Calificaciones: Oblak (5); Vrsaljko (6), Godín (5), Giménez (9), Filipe Luis (6); Gabi (5), Thomas (7), Saúl (5), Koke (3); Griezmann (5) y Diego Costa (3).

También jugaron Correa (6), Gameiro (5) y Lucas (5).

 

El partido de hoy era una ocasión única para colocar al Barça a tiro de piedra. Si la trayectoria azulgrana en liga es inmaculada -ni una sola derrota, se dice pronto-, también es cierto que últimamente había cedido puntos contra equipos muy inferiores y además venía de tropezar contra Las Palmas el pasado jueves. Pocas horas de recuperación hasta el gran duelo. Por eso, por las últimas actuaciones rojiblancas y por la alegría que recorre el cuerpo de los atléticos cuando ven la portería donde Diego Godín marcó el gol de aquella liga heroica, hoy era el día.

En la primera parte sólo hubo una ocasión -no demasiado clara-, y esta fue el gran gol conseguido por Messi en lanzamiento de falta. El Atlético se defendió con enorme solidez, sí, pero de medio campo hacia arriba fue una máquina de perder balones. Los intentos de presionar la salida barcelonista tampoco dieron el menor resultado. Aunque seamos honestos: si Leo no hace el milagro suyo de cada día, tal vez la sensación al descanso hubiera sido la de que los colchoneros supieron controlar al líder y luego, en la segunda mitad, tal vez serían capaces de aprovechar el mayor cansancio del rival.

Pero el diez argentino acertó -como casi siempre-, el Barça gozó del control absoluto y esos primeros cuarenta y cinco minutos fueron lentos, poco atractivos para el espectador y de nulidad ofensiva atlética. El arco de Ter Stegen fue un mero elemento decorativo y en absoluto se hubiera notado si alguien lo llega a arrancar de allí. Quizá ni nos habríamos dado cuenta. El Atleti estuvo tímido y cuando gozaba de la posesión del cuero sólo pensaba en asegurar muchísimo los pases para no provocar contras blaugranas. Lo de arriesgar un poquito, imprimir velocidad y crear alguna ocasión, ni se contemplaba.

La segunda mitad fue algo distinta porque los cambios de Simeone iban encaminados a crear juego de ataque, pero los centrocampistas estuvieron romos en esa labor. Al Atlético le falta ese jugador talentoso capaz de agarrar la manija, dar coherencia y buscar pases profundos. Un Arda Turan, un Diego Ribas. Un Koke, si el madrileño no tuviera que dejarse el alma y los pulmones en perseguir a los contrarios y colaborar heroicamente con el plan defensivo. Luego, falta energía para dirigir el ataque.

Si Koke estuvo de lo más impreciso en el pase, a un voluntarioso Saúl se le hacía de noche cuando trataba de crear peligro y Thomas, el mejor del mediocampo, adolecía de lentitud. Atrás, José María Giménez valía por dos, apagaba todos los fuegos y compensaba el poco elogiable partido de Godín. Arriba, Diego Costa tuvo una actuación irrelevante y Griezmann bajaba a recibir balones porque ser delantero del Atlético, hoy, era tan desesperante como aburrido. De todos modos, el equipo peleó sin fortuna hasta el final y hasta pudo lograr el empate si el árbitro no ve un fuera de juego milimétrico de Diego Costa, que asistió a Kevin Gameiro.

Es verdad que el Atleti no estuvo bien, pero no podemos olvidar que delante tenía nada menos que al Barça. Sin la chispa de otros encuentros, los catalanes supieron aprovechar lo poquito que crearon en ataque y luego se cerraron con tanta eficacia que no cedieron una sola ocasión visitante. Aunque Iniesta debió marcharse lesionado en la primera parte, las salidas de Gomes y Paulinho echaron el candado a las intenciones de un oscuro Atlético de Madrid. Hubo cambio de papeles y el Barcelona hizo la de Simeone.

El Barça pone mucha tierra de por medio, pero los rojiblancos deben seguir sumando victorias -una tras otra y sin descanso- por si las moscas. Cosas más raras se vieron. Y ahora toca olvidarse de esta derrota, centrarse en la Europa League y vencer al Lokomotiv de Moscú el próximo jueves.

Siempre adelante, y que no decaiga.