Los blancos consiguieron la ansiada undécima a costa de un Atlético que tuvo la posesión del balón, que luchó hasta la extenuación, pero que no supo aprovechar las oportunidades que se le presentaron a lo largo del encuentro en San Siró. Los rojiblancos no pudieron consumar su venganza ante el Real Madrid, por lo que habrá que esperar a otra ocasión para que ambos conjuntos vuelvan a jugar una final de la Champions. Tratándose de los del ‘Cholo’, todo es posible.

 

Nada más comenzar el encuentro, los rojiblancos salieron al campo embotados, con el miedo del fantasma de Lisboa, con tanto miedo que fue el propio Sergio Ramos el que puso el gol del Madrid en el marcador en al 15’. Su posición era de fuera de juego mientras era agarrado por Savic. El árbitro dio por buena la jugada y el partido cambió por completo a partir de ese momento. Con los blancos metidos en su campo buscando la contra y el Atlético diciéndose a sí mismo que había que reescribir la historia. Se hizo con la posesión del balón, pero no acababa de poner en peligro necesario en la portería de Keylor Navas. Oblak tuvo intervenciones decisivas durante todo el partido.

 

Ya en la segunda mitad, Simeone detectó las carencias de su equipo y mandó al campo a Carrasco, que revolucionó el juego de los suyos tras su salida. Poco después del pitido que ponía en marcha el esférico en este segundo tiempo, Pepe hizo que a los suyos se les parara el corazón tras una entrada a Torres dentro del área que el árbitro pitó penalti. Pero definitivamente la suerte no estaba del lado del Atlético y Griezmann falló la pena máxima en el 48’ por culpa del temido larguero. Lejos de amilanarse, los rojiblancos buscaron con más ahínco el tanto que les pondría de nuevo en el partido.

 

Carvajal, por su parte, tuvo que salir llorando del campo por una lesión muscular. Y no solo porque sintiera que se perdía lo que quedaba de final. Tenía también la Eurocopa en mente. Ya en el 78’, un colosal Gabi dio un pase magistral a Juanfran y éste se la cedió a Carrasco, que puso el gol del empate. Lo celebró corriendo a la grada para darle un beso a su novia. Y no era para menos, acababa de ofrecer a su equipo los 30’ de la prórroga para intentar alzarse con la orejona. Porque ni el Real Madrid ni el Atlético consiguieron hacerse con el partido en lo que quedaba de segunda mitad, aunque hicieron méritos para ello, sobre todo el Madrid, que tuvo ocasiones claras que toparon con el inquebrantable Oblak en la portería rival.

 

La prórroga tampoco les sirvió para deshacer el empate. Con muchos de los jugadores tocados, Simeone pudo agotar sus cambios, pero Zidane ya había consumado los suyos durante los primeros 90’, así que se vio en el campo con Bale y Cristiano, el desaparecido, muy tocados por el cansancio y las lesiones. Y llegó la hora de la lotería de los injustos penaltis, esos que pueden decidir un partido sin tener en cuenta el juego de los equipos durante los anteriores 120’. Todo iba bien para ambos conjuntos hasta que Juanfran, que había estado tremendo durante todos esos minutos, lanzó al palo y todo se esfumo. Ironías de la vida, Cristiano fue el último en lanzar para el Madrid, había estado desaparecido durante todo el encuentro, pero no falló a pesar de su cojera a esas alturas del encuentro. Los blancos son, por undécima vez, reyes de Europa.