Éric Zemmour es un ensayista, periodista político y escritor de 63 años que puede significar, si no lo es ya, un balón de oxígeno contra toda esta patulea de farsantes creadores de pandemias, criminales vacunadores, millonarios del timo del cambio climático y globalistas de todo tipo y condición. La situación de Francia le ha movido a saltar a la palestra para desde su extraordinario carisma contar y gritar si hace al caso verdades como catedrales contra una sociedad, la francesa, que aunque menos dormida que la nuestra, sigue sin reaccionar de forma contundente contra unos poderes que quieren secar todo el sentido de nación y tener un dominio completo sobre el individuo y de esta situación que se dibuja a nivel, en este caso concreto en la vieja Europa, surge este gran hombre que vapulea con sus proclamas al presidente de la república, el tarugo de Macron que en la pelea cuerpo a cuerpo no logra ni siquiera rozar a la elocuencia fundamentada y patriótica de Éric Zemmour.
         Los principios de este gran político y mejor comunicador son aquellos que han conformado siempre el sentimiento de sentirse poso de gentes y de siglos. El sentimiento de comunidad con un solo destino. Un solo espíritu patrio que se fundamenta en la tradición de muchos siglos pasados. En la cristiandad como germen de cultura y catalizadora de individuos. El mensaje de Zemmour es extrapolable a otras naciones. Es tan sencillo y claro, en su caso, como sentirse francés y respetar y fomentar con orgullo el serlo. Mientras el globalista Macron pone a funcionar todos los resortes y toda la maquinaria del estado para intentar aniquilar a un gigante bajito de estatura y aspecto de ciudadano de la calle, este va sumando conciencias y atrayendo gentes que se reafirman en un mensaje fuerte y nacionalista. Mientras Macron va diciendo públicamente que el espíritu francés ha cambiado desde París al Congo y así dar un mensaje absurdo y globalista, el gran Zemmour le contesta que Francia está en París y en todo su territorio. Que Francia es solo de los franceses y que estos están para engrandecerla y no dejarla en manos de gentes que visten chilabas y proceden de otras civilizaciones que no son asimilables. Ante la situación de descontrol de emigrantes, Zemmour propone inmigración cero.

         Este es el mensaje que está calando en la sociedad gala. Un fenómeno social y político y que debemos observar con mucha atención y esperanza porque es lo único que nos puede salvar. Ellos, los mentirosos de chapita de la agenda 2030 en las solapas, intentarán acabar con este posible resurgir del orgullo nacional. Que lo consigan o no depende mucho de líderes como Zemmour y de gentes que conozcan y difundan su mensaje.