“Yo no digo nunca lo que creo, ni creo nunca lo que digo, y si se me escapa alguna verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras, que es difícil reconocerla”. Esta frase de no atribuirse a Maquiavelo hace 500 años, podría haberse escrito ahora, incluso dirían las malas lenguas que podría haber salido de la boca del actual presidente del Gobierno. A Maquiavelo le costaría imaginarse que los españoles hubieran podido creerse las innumerables mentiras de Pedro Sánchez, aun así se define a sí mismo como “un político que cumple”. No olvidemos que El Príncipe es un manual rápido de comportamiento.

Guapo, alto y con atractivo personal. Los Médicis de la época de Nicolás Maquiavelo saldrían malparados a su lado, solo hace falta ver la foto de Lorenzo el Magnífico o la de su nieto y compararla con la de Sánchez caminando recientemente por las calles de Nueva York. Sin embargo, detrás de esa fachada, el líder del PSOE manifiesta, según los expertos, “un perfil psicológico con obsesión por el poder y narcisismo”. Por lo que respecta al “vicio de la mala fe o la mentira”, el florentino afirma que “un príncipe (léase político) debe evitar sostener las promesas que considere contrarias a sus intereses".

Tras el éxito de la moción de censura contra Mariano Rajoy, llegó a la Moncloa sin pasar por las urnas. Ciertamente, Maquiavelo le aplaudiría “haga un príncipe lo necesario para vencer y mantener un estado: los medios siempre serán juzgados honorables, y por cada uno ponderados...”. Por consiguiente, Sánchez también ha aplicado la máxima de la conquista y el mantenimiento del poder a cualquier precio y no dudó en aliarse con la extrema izquierda. Tampoco dudó en guiñarle el ojo a los independentistas, fiel al pensamiento maquiavélico. Así creó el primer gobierno de coalición después de 40 años de democracia.

Según Maquiavelo, cuando un príncipe llega al poder a través de la suerte o por el apoyo de figuras poderosas dentro del régimen, al principio le resulta fácil ganar poder. Después le cuesta mantenerlo porque necesita del apoyo de sus valedores, que acostumbran a pasar sus facturas pendientes. Sánchez con respecto a los indultos ha matizado: “No niego que cambié de opinión. Antes la solución era el castigo, ahora los indultos”. No olvidemos que hizo campaña electoral en 2019 garantizando el cumplimiento de las penas, para pasar a proponer el perdón. Además, ha vendido el indulto a los independentistas como un engranaje de concordia para una nueva transición.

Por otro lado, la cuestión no solo está en conquistar el poder, sino también en mantenerlo. ¿Cómo? La réplica del pensador florentino es contundente en este sentido, con el consenso del pueblo. Sánchez ha afirmado recientemente "me gustaría ser recordado por la respuesta a la pandemia, como el político que arregló la economía de España". Nada más lejos de la realidad hasta ahora, ha sido una pandemia de errores, que no se ha caracterizado precisamente por la buena gestión, más bien por la incompetencia y la indignación de la ciudadanía. Ya lo decía Maquiavelo “la mejor fortaleza que existe, es no ser odiado por el pueblo...”.  

El poder, el ejercicio del poder y el arte de gobernar son cuestiones relevantes en el príncipe. Pero ¿cuáles son los vicios que Maquiavelo aconseja como útiles al mantenimiento del Estado? Pues así de claro “la crueldad y la mala fe". En el ejercicio del poder nos encontramos con un cambio en el Gobierno de Pedro Sánchez, y las primeras víctimas del presidente han sido Carmen Calvo, Iván Redondo y Ábalos. Parece ser que Calvo vinculó su salida del Gobierno a que Redondo también cayera. La marcha de Redondo y Ábalos ha sorprendido a todos, porque Sánchez ha dado jaque mate a todos aquellos que le encumbraron al poder.

Sin embargo, ha mantenido a los cinco ministros de Unidas Podemos. Lo importante según el florentino es que el príncipe tenga las condiciones innatas para mantenerse, “que sea astuto como la zorra, fuerte como el león”. Para Maquiavelo, no es indispensable que un príncipe posea grandes cualidades, pero sí lo es que parezca que las posee. Sin duda, Pedro Sánchez es un discípulo avanzado. Y añade, “me atrevería, incluso, a decir que poseerlas y observarlas siempre es perjudicial, mientras que fingir que se poseen es útil; es como parecer piadoso, fiel, humano, íntegro, religioso y, además, serlo realmente”.

Sánchez ha presentado el gobierno de la recuperación con más mujeres, los nuevos ministros del Gobierno tras los cambios son 14 mujeres y 8 hombres. Y, aquí, Maquiavelo no podría estar más en desacuerdo con el líder del PSOE, porque señala que solo los hombres poseen características compatibles con el buen hacer político. Todas sus afirmaciones están llenas de narcisismo fálico: “La fortuna es mujer, y es necesario, si se quiere tenerla sujeta, golpearla y someterla” o, que, “las mujeres han sido causa de muchas ruinas, ocasionando gran daño a los que gobiernan pueblos, y en estos muchas divisiones”.