Una gran ventaja que tienen los ricos es contar con costumbres y hábitos que pasan de generación en generación. Los ricos, por ejemplo, no llevan a su bebé al trabajo, ni usan el coche oficial de su compañía adaptándole el chófer de turno una sillita homologada para transportar un bebé y llevarlo al Consejo de Administración.

Por el contrario, los nuevos ricos, como es el caso de la podemita Irene Montero, no sabemos por qué, quizás por ser rica de la noche al mañana, es decir, una nueva rica, y por ello desconocer las rutina de los pudientes, toma la osada decisión de llevar a su hija en el coche oficial de su Ministerio de Desigualdad y con tan sólo seis meses la pequeña, la expone a los fríos matutinos de la capital, según recoge la prensa escrita de estos últimos días e incluso las tertulias televisivas en acalorados debates a favor y en contra de la novel ministra, la mamá del caso que nos ocupa.

Al trabajo, señora ministra, se va a trabajar, no a cuidar bebés aún en edad de pecho, porque dice el refranero que “Teta y sopa no cabe en la boca”. O se trabaja, o se atiende a la criaturita.

Vivir en un casoplón como el suyo, señora ministra, en una urbanización de lujo, lleva consigo al menos tener una tata para cuidar a los niños, una cocinera, jardinero y mantenedor, este último se entiende para atender los varios edificios, dependencias e instalaciones que componen el interior de la finca, incluida la casita de invitados y la piscina de diseño.

Los ricos, ministra populista, máxime si se trata de una pareja de altísimos cargos de la Administración del Estado como es la suya, en este caso un alto cargo y una alta carga, tienen recursos de sobra para pagar el sueldo base del personal que atienda a sus hijos, además, con ello crean empleo de calidad, nunca de caridad, como los que había por doquier antes de su tan deseada y esperada llegada al poder, mil gracias.

Ah, puse en el título Ministerio de Desigualdad, lo he escrito así porque usted misma, el día de la puesta en marcha de tal singular departamento, se vanaglorió al lanzar a los cuatro vientos que todos los altos cargos del mismo serían mujeres, esto es, altas cargas ¿Cabe mayor descaro precisamente hacer esto en el Ministerio de Igualdad, que éste incumpla la jurisprudencia de paridad? Además de ser una ocurrencia y un capricho dudosamente legal, por incumplir la normativa correspondiente, constituye un hecho de tanto peso específico como para deslegitimar por completo la labor de ese departamento, ya que nace desde una desigualdad que margina a los varones por el sólo hecho de ser hombres. Porque es de cajón que un supuesto ministerio de igualdad no puede ver la sociedad sólo con ojos de mujer, ya que en la sociedad hay hombres y mujeres. Aunque aquí, en Femiespañistán, las cosas funcionar con una jurisprudencia feminista sectaria, es decir, a la carta de lo que vienen pidiendo mujeres radicales; jurisprudencia, por tanto, sumamente inconstitucional.

 

Usted, amiga comunista, gobierna un Ministerio de Desigualdad en el que no tienen cabida las personas según los principios constitucionales de igualdad, mérito y capacidad, sino que exclusivamente se atiende al sexo de cada miembra, en este caso es de suponer que femenino. Esto, en román paladino, no es más que un abuso de posición dominante de una casta política coyuntural e inestable, lesiva sobremanera al interés común, que hace lo que le viene en gana, aunque eso sí, cumpliendo la agenda inexorable de un populismo que se extiende por nuestro tejido social cual metástasis sin cura.

Le escribo, señora ministra, con claridad, con la intención de hacerle ver el despropósito inicial que guía sus pasos al frente de ministerio tan importante para reconducir el abismo que venís creando los políticos entre hombres y mujeres en España desde la entrada en vigor de la LIVG 1/2004, sólo para captar el voto de la mujer y manteneros ladinamente en el poder.

También le escribo al amparo de una libertad de expresión que me temo –y espero equivocarme– tiene sus días contados, de ahí que aproveche estas líneas para manifestarle lo que pienso con total sinceridad, cosa que al menos me reconocerá.

Un saludo.

José R. Barrios

Autor de “La industria de género al desnudo” Editorial SND

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