España es el único país del mundo donde los colectivos presuntamente izquierdistas, apoyan a los fanáticos religiosos y a los terroristas nazis. Porque resulta que, otra vez, la que se supone la “izquierda más radical”, que es como gusta de bautizarla la caverna más reaccionaria y extendida de nuestro sistema liberal/capitalista, está a favor de la ETA y a favor de Al Qaeda.

 

Porque es evidente, para cualquier observador objetivo e imparcial -para lo cual hay que dirigirse ineludiblemente al extranjero- que la ETA es un grupo terrorista que busca imponer por la fuerza de las armas -no contra el poder financiero, político y mediático de la oligarquía represora, sino contra las nucas desnudas de ciudadanos inocentes, víctimas del mismo sistema que dicen combatir- los privilegios territoriales, culturales, lingüísticos y “nacionales” de una determinada región española, porque consideran que, por el mero hecho de que allí les cagaran, ese hecho aleatorio les ha convertido en seres superiores, más altos, más guapos, más blancos, con los ojos más azules, y por supuesto más listos, más trabajadores y más importantes que el resto del mundo y, sobre todo, que el resto de españoles y, en su virtud, tienen más derechos que nadie.

 

Y ello, cómo no, justifica que paguen menos impuestos y que tengan bulas y fueros distintos y por encima del resto de la basura españolaza que han pretendido eliminar a base de asesinatos, amputaciones y secuestros. Porque no otra cosa es, y ha sido siempre, ETA: un grupo de “liberados” que tratan de afianzar privilegios eternos, por la fuerza de sus armas contra gente desarmada, en virtud de su superioridad racial, étnica, cultural, territorial y lingüística en nombre de “su” socialismo nacionalista, esto es, de su NACIONALSOCIALISMO.

Y Al Qaeda, con todas sus filiales, secuelas y escisiones, no son sino una banda, multitudinaria, inmensamente rica, amparada, apoyada y creada por el imperio sionista yanqui, que basa toda su represión, sus asesinatos, violaciones, amputaciones, degüellos y atentados brutales, en su superioridad religiosa y étnica, en que su dios es el único y verdadero, en que, si no rindes sumisión a sus creencias, mereces la muerte, dolorosa y terrible, por infiel y por hijoputa, esto es, el FANATISMO RELIGIOSO.

211221-851-357

 

Y la izquierda, que debería ser internacionalista, antirracista, antiimperialista, laica, atea, y defensora de la igualdad, la libertad de conciencia, expresión y religión, acepta como bueno el FASCISMO represor que pretende imponer PRIVILEGIOS, en función de los fanáticos delirios nacionalistas o religiosos de dos bandas organizadas de torturadores y asesinos, ETA y Al Qaeda.

 

Como falangista de izquierdas, aborrezco de cualquier tipo de privilegio para nadie. Pero mucho más si está basado en supremacías raciales, nacionales o religiosas.

 

Ahora bien, dicho esto, no sirve el “son de ETA” permanente como única acusación contra Podemos. No sirve repetir como un mantra una y otra vez que, quienes votamos y apoyamos a Podemos somos poco menos que etarras y apoyamos a la ETA y a los separatistas. ES MENTIRA. Y, quienes promueven tal basura argumental, lo saben.

Ahora bien, dicho esto, no sirve el “son de ETA” permanente como única acusación contra Podemos. No sirve repetir como un mantra una y otra vez que, quienes votamos y apoyamos a Podemos (acumulando nuevamente decepción tras decepción en virtud de las banderas que ha ido arriando y abandonando a cada paso en su ascenso al poder castuzo) somos poco menos que etarras y apoyamos a la ETA y a los separatistas. ES MENTIRA. Y, quienes promueven tal basura argumental, lo saben.

 

Ya está, de nuevo, la caverna reaccionaria y represora, tratando de ejercer el linchamiento público contra todo lo que suene a Podemos, a alternativa al sistema repugnantemente caduco que padecemos y que solo sirve para garantizar los privilegios de unos pocos.

 

La reacción suelta una consigna por las redes sociales y medios de comunicación y la derecha, con la extrema derecha mamporrera a su cabeza, se limita a viralizarla y repetirla millones de veces sin pararse un solo minuto a reflexionar sobre su autenticidad y, sobre todo, sobre su alcance.

 

Como víctima del terrorismo que soy, considero que no es de recibo hacer representaciones teatrales para niños pequeños donde se viole monjas; y tampoco donde se apuñale y ahorque policías, banqueros y jueces (aunque lo merezcan) y se exhiba una pancarta que, en un nada sutil juego de palabras, reivindica a asesinos, nazis unos, y fanáticos religiosos, otros.

 

Pero la ley y la cárcel no se idearon para encerrar actores. Ni para entalegar poetas, filósofos, literatos o escritores. La cárcel es para encerrar a los que se aprovechan y abusan del pueblo. Para quienes le perpetúan en la miseria. Para quienes viven a su costa nadando en la abundancia, para los que han hecho del expolio y el sometimiento popular su profesión mientras el pueblo perece, sin vivienda, sin trabajo y sin derechos. Es decir, para los políticos profesionales, los periodistas vendidos, los religiosos que abusan de los niños y amparan oligarcas mientras enseñan represión, los monarcas vividores, los policías corruptos y los banqueros sin distinción.

 

La cárcel jamás debería ser el destino de NADIE en virtud de lo que escriba, piense, lea o represente. Una sanción, vale. Una multa, o una inhabilitación profesional, por escandalizar y perturbar la paz y las mentes de los niños inocentes, que es, precisamente lo que olvida la caverna reaccionaria cuando realiza sus condenas públicas y sus peticiones de linchamiento; lo mismo que mira hipócritamente hacia otro lado cuando son los curas de su religión los que abusan y someten a miles de niños por el mundo (“al que escandalice a uno de estos pequeños, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar, Mateo 18.6) Tan sólo eso. Nada de mártires de la cultura. Basta de hipocresía y de linchamiento público de quienes, cada vez menos, es verdad, están moviendo el sillón de los oligarcas de siempre para que sea el pueblo quien se autogobierne, sin amos ni banqueros.