En la mítica plaza de Colón que tanto gusta a los "progresistas" que progresan con este gobierno extraño, empieza el cierre de la campaña del grupo de VOX. Ya son más de las ocho cuando por fin nos instalamos en una silla plegable de madera, de las que pusieron cerca de cuatro mil.  Ambiente festivo de música y canciones que hace vibrar a todo el mundo agitando sus banderitas máxime cuando llega Manolo Escobar, con su Viva España. El sol pinta tibiamente en esta tarde fresa, con su pálida luz, las enormes piedras conmemorativas del este de la plaza, mientras el gran edificio de Colón, al oeste, deja todo el suelo del lugar en sombra sonora. Empiezan los teloneros a calentar el ambiente mientras Nino Bravo lo llena de nostalgia. Bella añoranza que todos imitan en su letra susurrando, mientras sienten su fondo de melancolía. Por encima de mi silla plegable en el centro del ruedo vuela una cámara ligera cual mariposa primaveral de un lado a otro sobre unos cable que unen las torretas que hay a los extremos. La tirolina también está acompañada por otras cámaras aéreas, desde otros puntos, que no pierden detalle. La gente grita viva España o lo que haya que gritar que siempre hay algo, con alegría. Y lo siente dentro. Bueno, esto es una alegría lúgubre, porque España está dividida y destrozada -y no por los que están aquí- y detrás de cada rostro embozado de pandemia hay un gesto misterioso que difícilmente se atreve a sonreír. Esto es la resistencia. Quedan diez minutos para las ocho y media que es la hora oficial del acto. Agradezco al cielo que está un poco nublado y amenazaba con la lluvia, que no haya derramado su bendición inoportuna y estropeado todo, alegrando a la vez el cuerpo a nuestros enemigos que lo son porque les da la gana, y enemigos de España, a su vez, con todo lo que conlleva. La plaza ya está desbordada de fieles asistentes que portan la lealtad y buenas intenciones por bandera. La gran bandera de España ondea sobre su mástil imponente, lenta allá arriba, presidiendo la española plaza y alrededores cual si fuera una bendición de Dios. Siguen los vivas al rey, a la legión, a las Fuerzas Armadas que son los nervios de la Patria que han de sostenerla, evitando el derribo de sus enemigos, hasta la gran ovación al ser ocupado el estrado al otro lado del estanque por todos los senadores y diputados de VOX con su presidente, y con la candidata a la presidencia de la comunidad de Madrid, Rocío Monasterio. Un emotivo instante lleno de ovaciones, aplausos y vivas... que va de esperanzas.

Abrió el acto Ignacio Garriga. Este hombre de color dice verdades como puños narrando lo que ocurre en Barcelona, adonde está perseguido con su grupo de VOX. Este chico expresa todo con tal claridad meridiana, que hace coincidir sus palabras con los pensamientos de cada cual; que funde a uno en una realidad inexorable. Suscita mucho cariño entre todos los miembros del grupo, a los que llaman racistas los que no siente el menor amor por España y están al otro lado de esta formación fiel y leal a sus principios que defiende los eternos valores. Luego vendría la propia candidata, Rocío Monasterio, madre ejemplar de cuatro niños y trabajadora infatigable, huída del comunismo cubano, que nos regaló otra lección reconfortante y ejemplar porque sabe bien lo que es el comunismo. Y finalmente Santiago Abascal, todo convencimiento y fortaleza, que está en lo mejor de su vida y en condiciones óptimas de ser presidente del gobierno, para salvar a la Patria en el último extremo de su desgracia. Resaltó muchas e importantes cosas. Nos quedamos con este titular de un periódico que Abascal detalló con precisión: "Marlaska ocultó durante 15 días que Iglesias envió a dos esbirros a atacar a la Policía y a VOX en Vallecas".

Simpático también este titular de La Gaceta, con el inicio de la noticia: VOX se queda con la Plaza de Colón en propiedad.

"Esta vez, a VOX no le ha hecho falta el Partido Popular y lo que queda de los restos cadavéricos de Ciudadanos para reventar la Plaza de Colón en el acto de cierre de la campaña electoral más tensa y difícil que se recuerda en Madrid, llena de encerronas, censura, violencia y cordones sanitarios que hubieran hecho enorgullecer al beato Gabilondo (Iñaki). La Plaza de Colón es, desde hoy, un símbolo exclusivo de los de Abascal, pero no es el único".

Y La Gaceta, termina así: "Y Abascal, junto a Ignacio Garriga, Monasterio y la inmensa mayoría de los diputados y senadores de VOX, termina con la reivindicación del himno nacional. No por ningún derecho adquirido, sino por desinterés de los demás. Acaba el acto y mientras resuena un castillo de fuegos artificiales, Aurora, una lectora de La Gaceta de la Iberosfera, se acerca y dice que «ay, ojalá saquemos veinte diputados». Y a mi encogimiento de hombros, un hombre joven a su lado reivindica lo único que le quedaba a VOX por reivindicar: el futuro. «¿Y qué más da, señora? Esto es imparable».

 

Da gusto leer los pocos periódicos que dicen la verdad, clara y real. Mañana, día 4, cuando salga esto que sucedió ayer, un servidor estará oficiando de Apoderado en un colegio, electoral. Sabe Dios qué sucederá, estando bajo el gobierno de la mentira, por decir solo una característica. Tenemos noticias hoy de miles de madrileños fuera de Madrid, que no pudieron enviar su voto por correo. Recuerdo lo que decía Stalin, que sabía de esto un montón: "las elecciones no las gana el que vota sino el que cuenta los votos". En este peligroso trance frente al demonio, solo queda apelar a la Divina Providencia.