Si computamos las actividades más destacables que ha realizado el Ministerio de Igualdad y el Instituto de la Mujer durante 2020, la gente se deprimirá; aún así, hagamos un ejercicio de buena voluntad para tratar de entenderlo:

Todo empezó un 13 de enero de 2020 cuando Irene Montero juró el cargo de Ministra de Igualdad. Ahí comenzó su andadura por el mundo de las meteduras de pata con las mujeres.

Asistió a la manifestación feminista del 8M con las supuestas consecuencias que todos conocen. Un contagio por aquí, otro por allá… innumerables. Ella misma dio positivo en Covid-19, no sin antes toser en la cara a alguna que otra asistente a la «mani».

Lejos de admitir responsabilidad alguna y dimitir, continuó con sus incontables despropósitos de los que parece mostrarse orgullosa pese a que la gran mayoría de mujeres se escandalicen con ciertas medidas. ¡Si hasta el feminismo socialista llegó a posicionarse en su contra! ¡Tiene a las feministas denunciando sus presiones! Recuerden que se enfrentaron a ella por tratar de «borrar el sexo» en todas sus leyes con la consiguiente confusión sobre la biología real que supondría para los niños trans.

¿Qué le ocurre a esta señora con el sexo?

Acudió a un acto que al parecer y, según las propias feministas: «premia la misoginia»; las redes sociales que tanto le gustan ardieron contra ella. Incluso asociaciones feministas estallaron en su contra por la «Ley de Libertad sexual» (erre que erre con el sexo…). Con la Ley Trans también ganó importantes detractoras. Y podíamos seguir contando sus meteduras de pata hasta la extenuación. Veamos solo unas pocas:

Rompe a llorar en el acto institucional por el Día para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. ¿Alguien la ha visto reivindicar los derechos de las niñas de Baleares? Entonces, ¿quién se cree sus lágrimas? Quizá ha desarrollado un gran instinto teatral desde que metió las narices en las telenovelas españolas.

Sus incoherencias han ido en aumento: recuerden el posado en la revista Vanity Fair mientras se dedicaba a criticar el maquillaje y la depilación.

Incluso culpa al cambio climático de dañar al feminismo. ¿Recuerdan el caso Dina Boulsselham? ¿Dónde queda el feminismo de Montero cuando el señalado como machista es su pareja?

¿Y qué me dicen del «sola y borracha quiero llegar a casa», las «sopas lésbicas», «educar en la diversidad», el enfrentamiento contra Teresa Rodríguez, el hecho de que el Tribunal Administrativo Central de Recursos Contractuales haya tumbado un contrato público de su Ministerio por vulnerar el principio de igualdad de género, o haber cargado contra la industria juguetera porque según ella, «el color rosa oprime y reprime a las niñas» (quizá prefiera el morado…), la ley del aborto ―muy apropiado para «salvar» la vida de futuras niñas que no nacerán―, fomentar la «diversidad familiar», achacar el aumento de ingesta de alcohol en las féminas a que estas tratan de imitar el «modelo masculino hegemónico», o al hecho de que en el 016 se conteste en 53 idiomas, incluidos el urdu y el wolof.

Podría seguir largo y tendido, pues el año ha dado para mucho más, pero seguro que ustedes prefieren escuchar buenas noticias; por eso, es preferible no abordar el tema de los presupuestos gastados en mamarrachadas varias con la que está cayendo en España…

Y así está el país. Unos prosperan, otros no. Unos hacen el ridículo, otros no. Unos trabajan, otros no. Unos ordenan, otros no. Unos se aprovechan de la buena voluntad de las personas, otros no. Unos denigran a la gente, otros no. Y así hasta el infinito. Valoren ustedes.