En este cataclismo apocalíptico que nos ha tocado y que  ha venido como el ripio de la llegada de la primavera a una sociedad blanda, moderna, ausente del dolor que guerras y epidemias han causado durante toda la historia, o sea, no acostumbrada, se está produciendo un fenómeno de inmensa preocupación, que estremece, en la avalancha presente y es el llamado triaje. Esa palabreja no es ni más ni menos que la elección, por parte de los médicos (a la que se ven forzados)  de quién tiene derecho a utilizar los medios sanitarios conducentes a su posible recuperación y quién no. La fortuna del ordinal cuando se contaba a los que iban a ser fusilados, que este caso cuenta con “criterios objetivos” por más que la objetividad ya nos dijo Kant que  no existía. Los medios necesarios (“como el aire que exigimos trece veces por minuto”) son en este caso los respiradores, un artilugio de no excesiva complejidad que bien podría haberse comenzado su producción hace semanas, pero que la negligencia  de un gobierno inútil no lo hizo. Un gobierno (de la muerte) presidido por quien solo ha sabido sacar pecho ante el cadáver solitario  de un general muerto cuarenta y cinco años atrás al que no se hubieran atrevido en vida (al que no se atrevieron porque hablamos del PSOE) ni a chistarle.

Pero en estas estamos y además,  haciendo conjuros que desbaraten un futuro maleficio, después de  ver el espanto que produce a ancianitas y a todo tipo de gentes ,por si llegado el momento, se convierten-nos convertimos- en víctimas del triaje. Una elección realizada con “criterios objetivos” en una enfermedad que resulta grave-muy grave- a la que se añaden en los ítems criteriológicos afecciones crónicas o invalidantes. Es decir, que la argumentación médica, por lo que entiendo,  es la de condenar a morir porque no hay más remedio a enfermos graves e irreversibles con patologías previas (¿nos suena?) crónicas o invalidantes-que también suman-. 

Y ante tal espanto no encuentro a nadie, ni oigo a nadie –yo tampoco- que esté dispuesto a aceptar de buena voluntad  la medida (cuando les toque a ellos o a un familiar) y que si no se resisten con las armas en la mano es porque no tienen armas o fuerza en las manos o porque les aplicarán la cantinela que fuere necesaria para que cama sí,  respirador no. Y ante tal espanto no encuentro Adauctos en el 2020 (porque mi tío falleció hace ya mucho tiempo)  

Y me llama la atención que cuando esto ocurre, más bien cuando esto TE PUEDE OCURRIR A TI, no haya un individuo que conozca ni un movimiento expresado en twiter, redes sociales  o digitales al uso, que se muestre favorable, comprensivo, estadístico, progresista en suma, con el  triaje (“¡sí al triaje!, ¡sí al triaje!”). Y me llama la atención porque a propósito de la Ley de Eutanasia preparada por este gobierno de inútiles y adláteres (inútiles también salvo para arreglar la economía bebiendo botellines en la barra del bar) en lo referido a  la interrupción de la vida de enfermos crónicos, graves e irreversible,  su disposición legal-decían- tenía el 62% de españoles a favor. De donde se desprende-yo así lo entiendo- que los sujetos encuestados, hablaban porque tenían culo o  que una cosa es ver el toro desde la barrera y otra estar en el ruedo.