El pasado lunes estuve en La Inmensa Minoría en un programa dedicado íntegramente a la figura del primer ministro húngaro Victor Orbán. Tanto el presentador, Fernando Paz, como el que escribe, estuvimos de acuerdo en que la salida de Fidesz del Partido Popular Europeo era segura después de la carta escrita por Orbán a Manfred Weber, presidente del PPE, el pasado domingo y portada de los medios húngaros ese mismo lunes. Orbán anunciaba que Fidesz no permanecería en el seno de los populares si se aprobaba la nueva enmienda a los estatutos anunciada a finales de febrero. “Si Fidesz no es bienvenido, no insistiremos en seguir siendo miembros de ese grupo”. Con esa enmienda en vigor, el PPE podría suspender a todo un partido y no, como hasta ahora, a diputados individuales, y hacerlo mediante mayoría simple, sin necesitar el voto de dos tercios del grupo. Además, con este nuevo reglamento, los 12 diputados de Fidesz perderían el derecho a voto, el uso de la palabra durante las reuniones del PPE e incluso su asistencia a los congresos del grupo. 

Según algunos medios, en previsión de la aprobación de la enmienda, los partidos “populares” de los países nórdicos y bálticos enviaban el martes una carta a Weber pidiendo la expulsión de los húngaros. En una jugada habitual dentro de la hipocresía política tan del gusto de la élite de Bruselas, Othmar Karas, líder de la facción austríaca del PPE, señaló que el nuevo estatuto no iba contra Fidesz, para decir a continuación: “Primero tenemos que aceptar las nuevas reglas, luego veremos qué hace Viktor Orbán. Si eso ocurre, creo que la facción estará a favor del suspender a Fidesz”. Finalmente, la nueva enmienda se aprobó el miércoles por la mañana con una amplia mayoría de 148 votos a favor frente a 28 en contra. Orbán, fiel a su palabra, remitía a Weber una carta en la que le anunciaba la salida inmediata de Fidesz del grupo popular europeo. Katalin Novak, vicepresidente de Fidesz, la compartía en redes sociales: “No permitiremos que nuestros eurodiputados sean silenciados o limitados en su capacidad de representar a nuestros votantes… Es antidemocrático, injusto e inaceptable. Por tanto, Fidesz ha decidido abandonar el grupo del PPE de inmediato”.    

Lo cierto es que la situación de Fidesz en el PPE distaba mucho de ser cómoda. Manfred Weber, político alemán de la CSU (Unión Social Cristiana) de Baviera fue durante mucho tiempo un aliado del primer ministro húngaro. En julio de 2013 se debatió en el parlamento europeo el informe Tavares, presentado por el eurodiputado verde Rui Tavares, que acusaba a Hungría de estar encaminándose hacia el autoritarismo. El informe fue aprobado por la mayoría de la cámara, pero el PPE voto en contra. Ya entonces, Orbán comparó la política comunitaria con la Unión Soviética. Pero la buena relación con Weber terminó ante la negativa húngara a aceptar la llegada masiva de inmigrantes y los cupos solicitados por Bruselas durante la “crisis de refugiados” de 2015. La política migratoria convirtió a Orbán en el enemigo a batir a ojos del establishment.   

En septiembre de 2018 el parlamento europeo aprobó un nuevo informe contra Hungría, el informe Sargentini, presentado por la eurodiputada verde holandesa Judith Sargentini, en el que se denunciaba al país magiar por la situación del Estado de derecho. Esta vez los populares votaron a favor del informe, incluido Manfred Weber. No obstante, Orbán ofreció su apoyo a Weber para su candidatura dentro del grupo popular para aspirar a la presidencia de la Comisión Europea. La respuesta de Weber a la mano tendida de Orbán fue que no quería ser elegido con el apoyo de los “populistas húngaros”. En marzo de 2019 el PPE probaba la suspensión de Fidesz dentro del grupo, e incluso el año pasado más de una docena de partidos pedían su expulsión. Por tanto, lo que ha pasado dista de ser una sorpresa.    

La ruptura de Orbán con el PPE tenía que llegar. Fidesz ha ido moviéndose hacia lo que Orbán define como el “iliberalismo”, hacia una derecha cristiana que antepone los valores conservadores y la soberanía nacional, y que defiende la familia y la natalidad. Por el contrario, el PPE se arrastra cada vez más hacia los valores progresistas, la ideología de género, la llegada masiva de inmigrantes y la venta de la soberanía a las instituciones europeas, es decir, a la sociedad abierta que preconiza Soros y todos los palmeros del globalismo.       

La gran pregunta ahora es, ¿a qué grupo se unirá Fidesz? Orbán tiene buenas relaciones con el grupo Identidad y Democracia de Marine Le Pen y Mateo Salvini. Además mantiene una estrecha relación personal con Geert Wilders, el líder del Partido de la Libertad holandés, que visita a menudo Hungría porque su mujer es húngara. Sin embargo, el grupo con el que tiene mejor relación es ECR, el grupo de Conservadores y Reformistas. Dentro de este grupo se encuentra el PiS polaco (Ley y Justicia), su más firme aliado dentro del grupo de Visegrado. También está VOX, de hecho Orbán se ha reunido con Santiago Abascal, IMRO de Bulgaria, Alianza Nacional de Letonia y el partido de Giorgia Meloni, Hermanos de Italia. Giorgia Meloni es la presidente de ECR y una figura cada vez más relevante a nivel internacional con la que Viktor Orban también mantiene una muy buena relación. La semana pasada Orbán envió una carta de apoyo a Meloni, que se ha quedado sola en la oposición ante el nuevo gobierno de concentración de Mario Draghi, señalando los valores compartidos: el sentido común y los valores cristianos y conservadores. Muchos han entendido esta carta como una declaración de intenciones del rumbo que tomaría Orbán si se producía su salida del PPE. Si Fidesz se une a ECR, este grupo pasará a tener 75 eurodiputados, los mismos que Identidad y Democracia y dos más que los Verdes. La incorporación de Orbán y Fidesz a ECR sería una excelente noticia para todos los patriotas europeos.