Ha muerto a los 88 años Julián Madariaga, como figuraba su nombre en su DNI. Julen para sus amigos y admiradores. Era el último del grupo de fundadores de la organización terrorista ETA que quedaba vivo. Los progres y separatistas diversos se han vuelto a retratar. Los mismos podemitas del comando digital de Pablo Iglesias y los medios de la extrema izquierda que hace un par de meses se rasgaron las vestiduras escandalizados cuando VOX, las organizaciones de la Guardia Civil, así como millones de españoles de bien despidieron con afecto y gratitud al General Galindo, ahora mantienen un respetuoso tono y se abstienen, por supuesto, de criticar a los dirigentes proetarras como Otegui o Magdalena Iriarte, que han lanzado encendidas loas ditirámbicas y apologías grandilocuentes por Madariaga. Tanto que, por una vez, incluso Twitter les ha cerrado las cuentas.

Madariaga era hijo de un dirigente del PNV de antes de la Guerra, de buena posición económica que se exilió, pero a quien la “terrible dictadura” le dejó volver a España ya en 1942. Más tarde Madariaga perteneció al entonces grupo de miembros de las juventudes del PNV, que en 1958 decidió separarse de su partido, a quien veían como pasivo, inactivo e incapaz de luchar contra el Franquismo, para fundar una organización terrorista separatista. Sin embargo, como nos explicaba recientemente Teo Uriarte, este primer núcleo de fundadores de ETA, separatistas provenientes del PNV y no especialmente marxistas, pronto quedó marginado del liderazgo de la banda terrorista que ellos mismos habían fundado, cuando ya en los 60 la banda se vio progresivamente dominada por sectores que además de separatistas vascos eran profundamente marxistas. No obstante, los fundadores siguieron vinculados a ETA, aunque como terroristas y colaboradores “rasos”.

Madariaga ya en los 80 seguía vinculado a ETA y de hecho poseía una empresa de productos metálicos, que al parecer se encargaba de suministrar los imanes para que ETA fabricara bombas lapa. Por ello fue condenado por la Audiencia Nacional como miembro de ETA. Más tarde, ya en el año 2001, al ver que ETA tenía la batalla “militar”, contra la Guardia Civil y la Policía Nacional, perdida, se apartó de la órbita de HB en la que Madariaga militaba hasta entonces, y se unió a la escisión “Aralar” fundada por el veterano exdirigente de HB Pachi Zabaleta, que propugnaba dejar las armas y una política de unión de todo el nacionalismo vasco. Se presentó como candidato a la Diputación Foral de Vizcaya por “Aralar” aunque cosechó un fracaso electoral.

Quizá una de las pocas verdades que dijo en su vida el asesino “Julen” Madariaga fue cuando declaró en 2014 que reconocía que él nunca vería el sueño de su vida, o sea la independencia vasca, pero creía que tal vez lo verían sus descendientes, añadió, para no reconocer que su vida había sido un total fracaso. Ahora su muerte ha servido para retratar de nuevo a los progres que padecemos en España. Por cierto, en su línea TV3, la antiespañola cadena pública catalana, mantuvo siempre su tono de admiración por Madariaga.

Descansen en paz sus víctimas y todas las víctimas de la organización terrorista ETA.