Me han pedido –muchos y muchas veces--  los amigos  y lectores,  que escriba algo así como una “biografía” sobre mis peripecias por el mundo, pues les encanta la cantidad de cosas que me oyen contar.  Llegué pensarlo, pero no caí en la tentación por varias razones.

De todos modos, suplo de algún modo su petición, pues  no paro relatar episodios que, reunidos en un libro,  contribuirían al conocimiento de abundantes detalles interesantes de la Historia --ignorados o poco conocidos--, que ayudarían a más de un historiador e investigador  a ponerle salsa a la vida de los últimos cien años. Lo hago desde que me inicié como colaborador de revistas y publicaciones en  la Universidad. O mejor ya desde el bachillerato.  A penas iniciada la juventud, saliendo de la adolescencia.

El tema de hoy puede servir de ejemplo y tiene relación con el con el famoso “VITA”, con Franco y  con su excelente información en la mayoría de los campos. Este escrito lo ha provocado el siguiente “link” --creo que lo llaman así los informáticos--: https://threadreaderapp.com/thread/1254409544534540289.html,

Si se toman la pena de leerlo se encontrarán con un reportaje muy interesante sobre el famoso y “dichoso” VITA (“dichoso” para comunistas y socialistas, ¡“siempre ladrones”!,  pues su vocación es robar y arruinar a los pueblos)

El Reverendo Hno. Leoncio Martín, fue un vallisoletano ilustre nacido el año 1900, que llegó a Vicario General de la Congragación de los HH. Maristas después, de haber sido el máximo responsable y promotor de los colegios  de esa Congregación, que llevó a su apogeo en México.  Los religiosos suelen tener sentido del humor muy acentuado --y hasta “audaz”--, como es normal entre la gente inteligente.

 Desde hace siglo y medio, en México,  está “prohibida” la Religión…, lo que no impide a los mejicanos  saltarse a la torera dicha prohibición,  ni  tampoco seguir siendo una de las naciones con más Fe y fervor católicos.

Están prohibidos,  igualmente,  los colegios religiosos pero, eso sí, los hijos de los Presidentes  del Gobierno y de sus ministros seguían educándose  en colegios religiosos y, muy especialmente,  en los colegios, institutos o academias “México”. Los “Maristas” demostraban de ese modo  su humor “atrevido” y un tanto provocador, haciendo que  todos sus colegios empezasen por la letra “M”.

En la primera mitad del siglo XX bajo las botas de Cárdenas y sus compinches –hasta hoy-- los colegios maristas seguían funcionando y, como hemos dicho, educando a los hijos de los  políticos veladores por la prohibición de la Religión y el Hno. Leoncio era  conocidísimo en todo el Estado por su influencia. Franco --siempre bien informado-- lo sabía y, por eso,  en uno de los viajes del vallisoletano a España,  el Caudillo quiso verlo y recibirlo en el Pardo con  un fin muy concreto.

Lo sé porque me lo conté directamente el H. Leoncio --que me conocía, valoraba y me quería como a un hijo--.  Una prueba de ese afecto, que nunca olvidaré,  me la dio solicitando personalmente,  desde Roma donde residía,  la bendición papal para mi boda. Camino de su alto cargo en la  Ciudad Sede de Pedro,  me regaló  como recuerdo suyo,  el crucifijo que lucía siempre  en el pecho,  con el que hizo  en su día, “su profesión perpetua” como religioso”.

¿Por qué ese interés de Franco en  ver al Hermano Leoncio? Simplemente porque deseaba conocer con toda certeza, las razones que podían ser obstáculo al restablecimiento de relaciones con la República hermana y, conociendo que el religioso, tenía entrada libre en el palacio presidencial y en muchos ministerios  deseaba  que le ayudase a conocer los motivos por los que el Gobierno de Méjico se negaba en redondo a entablar relaciones diplomáticas.  El Caudillo sospechaba  que el botín de el “VITA” era el gran obstáculo, pensando que los  mejicanos,  daban por sentado que España pondría como condición primera,  para restablecer las relaciones diplomáticas,  la devolución del “Tesoro del Vita” y, por eso,  deseaba encargarle  de hacer llegar personalmente al Presidente mejicano, que nunca se les pediría responsabilidad por  el hecho de que los ladrones españoles se llevasen a México lo robado. Franco era un hombre de pies en el suelo y trataba de facilitar todo lo que fuera en bien de España.

Como anécdota curiosa, en esa visita a Franco le  acompañaba  el Hermano responsable de los Maristas de Oriente (Japón  y China)  y nuestro bien informado Jefe de Estado le pidió “su opinión sobre el Embajador  español”... El religioso, fiel a la verdad de lo que pensaban los españoles de allí, le respondió, más que con palabras, con un gesto: que “no le convencía”…  Entonces, el Caudillo, cogió un papel de sobre su mesa y se lo mostró diciéndole: “Aquí tiene el cese que acabo de firmar antes de que entraran ustedes”

¡Qué poco saben de Franco quienes lo ven viviendo en las nubes y que no se enteraba de lo que ocurría en el mundo ni en España”! Si algo despertaba su interés era precisamente, la información.

Resumiendo, el Caudillo,  hombre realista, sabía que los tesoros robados a España, no tenían vuelta. Pero no quería que fueran causa de otros daños,  por eso tenía muy claro que el VITA no regresaría  pero tampoco debía ser un obstáculo para normalizar las relaciones con la antigua Nueva España.

Conocía, por supuesto,  “las otras causas” de la resistencia de México a restablecer relaciones, pero  como genial estadista, él ponía todos los medios para despejar el camino  en todo cuanto dependía de él. A pesar de todo,  hay suficientes asnos en España como para haber podido crear e imponer  el “odio a Franco”.

Por suerte aun quedamos otros varones, dispuestos a defender  la verdad sobre los hechos vividos por los españoles y que nos hacen deudores en gratitud a  Franco por su  amor a Dios y a España, (¡la mejor fórmula existente para defender la felicidad de los españoles, en particular, y de la Humanidad en general!)

Esta colaboración es simplemente un granito de arena en esa inmensa playa que tienen ante sí todos cuantos  buscan la felicidad eterna,  siguiendo el camino que nos enseñó el Hijo de Dios encarnado: el del amor a la Verdad y la defensa de la Vida, atacadas hoy ambas, como nunca,  por los hijos de Satanás.