problema de fluidez sexual complejo, los lunes, martes y miércoles me siento hombre, los jueves, viernes y sábados mujer. Para los domingos el problema es más grave, pues se mezcla con que no puedo desarrollar libre y plenamente mi verdadera personalidad, conforme deseo y no como la biología, la historia y la realidad me imponen. Y es que cuando los domingos son pares me siento Napoleón y cuando impares Josefina. A ver que me dicen cuando acuda al Registro Civil. Espero no dar con un carca que me mande al psiquiatra. En esta sociedad abierta, liberada de los prejuicios del heteropatriarcado, lo suyo sería darme una subvención para que pueda vivir la vida abiertamente, mostrando mi propia identidad.

Pero, aunque la jerga que usa Irene Montero nos suene a chiste, no se dejen engañar, no se trata de un disparate ideado por los fulanos, fulanas y fulanes de Podemos. Se trata de la ideológia de género impulsada por la agenda mundialista. La ONU en su campaña Free & Equal, asegura que “es esencial garantizar los derechos fundamentales de las personas trans” para que puedan ser visibles y vivir con autenticidad. Ya en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Pekin en 1995, se introduce la denominada “perspectiva de género”. La canadiense Rebecca J. Cook, redactora del informe oficial de la ONU en la Conferencia, explicaba el concepto que preconiza la ONU: “Los sexos ya no son dos, sino cinco, y por tanto no se debería hablar de hombre y mujer, sino de mujeres heterosexuales, mujeres homosexuales, hombres heterosexuales, hombres homosexuales y bisexuales”. La cosa se ha ido complicando desde entonces, pansexual, omnisexual, skoliosexual, cisgénero, demisexual, asexual y así hasta nada más y nada menos que 37 géneros y 10 identidades sexuales. En 2016 Naciones Unidas publicaba un documento titulado “Vivir libres e Iguales “, (ACNUDH) en el que afirma que “la identidad de género es la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la experimenta profundamente”.

En realidad, se trata de una ruptura antropológica y social tramada al servicio del nuevo orden mundial, dentro de este programa planificado desde la Agenda 2030 o 2050. Negar la feminidad y la masculinidad, pretende construir una naturaleza humana artificial, a medida del individuo, y paralela a la biológica, que anule cualquier valor tradicional y deje al individuo aislado y a la sociedad fragmentada al dictado de las élites mundialistas.