Rompió escaparates en la Puerta del Sol, manifestó públicamente su emoción por el linchamiento a un policía y, siendo lo que es y las propuesta que hace, ha llegado a la vicepresidencia del gobierno de España. La pregunta es inevitable… ¿Mequetrefe o superhéroe?

En más de una ocasión los mitos acaban por oscurecer al personaje real, y eso es precisamente lo que sucede con el individuo del que tratamos, un producto de este tiempo final que vivimos, personajillo de frontera entre un tiempo que termina y otro que parece que alumbra. Chusma que no se explicaría sin la situación política de España, marcada por el fracaso del régimen del 78: 19 reinos enfrentados entre sí, enormes desigualdades en la población española, y una nación vendida al mejor postor.

Sin quitarle méritos al fulano, que los tiene, por más que se diga que ha recibido dinero de Venezuela y que tiene padrinos poderosos, puede que al mismísimo Soros, lo que interesa es responder si es un mequetrefe o un superhéroe.

Criado a los pechos de dos miembros del grupo terrorista FRAP, hijo natural de la revuelta de la Puerta del Sol, protagonista de viñetas ya célebres, y amante de las mansiones que en su infancia y juventud vio retratadas en las páginas de la revista Hola… Pablo Manuel Iglesias se nos reveló desde el primer momento de su irrupción en la escena pública como un personajillo caduco en el contexto vanguardista, un chico que odiaba todo y a todos por lo que él no tenía por cultura, dinero o clase.

Pero hete aquí que un día descubre que tiene poderes entre la tropa (okupas, desesperados, buscavidas, jóvenes analfabetos, vagos, extranjeros, y delincuentes), y a partir de ese momento se dirige a todos y a todas, a pesar de su voz en off o aflautada, proclamándose coach de toda esa chusma. Discurso que cala en las alcantarillas, y pronto comienza a gozar de atención por parte de los medios, siempre tan necesitados de dar información, que le encumbran al hemisferio de la contestación regeneradora. Hablamos de un ridículo personajillo a mitad de camino entre Calabacillas y Mateo Morral, hoy convertido en el Marqués de Carabás.

Nada en Pablo Manuel Iglesias tiene sentido, como no sea esa avaricia contenida que dormita en todo comunista: el odio, la envidia, el poder. El resto en él es un cúmulo de tópicos sorprendentes, frases sabidas y prejuicios de clase. Con todo, su san Martín está por llegar, me refiero al choque que experimentará el simulador que quiere enmendar la plana al vanguardista sucio, un choque que terminará convirtiéndole en otro Jorge Verstrynge, el papá de Sigfrido, Eric y Lily, el loco de la Fuente del Berro.

Quede por mi parte la moraleja. A este pobre diablo no le enseñaron, sus padre no estaban capacitados, que uno tiene que tener claro lo que va a contar antes de empezar la función, no siendo de recibo que mantenga una narrativa de superhéroe siendo un mequetrefe. De momento que disfrute de su carrera triunfal, es la hora de la chusma.

Con todo, según vienen desarrollándose los acontecimientos, es posible que podamos celebrar el glorioso Levantamiento del 18 de julio de 1936 y la caída de este gobierno. La cosa no está difícil. Veremos.