Tanto nos insultan a quienes nos negamos a ser vacunados y lo hacen  en forma tan grosera y malévola,  que  se impone responderles.  Me ha empujado a ello, la lectura del  menosprecio insultantes de Gabriel Albiac,  uno de esos hombres inteligentes que irradian la sensación de flotar por encima de esos seres primitivos que viven aún en la Edad Media y creen  en cosas tan pasadas de moda  como la existencia de Dios, la sumisión a los dogmas o en naderías por el estilo. Su brillante inteligencia y su gran prestigio le permiten escribir un artículo modelo para enseñar cómo se da gato por libre,  o sea,  de “sofisma perfecto”…

¿Quién puede enfrentarse a un pensador tan cualificado? Pues un viejo osado -- 93 años--,   ejecutivo y empresario que se graduó   en Filosofía y Letras--por “hobby”, pues su vocación era la Ingeniería-- en la Universidad Católica de la Habana,  con el número uno de su promoción y 9.85 de nota media de la carrera,  pero que no ha ejercido de tal,  por culpa de Fidel Castro,  del que huyó en el momento preciso para no quedar atrapado en su gulag. O sea,  que no es tonto del todo.

Ha publicado don Gabriel un artículo “La gran regresión” y ha provocado este escrito mío, al estar hasta el gorro de ver el mal trato que,  igualmente, otros grandes del periodismo  --Antonio Burgos, Federico Jimenez Losantos, etc., nos han dado a quienes nos negamos a vacunarnos: nos han llamado de todo, desde cretinos y estúpidos, hasta criminales y asesinos pasando por burros e  irresponsables.

Cito a estos tres porque aun los leo de cuando en cuando, al considerarlos gente normal que escribe bien y habitualmente usa el sentido común.  Precisamente por eso, me ha llamado la atención que,  de repente,  les haya entrado un furor desconocido  para atacar a gente normalísima e indefensa que,  usando el sentido común, no quiere acatar lo ordenado por la Sinagoga de Satanás a nivel mundial… ¡y no quiere vacunarse!

Me ha sorprendido ver a estos articulistas, defender, como si se tratase de la propia madre, la obligación de la vacuna, sin negativa ni discusión posibles, como si fuese un  “intocable tabú”.

Este hecho inesperado viene a reforzarme en la tesis que he proclamado desde hace siete décadas: La OMNIPOTENCIA, a nivel mundial, de la bimilenaria Organización sionista que llamo  indistintamente “Poder Supremo sin rostro” o “Sinagoga de Satanás”.

¿Quién ha ordenado,  a los tres aludidos,  sumarse al ataque furibundo contra quienes hemos respondido “¡que se vacune su madre!”,  a Bill Gates, Soros & Co.? ¿Forman también parte del cotarro globalista  o no pasan de ser unos “ingenuos” que no ven lo que tienen ante sus narices?

Vamos a ver, Sr. Albiac: A mí, ¡mi fe! –de la que me siento orgulloso y defensor, no me ha  hecho ´”héroe contra el conocimiento” sino todo lo contrario, “héroe de la  buena vista”. Me temo que, como decíamos los niños de mi tiempo,  usted usa la técnica de  “te lo llamo para que no me lo llames”.  ¿No será el servilismo –no sé a quién, usted lo sabrá—quien le ha hecho a usted “héroe de la ceguera”?

Nos hallamos antes esta realidad innegable y demostrable: Los “virólogos por la verdad” –gente preparadísima y leal a la ciencia-- intentan discutir, en público,  sobre la “mentira de la seudo-vacuna, con los “virólogos oficiales”, al servicio de los Amos del Mundo. Se ha creado un virus como uno de los instrumentos planificados  para reducir la población mundial a mil millones,  mediante la “liquidación”, por distintos métodos –que ellos deben conocer -- de los  seis mil o siete mil millones  que sobran. Lo han dicho  y anunciando “ellos” a bombo y platillo,  con toda la cara dura y cinismo de que es capaz su mente diabólica. Y ustedes nos culpan a nosotros de criminales, cuando únicamente pretendemos evitarlo.

Los “médicos por la verdad”,  han pretendido lo mismo: Derecho a informar y refutar las mentiras oficiales, con el mismo resultado. Les han impedido disfrutar de esa oportunidad para abrir los ojos al pueblo,  sobre la esclavitud impuesta por  el Poder Público y por el Poder Mundial.

Esos omnipotentes cabrones –que “imponen la obligatoriedad de la vacuna” son quienes están provocando millones de muertos,--ya no centenares de miles—al tiempo que  impiden la verdadera investigación científica y --controlando también los medios de comunicación--  nos culpan a quienes nos negamos a ser asesinados “a plazos”. ¿Por qué ocultan la muerte de los miles y miles de “ya vacunados”?

Una gran prueba a mi favor: Son los “sanitarios” quienes,  principalmente,  se niegan a ser inoculados con esa “seudo-vacuna” porque ellos,  sí, ¡ellos “ven morir  a los ya vacunados”!, mientras se nos oculta a los profanos ese terrible fracaso de unas vacunas que no los son”, que “no inmunizan”.

¡No sea sofista!, señor Albiac, que ambos somos filósofos y sabemos lo que es un sofisma…  Comparar la realidad del combate inteligente y  triunfante,  “contra la polio”, con esta “comedia letal” que vivimos de dos, tres y cuatro vacunas -- ¡todas inútiles!--  para impedir la muerte de los pacientes,  es un “sofisma que no cuela” y si usted lo utiliza, habrá alguna razón: ¿No se ha enterado? ¿Le han puesto además de “bozal”, “orejeras”?

¡Y yo que lo creía a usted y tomaba por “un ser que –a pesar de su agnosticismo-- era capaz de “no salirse de la Lógica!” Me duele verle caído del pedestal donde lo tenía. Los clásicos decían “los dioses ciegan a los que quieren perder”.  Me temo que sus ídolos, no le quieren demasiado bien y le han jugado una mala pasada.

Algo parecido les diría a los señores Burgos y Jiménez Losantos: ¡nos han despreciado e insultado sin razón!....y no se lo aguanto. 

Claro que los predicadores preconciliares ya nos decían “en le mucho hablar no faltará pecado”, sentencia que procuro tener presente porque es muy sabia. Pero…la olvidamos frecuentemente.