Si de algo puede sentirse orgulloso el pueblo español es, sin duda, de sus Cuerpos y Fuerzas de Seguridad y de las Fuerzas Armadas que, pese a las grandes limitaciones a las que se han visto sometidos en las sucesivas Leyes de presupuestos, siempre han sabido estar a la altura de las circunstancias, incluso en las más desfavorables.

Estos días se está celebrando en Madrid la cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), una reunión de primer nivel internacional que, más allá de otras consideraciones que no me corresponde valorar, concita la presencia en nuestra Patria de mandatarios de primer nivel mundial lo que nos convierte en el gran escaparate del mundo y, por ello, en objetivo prioritario, al menos sobre el papel, de grupos y bandas terroristas, incluso, debido a la situación coyuntural en la que nos encontramos inmersos, una posible agresión podría tener su origen más allá de estas bandas y grupos de desalmados.

De todas formas, circunstancias como las presentes no deberían constituir una novedad para los españoles ya que, a lo largo de los últimos años, España ya ha tenido que asumir, y lo hizo con plenas garantías en todos los casos, eventos del mismo nivel, incluso superior, a la reunión que tiene a Madrid como escenario en estos días.

Durante estos años hemos sido ejemplo en el mundo entero de como garantizar la seguridad tanto en grandes concentraciones de masas, como en eventos capaces de capitalizar la atención política a nivel mundial.

Me vienen ahora a la cabeza desde el Mundial de Fútbol de 1982, pasando por la Conferencia de Paz de Oriente Medio (1991), los Juegos Olímpicos de Barcelona (1992), la Exposición Universal del Sevilla (1992), las Presidencias de la Comunidad Económica Europea (1989, 1995, 2002 Y 2010), la Cumbre de la OTAN (1997), las sucesivas visitas de S.S. el Papa, la Exposición Internacional de Zaragoza (2008), las Bodas Reales (1995, 1997 y 2004), la proclamación del Rey D. Felipe VI (2014),  la final de la Copa Libertadores de América (2018), la Cubre del Clima (2019), hasta la celebración de los Años Santos Jacobeos, etc., algunos en cuyos dispositivos de seguridad tuve el honor de participar y en todos la profesionalidad de nuestros Cuerpos y Fuerzas de Seguridad y las Fuerzas Armadas sirvieron para poner de relieve nuestras capacidades, sabiendo, merced a la entrega y profesionalidad, salir airosos de todos ellos, convirtiéndonos en un ejemplo a imitar por nuestros homónimos en el mundo entero.

Todos estos eventos internacionales se saldaron sin incidente alguno digno de tener en consideración, máxime teniendo en cuenta que, en muchos de ellos, además de la amenaza procedente del exterior de nuestras fronteras, todavía estaba presente la doméstica, representada por la siniestra ETA cuya actividad criminal se dejaba sentir de forma habitual por aquellos años.

En todos los casos, no regateamos esfuerzo ni sacrificio para sacar adelante con éxito la misión asignada lo que constituye, además de una íntima satisfacción para todos los que tuvimos el honor de participar, un orgullo para nuestros compatriotas que, pese a tener que sufrir en ocasiones los rigores que impone la adopción de altos niveles de seguridad, disfrutaron de aquellas citas internacionales con absoluta tranquilidad.

Nuestra Policía Nacional, nuestra Guardia Civil y nuestras Fuerzas Armadas, en cuyas filas forman profesionales de primerísimo nivel y de una cualificación fuera de toda duda, están curtidas en este tipo de eventos en los que llevan muchos años trabajando desde misiones reservadas, las que no son visibles para el gran público, hasta los grandes despliegues que vemos en nuestras ciudades, aeropuertos, puertos, fronteras, carreteras, estaciones, etc.

La cumbre de la OTAN 2022 concluirá y de ella quedará, para unos, el recuerdo de muchas horas de trabajo y de pocas horas de sueño, y, para otros, la incomodidad del agobio de estos días, sin embargo, a todos nos quedará la satisfacción de que España ha sabido salir airosa de un nuevo trance internacional y que, al menos en eso, seremos, una vez más, ejemplo del mundo.

En mi caso, me siento profundamente orgulloso de mis compañeros y solo lamento no poder estar con ellos, codo con codo, sintiéndome, como siempre, al igual que ellos, seguro bajo la protección del Santo Angel de la Guarda.