No suelo ver La Sexta. Lo reconozco. Hace tiempo que me cansé de que intentando venderme intelectualidad, sintiera que, en realidad querían tratarme como si fuera idiota. Es cierto, en general el enfoque de muchos medios de comunicación y las campañas de publicidad nos tratan así, como a idiotas, pero también es cierto que es algo que asumimos cuando sintonizamos determinados programas que después no seremos capaces de reconocer que vemos.

 

Hace tiempo veía algunos debates porque, además de ser lo único medianamente interesante a esas horas y compatible con mis horarios, eran una dinámica manera de seguir la actualidad política. Al tiempo comenzó a resultar ciertamente aburrido, incluso a veces incómodo, pues las formas hacían insoportable el esfuerzo para quedarse con algo de contenido. No mucho después comenzó a verse con notoria claridad la parcialidad absoluta, el machaque y casi intento de hipnosis con determinados mensajes.

Fue, sin duda, lo más llamativo, la retransmisión en directo del Comité Federal del PSOE el 1 de octubre. El hecho de que Al Rojo Vivo decidiera dedicar un programa especial, fuera de su horario habitual (salvo para cubrir hechos tan excepcionales como un atentado), a la defenestración más humillante y salvaje que la política de nuestro país haya dado en los años de democracia, fue muestra de su parcialidad. Porque cualquiera que viera aquél programa pudo ver cómo, de manera innegable, toda la información se encaminaba a un claro objetivo: retransmitir una derrota –planificada con total alevosía y que, por el despliegue de dispositivos por parte del programa de televisión es imposible no pensar que el propio Ferreras sabía con antelación algo que ni el propio Pedro Sánchez intuía-. Sí, ha leído usted bien: el hecho de dar semejante cobertura a aquel Comité Federal del Golpe (aunque a Madina le irrite que digamos eso de “golpistas”), además de tener el ruin propósito de aumentar el escarnio y escándalo, muestra de manera evidente que desde el programa de televisión se tenía información previa sobre lo que los “golpistas” negaban estuviera preparado. En ese momento perdí el respeto a Ferreras. De manera definitiva. Ayudó, también es cierto, su forma de comportarse durante el “programa especial” tratando a tertulianos de la mesa (como Fernando Berlin) con absoluto desprecio por llevarle la contraria en algunas morbosas –y falsas- afirmaciones.

A nadie le quedó duda desde entonces de la animadversión de Antonio hacia Pedro. Y manteniendo su coherencia, siguió demostrándolo en programas sucesivos hasta llegar al pasado 30 de enero. En esta ocasión la pérdida de objetividad es tal, que el periodista utiliza el programa para encararse con Sánchez de manera desafiante, incluso agresiva, humillando al socialista intentando dar de él la imagen de un mentiroso. Es tan bochornoso ver el video que recoge su vergonzosa intervención que bien merecía estas líneas. Porque nos merecemos más, porque ya va siendo hora de que los periodistas que más audiencia tienen en este país sean mínimamente rigurosos y éticos. Que, a pesar de las líneas editoriales que inevitablemente tienen todos los medios, no nos traten como idiotas redomados. Contribuyan, señores periodistas del “prime time” a enriquecer nuestra democracia. Porque no son solamente esos políticos a los que ustedes tiran piedras de manera continua los responsables de que el pueblo esté harto y desesperado. Ustedes se afanan por desprestigiar la política habiéndola llevado al fango para televisar sus miserias.

Publicaba el Señor Ferreras unas declaraciones del exsenador de ERC Santiago Vidal donde éste hacía referencia a una reunión secreta mantenida con Pedro Sánchez cuando trataba de negociar su investidura como Presidente del Gobierno. Vidal desvela una reunión secreta en la que el Secretario General del PSOE le ofrece paralizar los procesos judiciales abiertos contra distintos líderes del independentismo catalán, mientras organizan el referéndum con su colaboración. Son acusaciones muy graves: porque de ser ciertas, situarían a Sánchez del lado de la trampa, la traición a su propio partido cuando aún era SG y, lo que es más grave, asegurar que, de ser Presidente, hablaría con la Fiscalía General del Estado para que paralicen un proceso judicial. Gravísimo.

Ferreras publica, como digo, el video donde el catalán hace estas confesiones en un acto público. Lo hizo la semana pasada. Y cuando las presenta, no informa en ningún momento de la respuesta (si la hubiere) de Sánchez. Da la “noticia” y listo.

Pedro Sánchez, por su parte, escribe un comunicado en su muro de Facebook donde denuncia no haber sido preguntado al respecto, siendo así vulnerado su derecho a la réplica. Explica, además que las declaraciones de Vidal son falsas y que nadie le ha dado la oportunidad de expresarlo.

Llegados a este punto, Antonio Ferreras decide darle un mensaje de vuelta a Sánchez. Aquél usa su Facebook, y éste, su programa de televisión. Y cientos de miles de personas mirando. Escuchando. Atentos a la pataleta del presentador que tiene el arranque de decir que dieron la noticia, que eran las declaraciones de Vidal, pero que no tenían por qué contrastar nada con Sánchez. Que no tienen por qué hacerlo. Y que, además, efectivamente, después llamaron a Sánchez y que éste no tiene ninguna credibilidad. (Y aquí se permite, además, hacer un chiste al respecto). Esta es la manera “objetiva” que tienen algunos de conducir un programa informativo de actualidad política: sesgando las versiones de las cosas, insultando y faltando al respeto a la vista de todo el mundo, y sumarse a una estrategia interna de un partido político que está utilizando todas las artes posibles para destrozar a una persona.

No soy defensora del proyecto político de Pedro Sánchez. Pero no por ello soy ajena a la sensación que me produce la falta de ética, de rigor, de respeto. Esto llega a unos puntos tan lamentables como que me resulta temerario que alguien con tantísima animadversión hacia un político pueda estar capacitado para conducir un programa informativo –como profesional del periodismo-. Permítame que dude del tipo de información que puedo consumir. Y espero que la mayoría de la gente de este país, también lo haga.