Álvaro Peñas es un apasionado de la historia y viajero empedernido, es un buen conocedor de los países del Este, donde viaja con frecuencia, y de su situación política, gracias a sus amistades con periodistas y políticos de los partidos patrióticos de muchos de esos países. El Correo de España le dio la alternativa en los medios, donde escribe con regularidad, siendo uno de los especialistas en los países del Este. Actualmente colabora también en El Toro TV y Radio Ya, así como en prestigiosos medios internacionales, consiguiendo sobresalientes entrevistas y artículos, que les animamos a seguir. Pueden hacerlo a través de su canal de Telegram: @AlvaroP_info

Háblenos un poco de usted su formación y trayectoria en los medios.

Lo cierto es que mi trayectoria en medios se inició aquí en ECDE. Antes de eso mi contacto con los medios fue debido a la actividad política, pero de eso hace ya más de diez años. Aunque dejé esa actividad conservé muchas amistades en el extranjero, razón por la que conozco de primera mano la situación de algunos de esos países. Y precisamente fue una periodista polaca, Malgorzata Wolczyk, la que me animó escribir sobre los países del Este. Así que hace poco más de seis meses envié a El Correo de España un artículo sobre Bielorrusia y a partir de ahí empecé a escribir con regularidad. Después empecé a colaborar con medios extranjeros y he podido publicar esos artículos y entrevistas en polaco, alemán e inglés, e incluso en francés, italiano y neerlandés. También he tenido la suerte de poder intervenir en La Inmensa Minoría con Fernando Paz y colaboro en los programas de José Antonio Ruiz de la Hermosa en Radio Ya. Así que no ha ido mal la cosa. Me gusta lo que hago y creo que eso se nota, además también me ha permitido escribir sobre mi otra gran pasión, la historia. He traducido y prologado el libro de Roman Leljak sobre las masacres cometidas por Tito en Yugoslavia después de la segunda guerra mundial, una historia muy poco conocida en España y que será publicada en abril por SND editores. Este mes empiezo un año de estudio de historia militar, así que en un futuro, cuando esté mejor preparado, espero poder escribir una buena historia.

¿Por qué decidió especializarse en la política de los países del Este?

Son países que me llaman mucho la atención por varias razones. En primer lugar, porque tengo muchas amistades allí con las que comparto muchos puntos de vista. En segundo lugar, porque muchos de esos países representan los valores que se han perdido en Europa Occidental y donde, por ejemplo, hablan con muchísima más libertad que nosotros, sin miedo a ser censurados por defender el sentido común. Y por último, porque allí se está produciendo una batalla en todos los frentes entre globalistas y patriotas. El resultado de esta batalla es muy importante para todos los europeos, aquí y allí.

¿Cómo le ha marcado en su vida poder viajar a estos países?

Dicen que viajar enriquece y comparto esa opinión, y también sirve para comparar y valorar lo que se tiene o no se tiene. Primero hay que conocer España y luego las tierras del Imperio. Hablando en serio, es reconfortante ver las huellas del pasado español en Nápoles, Sicilia, Malta o Luxemburgo, o incluso en Budapest, donde una placa recuerda a los 300 españoles que combatieron para liberar la ciudad de los turcos. Si nos vamos a Europa del Este, allí no hay Molenbeeks ni suburbios multiculturales como los que hay en las afueras de París u otras ciudades europeas. Por supuesto tienen otros problemas, pero son países que mantienen su identidad. En las iglesias polacas hay banderas nacionales y placas a los héroes del levantamiento de Varsovia o a las víctimas del comunismo, en los museos militares, en Polonia, Letonia o Lituania, encuentras excursiones escolares y ves a los profesores hablar de cuantas vidas se perdieron para recuperar su independencia y libertad.

No tienen complejos con su historia. Te pongo un ejemplo. En Pécs, Hungría, en el centro de la ciudad se alza la mezquita de Pasha Qasim, conquistada a los turcos y que ahora es una iglesia, no hay minarete y donde estaba la media luna ahora está la cruz. En su interior hay pinturas de cruzados venciendo a los musulmanes y quedan algunos restos de escritura árabe en las paredes. No es difícil imaginar lo que sucedería en muchos países occidentales con un edificio así. En Hungría o Polonia no ocultarían una estatua de Santiago Matamoros.

¿Qué supone para usted colaborar en El Correo de España?

Para mí ha sido la puerta a un mundo nuevo, el de la comunicación, y por otro lado me da la oportunidad de poner mi grano de arena en la batalla cultural. Esta es una labor fundamental si queremos tener una oportunidad frente al rodillo ideológico progresista. Por otro lado, además de la calidad de muchos de los articulistas del medio, me gusta la valentía para hablar del pasado. Las leyes de memoria histórica no son más que una forma de robarnos la historia, de prohibir todo aquello que moleste al poder oficial y de fabricar un relato a su medida. Como decía Orwell “quien controla el pasado controla el futuro”.

¿Por qué los países del Este son un bastión de resistencia al globalismo?

Porque no han perdido la fe en sí mismos. Sufrieron la ocupación alemana y la soviética. Después de la guerra, con sus países destrozados y ocupados por el Ejército Rojo, siguieron existiendo grupos de resistencia al poder comunista hasta bien entrada la década de los 50, como los “soldados malditos” polacos o los “hermanos del bosque” bálticos. En 1956 estalló la revuelta en Budapest y también, aunque es menos conocida, en Poznan, Polonia, al grito de “Pan, Libertad, Dios”. En 1968 se produjo la primavera de Praga, también aplastada por los tanques rusos. En los años 80 nace Solidaridad y pocos años después el paraíso socialista cae como un castillo de naipes.

Son países que conocen muy bien la ocupación y la falta de independencia. Por esa razón, cuando la Unión Europea usa el chantaje y las amenazas para imponer sus políticas globalistas, para arrebatar a estas naciones la soberanía nacional que tanto les ha costado recuperar, se oponen radicalmente a la élite de Bruselas. Orbán ha comparado a la UE con la Unión Soviética y tiene su parte de razón. Las repúblicas soviéticas tenían muchos derechos sobre el papel, pero en realidad solo obedecían a Moscú. Los globalistas que ahora dirigen la UE pretenden que las naciones hinquen la rodilla ante Bruselas.

Destacan principalmente los modelos de Hungría y Polonia…

Si, Hungría y Polonia son los llamados “chicos malos de la UE”. Y ya me gustaría que España fuese un “chico malo”. Ambos países tienen éxito económico, fuertes inversiones y muy poco paro. Han mantenido seguras sus fronteras y evitado los ataques terroristas tan comunes en Europa Occidental. Defienden a la familia tradicional y la política de natalidad húngara está dando sus frutos. Polonia es además el bastión de las políticas provida contra el aborto. Una autentica pesadilla para los ideales progresistas del globalismo. Como señaló George Soros, Orbán y Kaczynski son los “enemigos de Europa”.

Pero no son los únicos, Bulgaria mantiene una posición muy firme contra la ideología de género y, como Chequia o Hungría, no ha firmado el Convenio de Estambul. Chequia y Eslovaquia pertenecen al grupo de Visegrado y se oponen a las cuotas de inmigrantes. Los países bálticos apoyaron a Polonia ante las amenazas de la UE por la reforma judicial, y en Letonia se libra ahora mismo una batalla en defensa de la familia tradicional. En la mayoría de estos países los partidos patrióticos tienen mucha representación e incluso forman parte del gobierno, como en Letonia o Bulgaria.

¿Hasta que punto cree que van a resistir a las presiones del globalismo?

Son pueblos muy obstinados y no olvidan su historia reciente, pero lo principal es que se están dando cuenta de la importancia de la batalla cultural y saben que no pueden dormirse en los laureles. Hace unos días, en una encuesta sobre política, los jóvenes polacos de 18 a 24 años mostraban, por primera vez en 20 años, una mayor tendencia a la izquierda que a la derecha, 30% frente a 27%. Esto se debe a que la mayoría de los medios en Polonia son de izquierdas y a la cada vez mayor influencia izquierdista en la universidad. Esta encuesta ha provocado reacciones políticas de miembros del partido gobernante, Ley y Justicia, en el sentido de luchar por la juventud, recuperar la universidad y fomentar el patriotismo. No parece que se vayan a quedar con los brazos cruzados.

También tenemos el ejemplo de las redes sociales y las leyes para multar a las grandes tecnológicas si censuran contenidos conservadores. Hungría cuenta incluso con su propia red social, Hundub, para contrarrestar a Facebook y Twitter.

Sin duda serían un modelo para el resto de los países europeos, pero allí el globalismo y sus agendas están muy implantadas. ¿Es reversible el proceso?

Desde luego es muy difícil, pero si en Europa tenemos modelos diferentes, modelos que nos permiten ver que el globalismo no es un fenómeno irreversible y que hay alternativa, es mucho más probable que se pueda detener el proceso. La historia no está escrita. Hemos visto el Brexit y a Trump en Estados Unidos. Italia habría elegido un gobierno con Salvini y Meloni si se hubieran celebrado elecciones, o Francia, donde por primera vez Marine Le Pen está igualada en segunda vuelta con Macron. No hace mucho tiempo todo esto sería impensable y en los años venideros pueden pasar muchas cosas.

¿Qué supone para usted entrevistar a personajes de primer nivel, aunque no sean tan conocidos en España?

Es muy satisfactorio y además creo que es necesario acercarse a la realidad de esos países porque no está alejada de la nuestra. En mayor o menor medida están sufriendo la ofensiva globalista y todos los problemas reales y ficticios que conlleva. Por supuesto, tienen problemas propios como por ejemplo las difíciles relaciones con Rusia o los problemas históricos o incluso territoriales con sus países vecinos. Son cosas que nos quedan lejos, pero que merece la pena conocer. Además de que acaba con las teorías simplistas de países buenos y malos que tanto gustan hoy en día. No hay blanco y negro, hay muchos grises.

Pero aparte de la política, como ya he mencionado, soy un apasionado de la historia. He tenido la suerte de entrevistar a historiadores y escritores que con su pluma combaten los mitos y la leyenda negra que lleva azotando nuestra conciencia durante siglos. Como la historia real del gran inquisidor Torquemada que nos ha descubierto Iván Vélez, o como Luis Gorrochategui que no solo tira por tierra el mito de la Armada Invencible sino que relata con todo detalle como un año después el famoso pirata Drake salió escaldado de La Coruña y Lisboa sufriendo una derrota abrumadora. Es decir, que nos habían contado la historia al revés. También he podido conocer personalmente a historiadores como José Antonio Crespo-Francés, que ha sacado del olvido a tantos navegantes y exploradores españoles, o como Miguel Ángel López de la Asunción, que se ha recorrido los pueblos de todos los héroes de Baler, los últimos de Filipinas, para que se les conozca y se honre su memoria. Es una labor admirable porque cuanto más conoces la historia de España más te enamoras de ella. Y eso es algo que quiero transmitir porque solo se ama lo que se conoce. Si los españoles conocieran más su historia no tendríamos muchos de los problemas que tenemos hoy en día...