Como dijo alguna vez el barbudo de Tréveris, la historia suele repetirse unas veces como tragedia y otra como farsa. Y es que la aparición de VOX guarda no pocas analogías históricas con la división del Partido Conservador dinástico entre datistas y mauristas, que luego se amplió a ciervistas, garciprietistas y demás ralea. Fue un episodio capital en la trayectoria histórica de las derechas españolas. Su génesis y desarrollo es de sobra conocido. En realidad, fue la conclusión de un proceso iniciado en octubre de 1909 cuando Alfonso XIII, el “muelle real”, admitió la dimisión no presentada por Antonio Maura, ante la represión de los sucesos de la “Semana Trágica” en Barcelona y la actitud adoptada por el Partido Liberal de negar su colaboración parlamentaria al gobierno conservador. Tras este conflicto, el prócer mallorquín señaló que se hacía imposible “turnar” con un partido, como el Liberal, donde los “exministros del Rey y los expresidentes del Consejo” estaban “apiñados y revueltos” con anarquistas y radicales. La ruptura se consumó en octubre de 1913 cuando Maura se negó a turnar en el poder con el Partido Liberal, lo que provocó su dimisión de la jefatura conservadora y la promoción, como se dijo peyorativamente desde las filas mauristas, de un conservadurismo “idóneo” presidido por el anodino Eduardo Dato Iradier. La enemistad entre “mauristas” e “idóneos” fue permanente. Sin embargo, la trascendencia histórica de ambas facciones conservadoras fue asombrosamente disímil. Mientras que el maurismo generó una corriente política que, finalmente, con figuras como Antonio Goicoechea, José Calvo Sotelo, Gabriel Maura, Miguel Maura, José Félix de Lequerica, el conde de Vallellano o César Silió, marcó la pauta política entre las derechas españolas prácticamente hasta el régimen de Franco, y que fue capaz de articular un proyecto de regeneración política nacional y de modernización económica, el datismo “idóneo” no significó nada digno de ser recordado. Fue como el agua, inodoro, incoloro e insípido. Su único éxito fue la promulgación de unas tímidas reformas sociales. Dato murió asesinado en 1921 por unos anarquistas. Tan sólo el historiador Carlos Seco Serrano trató infructuosamente de sacarlo del olvido; y es que Dato, para él, era un “centrista”. Desgraciadamente, el maurismo cayó en malas manos historiográficas. Tanto Javier Tusell como María Jesús González Hernández lo estudiaron de modo presentista; y no se enteraron de nada.

Viene a cuento esta reflexión histórica por el peligro que corre, en nuestra opinión, el PP de convertirse de nuevo en un partido “idóneo”. En este caso, el árbitro de la situación, el “muelle real”, no es el patético Felipe VI, que, como se ha visto, tiene menos influencia política que la Tomasa en los títeres –el “augusto cero” o “rey-poste”, que diría el elocuente tradicionalista Juan Vázquez de Mella-, sino los medios de comunicación como El País, paso a paso convertido no ya en el intelectual orgánico de las izquierdas, sino en el maestro Ciruelo del actual régimen partitocrático. Significativamente, el diario de PRISA, con su habitual e insoportable arrogancia, publicaba hace pocos días un editorial titulado “Oposición de Estado”, en el que se instaba al Partido Popular a ser un partido conservador “idóneo”. Y es que para el redactor de El País el partido del melifluo Pablo Casado había dejado de “ajustarse a los parámetros constitucionales” al denunciar que el PSOE estaba muy lejos de ser un partido constitucionalista por su alianza con Podemos y los separatistas. Y es que, según el editorialista prisaico, la Constitución “no declara enemigos”. Sin embargo, se contradice unos párrafos más adelante cuando declara que el auténtico enemigo es, naturalmente, VOX, a quien era preciso aislar, para lo que, tácitamente, pedía la colaboración del PP. Por ello, celebraba nuestro editorialista los recientes acuerdos del PP con el PSOE para apartar a los de Santiago Abascal de todos los cargos de las comisiones parlamentarias. A partir de ahí, pedía, paternalmente, como si de un alumno se tratase, una actitud constructiva en temas como el terrorismo, la situación de Cataluña o la renovación del Consejo del Poder Judicial. El hombre de PRISA partía, por supuesto, de una premisa falsa, que el gobierno actual es un ejecutivo normal, cuando no lo es. Porque no puede considerarse un gobierno normal la alianza de socialistas y neocomunistas bajo la vigilancia de partidos separatistas, de los que depende la estabilidad del gobierno. Estamos en una situación absolutamente excepcional; y debe obrarse en consecuencia. De ahí que las izquierdas más arriscadas manifiesten su nostalgia de la figura patética de Mariano Rajoy Brey. No hace mucho un sofista químicamente puro como Antón Losada, un paleto próximo al Bloque Nacionalista Gallego, decía poco más o menos que con “Rajoy vivíamos mejor”. Era el “idóneo” perfecto para las izquierdas; como Eduardo Dato, centrista, incoloro, inodoro e insípido. ¿Quién daba más?. Su máximo aliado y complemento. Tampoco debemos olvidar que el PP pactó la exclusión de VOX con el patético Rafael Simancas, quien, en un artículo en el diario podemita Público, equiparaba escandalosamente a VOX con el nacional-socialismo; y que consideraba, en consecuencia, que dicha exclusión era “por razones de higiene democrática”. Como si el PSOE no oliera a podrido desde hace décadas, cuando no desde su nacimiento.

Tal comportamiento prefigura dramáticamente la actitud “idónea” del PP. Quede claro que no soy militante de VOX y que, como he señalado en un libro dedicado al partido verde, tengo serios reparos a su programa económico neoliberal. Sin embargo, creo que su presencia pública es absolutamente necesaria para la defensa no sólo de la unidad nacional amenazada, sino de libertades tan básicas como la de expresión y opinión, claramente amenazadas hoy por la izquierda socialista y neocomunista. Sin el desafío de VOX, el PP seguiría su inherente lógica centrista e “idónea”. Como nuevo Gargantúa se tragaría toda la averiada mercancía ideológica de nueva particular loony left, como se hizo bajo la égida no sólo de Mariano Rajoy, sino del aparentemente enérgico José María Aznar López, presunto lector de Manuel Azaña, defenestrador de Alejo Vidal Quadras y, bajo cuyo gobierno, el nacionalismo catalán alcanzó las máximas cuotas de influencia política, social y económica. Por todo ello, el PP, y no VOX, ha de ser un partido emplazado, vigilado y, cuando llegue el momento, censurado y criticado. Aquí y ahora, el “centrismo” no es un práctica política admisible, legítima; es alta traición. Porque el melifluo Pablo Casado ha sido, hasta ahora, incapaz de erradicar a la vieja guardia “centrista”; incluso cabe sospechar si, en realidad, lo ha intentado. ¿Es “idóneo” Pablo Casado?. Yo creo que sí. De todas formas, hay que esperar; ya lo iremos viendo. ¿Cuál será la actitud del PP ante la situación catalana? ¿Tiene algún plan? ¿Su alianza con los detritus de Ciudadanos, si se produce, qué consecuencias tendrán?. ¿Qué dirá en torno a la posible deriva del poder judicial hegemonizado por la izquierda?. ¿Y de la emigración? ¿Seguirá sosteniendo que la “memoria histórica” no es importante, que es un tema menor?. ¿Qué decir de la eutanasia?. Si el PP, finalmente, se convierte en un partido “idóneo” para las izquierdas y para los separatistas, será necesario, como dijo Antonio Maura a Dato, declararle una “implacable hostilidad”. Y si no al tiempo.