No hay que ser un lince para detectar los muchos errores que ha habido en la campaña electoral que debe llevar al 4M. Uno de ellos ha sido que el Gobierno, el Psoe y ‘Hundidas Podemos’ han alimentado su victimismo –a falta de programa electoral e ideas renovadas—y puestas las cartas de amenaza en la innecesaria y falsa categoría de peligro o de riesgo para nuestra democracia.

Pero enseguida se les ha visto el plumero y han quedado con el culo al aire. El objetivo no era otro que buscar réditos electorales e intentar movilizar a su electorado, buena parte de él comprobarán que ha perdido la confianza en el ‘sanchismo’. Incluso, le ha salido rana al cuadriculado gurú, Redondo. Pablo Iglesias no se ha cansado de instar a la violencia e insultar al adversario, como estrategia de la escuela bolivariana de Caracas, con extensiones en el Palacio de Miraflores, sede del inmaduro Nicolás.

El ya ‘exmarqués’ ha perdido toda credibilidad. Es un personaje acabado y un malvado de sueños infantiles. No hay más que ver cómo sus grupúsculos marginales le abandonan de día en día, salvo cuatro ‘ternerillos’ de instituto con pasamontañas, sudadera, mochila y bozal delictivo, especialistas en lanzamiento de ladrillos, cócteles botelleros y cuanto encuentran a su alcance.

Otro gran error del ‘exmarqués’ y vecino ‘non grato’ en Galapagar ha sido la ignorancia, no sin maldad, de intentar meter al monarca en campaña, fruto de la inepcia que le es habitual. Es una más de las contradicciones que le acompañan y que le están destrozando como político, aunque más bien diría yo: verdulero del momento e insultador parlamentario. Política ha aprendido muy poca, salvo aquellas clases con brazalete en Venezuela dando vivas al difunto ‘gorila rojo’ y mostrando el brazalete con la bandera de venezolana, a la vez que gritaba la estupidez de: “¡A sus órdenes, mi comandante!”. Nunca los fanatismos llevaron a nada bueno. Dejen pasar el tiempo y lo comprobarán.

Esas contradicciones no son más que el ‘circo’ al que están acostumbrados en el comunismo vocero  y levantisco. Pero todo eso dura hasta que una cabeza brillante, y sin tantas telas de araña, les recuerda el paso del tiempo y optan por llamarlos “vendeobreros”. Ningún calificativo más apropiado para quien ha llegado al desgobierno actual con falsedades, trapacerías y con ‘lo mejor de cada casa’. Supongo que, si esto leen, me llamarán “fascista” o me enviarán cartas con balas de chocolate, navajas plastificadas o gominolas de cianuro. El ‘Frente Popular’ de Madrid y ‘trichavito’ siniestro se ha convertido en un hazmerreír diario.

Pero volvamos a nuestro rey. No precisa pronunciar palabra sobre las amenazas. Tampoco precisa condenar Felipe VI (señora Belarra: el palito se echa por detrás…de la “V”) la violencia callejera ni las balas, las navajas o el sacacorchos. Ya lo ha hecho cientos de veces. Su dignidad no ofrece dudas para los españoles de bien. Está en otra dimensión donde lo bolivariano no llega, ni por entendimiento ni por ineptitud. Debe pensar, señor Iglesias (perdón por lo de “señor”) que no le hemos calado, pero se equivoca: sus triquiñuelas de comunista revenido ya nos las conocemos y sabemos que se planifican en las zahúrdas donde retozan sus huestes de ‘ninis’ antisistema, catedráticos de la estupidez, parásitos del sentido común y vendedores de crecepelo para moñas.

Pablo Iglesias no debe molestarse si seguimos pensando en montajes y siniestros objetivos con las cartas que contienen “balas, balos y bales” o “navajas, navajos y navajes”. Yo seguiré pensando en montajes o repentinas acciones de cuatro locos que buscan su minuto de gloria. Esperaré a que el juez y la acusación particular me digan que son amenazas reales. Sigo subido al burro y aprendiendo de Santo Tomás, sin dejar de pensar que también pueden ser simples patrañas.

Sirva como modelo de incitación al enfrentamiento ese “quédate, no te vayas. Contesta a la ultraderecha”, como pedía a Iglesias la activista catalana y desinformada mayor de la Cadena Ser, Ángeles Barceló.