Vengo a contarles y contarlas, que la Diputada o Diputado de la Asamblea o Asambleo de Podemos, Isabel Serra, ha sido o sida, declarada o declarado culpable o culpabla de los delitos o delitas de atentado o atentada a la autoridad, lesiones o lesionas leves o levas y daños o dañas. La líder o el líder fue acusada o acusado de estos o estas delitos o delitas durante o duranta una protesta o protesto por un desahucio o desahucia en Madrid en 2014.

Un poco exagerado, sí, pero ¿imaginan hablar todo el tiempo de ese modo? Supongo que será cuestión de tiempo que algunos lleguen a hacerlo, dado el cariz que empiezan a tomar ciertos discursos. No tienen más que poner las noticias y escuchar un rato. Una moda que deja en entredicho el nivel cultural lingüístico de quienes la practican.

Pediría a los españoles que despierten de una vez para que vieran la realidad. Quizá tenga que chascar los dedos y contar hasta tres para que eso ocurra. Por suerte, la mayoría son inteligentes, y este juego les provoca risa. Oír a los políticos utilizar tanto vocablo para transmitir un simple mensaje, desconcentra a la población, y el mensaje se diluye entre tanta verborrea, aunque a veces, para lo que hay que oír…

Todo esto empezó a raíz del actual y absurdo feminismo. ¿Por qué nadie le llama feminisma?

Dicen que vivimos en un heteropatriarcado. ¿Qué pretenden, que vivamos a partir de ahora en un heteromatriarcado? ¿Qué pasemos de oprimidas a opresoras? ¿Por qué no se fomenta que vivamos simplemente en paz? ¿Acaso creen que no existen hombres oprimidos por mujeres?

¿Qué clase de ejemplo recibimos de comportamientos como el de Isabel Serra? Ella se defiende: «Me condenan por manifestarme contra un desahucio». Sería para decirle: «No bonita no. Te han condenado por cometer delitos, no por manifestarte».

La Sala de lo Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia, en su sentencia nº 86/2020, ha condenado a Serra a 19 meses de prisión e inhabilitación para ejercer su cargo, por delitos de atentado a la autoridad, lesiones leves y daños. Los de Podemos enseguida han lamentado la sentencia, poniéndose al lado de Serra.

Lo más llamativo, es que los peores insultos fueron dirigidos a dos mujeres agentes de la Policía Municipal, según versa en la sentencia en su página nº 6. Una de ellas, con nº profesional 7092.0, recibió las siguientes perlas: «Eres cocainómana, mala madre, hija de puta. Con todo lo que hemos luchado las mujeres, contigo se pierde todo. No te quieren ni tus propios compañeros». Y la otra, nº profesional 5537.2, las siguientes: «Hija de puta, puta zorra, que te follas a todos los agentes municipales». «Vergüenza, si fuera tu hijo tendría que cogerte un arma y pegarte un tiro».

El derecho a la libertad de expresión (art. 20 CE) es un derecho fundamental, pero su ejercicio tiene límites y estos están recogidos en la Constitución Española, que tanto gusta leer a algún que otro político en los últimos tiempos.

Y si como decía Carmen Calvo: «Las mujeres tienen que ser creídas sí o sí», ¿por qué dudan del testimonio de las dos agentes? ¿Así tratan a las mujeres cuando no se comportan acorde a sus cánones o no comulgan con las doctrinas que promulgan?

Una muestra más del feminismo actual, de quien por cierto, muchos aún esperamos una disculpa por haberse permitido el 8M, que bien que exigen responsabilidades ahora a Isabel Díaz Ayuso por haber concentrado a unas cuantas personas en el cierre del hospital del Ifema. Ella al menos ha pedido perdón, pero quienes ahora la señalan con el dedo, olvidan los cientos de miles que se convocaron el 8M… ¿dónde está la disculpa de las autoridades pertinentes? ¿Ustedes han oído algo?

Los derechos se ganan con obligaciones y respeto.

La clase y la elegancia quedan de manifiesto en nuestros actos.

La inteligencia se percibe al hablar, y la mayoría de las veces, al callar.

La chabacanería y la soberbia son difíciles de disimular.

La calidad humana se reconoce al asumir responsabilidades.

Las responsabilidades se asumen al alcanzar la madurez moral.