El Fondo Monetario Internacional es un organismo con funciones vinculadas al funcionamiento de la economía mundial. Su importancia es notoria, pero contrasta con la falta de seriedad de sus últimos directores, que han sido protagonistas de situaciones realmente polémicas.

Christine Lagarde, la actual directora del Fondo Monetario Internacional, ha sido declarada, según varios medios de comunicación, culpable por una negligencia. Sin embargo, no se le ha impuesto sanción alguna.

Ciertamente, resulta sorprendente que pueda desarrollarse un proceso penal para que se dicte una sentencia de condena sin pena. Habría que ver las particularidades penales y procesales de la legislación francesa, aunque puede deducirse que la información, que probablemente sea inexacta, se refiere a que, por los hechos probados, debe entenderse que la conducta realizada por Christine Lagarde, de modo imprudente, es atípica, por requerirse dolo para cometer efectivamente el delito analizado en el proceso penal.

Lo peor de toda esta historia no es la declaración de los hechos probados de una sentencia que indica la falta de diligencia de una dirigente política cuando fue ministra en Francia. Realmente, lo más grave es que el Fondo Monetario Internacional ha decidido apoyar a Christine Lagarde.

Los trabajadores de ese organismo estarán contentos con ella, aunque no parecen enterarse de que todos los sucesos polémicos protagonizados por los que han sido directores durante los últimos años lesionan gravemente la imagen y la credibilidad de una entidad que, con mucha importancia política pero escasa autoridad moral, se dedica a imponer la aplicación de medidas económicas de gran incidencia. Además, la falta de rectitud del Fondo Monetario Internacional hace que las directrices que fija no parezcan ser las más adecuadas, pues es complicado que aquellos que no pueden solventar con facilidad los problemas en el interior de una entidad puedan acabar resolviendo las principales cuestiones económicas que afectan a numerosos países.

El Fondo Monetario Internacional debe ser menos exigente con los demás mientras no sea más exigente con sus representantes. Actuar en el sentido contrario a ese podría poner en peligro la propia existencia de la institución.