A lo largo de la etapa constitucional la actuación de eso a lo que de forma arcaica llamamos derecha ha sido, y continua siendo, un bochorno para la tradición y los tradicionalistas españoles, que vemos como los partidos políticos liberales tergiversan nuestras ideas de siempre. Mientras los medios de comunicación nos recluyen en guetos ideológicos y nos presentan como desequilibrados mentales potencialmente peligrosos. Los conservadores no tenemos ningún peso político, y en cuanto pueden  los partidos reniegan de nosotros para no contagiarse de nuestra lepra ideológica, o más bien para que los medios a los que directa o indirectamente rinden pleitesía no les tachen de conservadores, o dicho en rigor periodístico, es decir ninguno: fascistas, extrema derecha, y demás términos que además de demagogos están pasados de moda.

 

Esta situación, nos dice la experiencia, es terrible para el votante de derechas post-partido popular; que confundido por las humillaciones infligidas por un partido primero conservador, luego liberal y hoy social demócrata-globalista, empieza a sospechar, cada vez que ve titubear a uno de sus dirigentes, que la fuerza de los que prometen ser nuevos conservadores se tambalee y caiga por derroteros azuloides. Sería lamentable que llegados a este punto esa esperanza esmeralda perdiera su prístino vigor y lozanía sumida en los mares de la moral cortesana –corrección política– y tormentoso juego de la propaganda política. Este es el momento oportuno para hacer revisión crítica, sobre todo cuando se tiene un ejemplo tan próximo en el tiempo de cual es la actitud bobalicona a evitar. Pero no solo basta con dejarse la barba a lo maestre de campo, es fundamental –por ser problemas de esta clase– hacer una exhaustiva revisión de principios a fines.

 

A continuación expongo cuales son, bajo mi punto de vista, los problemas que impiden formar un verdadero frente conservador en la España actual, y quiero advertir en este punto al lector que atienda bien a lo que aquí se expone, que si bien los primeros problemas le pueden parecer complejos, que llegue al final para comprenderlos, y este sentido me disculpe si le requiero un poco más de esfuerzo del ordinario.

 

  1. Problema filosófico o de pensamiento.

 

El primero y más fundamental de los problemas es el que se da en el sustrato último del pensamiento. La tradición filosófica de España es aristetélico-tomista. La hispanidad no puede entenderse sin la religión católica, es de donde viene este pensamiento cuidado y transmitido por la escolástica. El aristotelismo-tomismo es una forma de pensar que entiende y mira más allá de las cosas que nos rodean, entiende que los fenómenos tienen una causa racional, y que fe y razón son dos visiones de los mismo, perfectamente conjugables y complementarias. El Doctor angélico reforma la metafísica de Aristóteles y nos da la posibilidad de un Dios creador que hace a las personas a su imagen. Por eso el concepto de persona es cristiano a si como la dignidad, y es esta la causa de que los derechos humanos sean un descubrimiento de la iglesia católica.

 

Sin embargo los partidos de derechas renunciaron a esta tradición santa que sus padres les habían transmitido el día, que por desgracia, se proclamaron liberales. Y esa proclamación tiene implicaciones mucho más profundas de lo que aparenta a primera vista. El liberalismo es una doctrina que encuentra sus bases en el racionalismo matemático – al igual que el marxismo– y trata de imponer una fórmula a priori para problemas económicos irresolubles, formula que ha de imponerse por vía de la coacción política porque en la naturaleza del hombre esta el querer conservar lo suyo y proteger a los suyos y no en traficar con ellos. La libertad de comercio es fruto también de la doctrina escolástica y encuentra su remota raíz en el principio del libre albedrío de inspiración escotista, hecho que prueba la experiencia del florecimiento comercial en las plazas de Europa. El liberalismo es un doctrina que a pesar de sus reformadores y revisionistas no solo lleva consigo la libertad de comercio, si no que hipostasía una libertad viciosa e ilimitada que termina con la libertad: desde los ultrajes a los obreros industriales al globalismo actual, el liberalismo es impío y supone la vuelta al reinado del jefe tribal que posee todos los recursos; supone una ensoñación para la clase media, que se ve tentada a probar suerte en busca del ansiado monopolio prometido pero que termina desprotegida ante las aspiraciones mesiánicas de los que acumulan el capital. El liberal, a fuerza de la mala enseñanza positivista del derecho no a entendido su sentido, de dar a cada uno lo suyo y hacer posible que las personas ejerzan su libertad. El liberal no entiende que la condición posibilitante de la libertad son sus límites, y que la falta de límites —normas jurídicas– no hace hombres libres si no masas de esclavos al servicio del poder.

 

  1. Problema de la pérdida del discurso moral.

 

Cunando la Derecha asume la tesis liberticida pierde toda autoridad moral ante la izquierda –por ejemplo las dificultades del liberal para defender la vida frente al aborto– porque renuncia a la moral misma. Esto se produce porque el elemento constitutivo de moral es la libertad y paradójicamente lo que hace el liberalismo es destruir la libertad y con ello toda posibilidad de construir un discurso moral como hace la izquierda, que al entender el principio de autoridad y regulación se adueña de una dialéctica no solo moral, si no también moralizante que es capaz de convencer esta vez a los menos favorecidos y a las almas piadosas confundidas por la inmoralidad liberal. Aun así el marxismo es la otra cara de la moneda, en este caso impone tantos límites a la libertad que la termina asfixiando, y crea sociedades estáticas incapaces de progresar económica y socialmente. Tanto liberalismo como comunismo son ideologías que parten del mismo punto: racionalismo materialista y en consecuencia ateo. Ahora bien, hay liberales piadosos que fueron embaucados por causa de su repulsa al comunismo, pero que se esfuerzan por cristianizar el liberalismo; al final terminan recuperando su herencia católica que es de la que nunca debieron marcharse, se dicen liberales primero por confundir las cosa y después por conservar el orgullo intelectual, pero no son verdaderos liberales.

 

Los conservadores somos en lo que atañe al pensamiento el término medio entre estos dos extremos; extremos que hoy se entiende a la perfección y que cooperan en el mundo para destruir al cristianismo. Sostenemos que es deber natural conservar lo que se ama, y lo que amamos porque somos buenos hijos, es lo que nos dio nuestro creador y nos transmitieron nuestros padres; también que el hombre es libre y debe ejercer su libertar dentro de los límites que la posibilitan, y que los más desfavorecidos merecen la mayor atención y protección. Esto es la prudencia cristiana inspirada en la prhonesis de nuestros padres griegos, y esta basada en la experiencia de que la armonía y el orden, el término medio conduce al fin del hombre que es la felicidad.

 

Esta es la razón de que al votante de derechas le fascinen los nuevos movimientos patriotas que proponen orden, libertad, y tradición. El que no comprenda esto no ganará nunca votos de derechas, y puede que algún iluso piense que triunfará una derecha liberal, en fin, también es sorprendente que el comunismo siga con tantos adeptos. Es lo que propio del positivismo: la incultura generalizada. El ejemplo claro de esto es el partido Ciudadanos, se desplazó del patriotismo moderado al puro liberalismo y ahora es el felpudo de la izquierda.

 

  1. Problema la educación. El positivismo popular.

 

La educación, a diferencia de lo que afirman demagogos de todo género, es una creación de la iglesia católica que se encargó de preservar el conocimiento de los saqueos y desamortizaciones, e institucionalizó la universidad –común, universal– como método de enseñanza, lo que no debe confundirse con la paideia griega reservada solo a la aristocracia. La iglesia siempre ha estado preocupada en educar a las personas y velar por sus derechos –lo que le trajo y le trae fuertes conflictos con el poder civil– pero además no solo quiso hacer hombre obedientes al poder del monarca o los dogmas de la iglesia, si no hacerlos capaces de comprender el porqué de las cosas. La educación ha cambiado mucho desde entonces, y a perdido su finalidad. El racionalismo matemático, en lo que se basa prácticamente todo el conocimiento actual, no explica nada si no que expone hechos. Esto lo podemos ver en la forma de educar, en la que el estudiante memoriza ingentes cantidades de fórmulas matemáticas, o de datos teóricos pero termina siendo un inculto que no sabe nada más que aplicar un procedimiento a priori. Durante su etapa escolar se dedica a vomitar datos que no comprende, y acaba en un trabajo aplicando un procedimiento mecánico. Esto es especialmente grave en las humanidades cientificadas a las que se apoda ciencias sociales. Resulta espantoso el estudio positivo del Derecho o de la Economía, pues supone una condena de por vida al desencanto laboral: ramas del conociendo que implican tantos intereses y tradiciones se limitan a producir salmistas de los preceptos positivos del poder político.

 

Para aquellos cuyos padres han caído en las garras del liberalismo es difícil optar por una carrera con implicaciones morales, o bien les dirigirán al estudio de humanidades cientificadas o de ingenierías técnicas: todo lo que atienda a la máxima de “escoge la carrera con salidas” presuponiendo que la única salida es  que mayor beneficios económicos reporte, y no la que mayor satisfacción espiritual nos de; como si el dinero fuese más satisfactorio que la profesión vocacional, luego resulta chocante ver a esos mismos padres que han inspirado al hijo el pragmatismo del avaro quejarse de que la docencia es en su mayoría está ocupada por las izquierdas, pero es que no puede ser de otra manera ya que ellos mantienen el discurso moral y se rigen por imperativos morales, y en consecuencia transmiten sus alumno sus propias máximas morales.

 

Mientras la derecha siga atrapada por el liberalismo la educación seguirá copada por la izquierda. Ya puede ganar Vox las elecciones cincuenta veces que el votante derechas seguirá trabajando con niveles de estrés frenéticos al servicio de grandes empresas, mientras el de izquierdas seguirá ocupando su puesto en la administración, y esto quede claro, no es culpa del de izquierdas si no del de derechas que ha abandonado la moral cristiana y se tragado la paradoja del imbécil. Necesitamos con urgencia profesores conservadores, no por imponer una ideología, si no porque una sociedad para ser sana necesita estar equilibrada.

 

A esa devastadora visión pragmática de la educación consagrada al lucro material la llamo positivismo popular, porque ha penetrado tanto en la sociedad que merece un término folclórico, y por asumirse como natural, a pesar de los esfuerzos de los profesores por despertar a sus alumnos de tales ensoñaciones.

 

  1. Problema del arte. El abandono estético.

 

El abandono moral es indisociable del abandono estético, el arte es la expresión estética del pensamiento del pueblo. La derecha al hacerse liberal ha abandonado con ello la posibilidad de expresarse moralmente, y no le queda más que expresarse a través del consumo –como  a todas las personas no interesadas o educadas en moral alguna, que hoy lamentablemente son muchas– las compras compulsivas son un síntoma de insatisfacción estética redirigida a otro objeto. Aquello que puedo hacer para mostrar lo que pienso. No es infrecuente ver personas con recursos limitados en posesión de objetos de alto valor económico, instrumentos –ropa, móviles– que nos necesarios para cubrir las necesidades naturales, incluso implican tener que endeudarse, y que revelan la moral del consumismo: la posesión de la novedad antes y por encima de los demás. En la misma linea que en el punto anterior, el abandono de moral supone el abandono de los oficios artísticos que son copados por aquellos que están en posesión de una retórica moral; porque nadie va ha hacer una película sobre lo positivo que resulta escoger la carrera de las muchas salidas. El arte trata de la justicia, la belleza, del bien, vistas bajo el punto de vista del artista, y en consecuencia el arte lo hacen los que se dedican a tales oficios. Una estética por tanto monopolizada por la izquierda gracias de nuevo a la mentalidad racionalista liberal que posee a la gran mayoría de la derecha.

 

Esta circunstancia tiene consecuencias gravísimas para la pluralidad ideológica a la que aspira una sociedad sana, todo esta dirigido a un pensamiento único, ya no por malicia si no porque los que se quejan en su mayoría se han desentendido completamente de la cuestión, han interpretado que es mucho mejor dedicarse a un oficio que de dinero, que ofrezca la posibilidad de ser más que los demás y esta actitud hostil contra el mandato evangélico les devuelve el fruto de su traición. Ahora recogen lo que sembraron y ven que no se preocuparon de la tierra donde sembrar, y resulta que ya no hay nada que sembrar.

 

En este sentido, le pese a quien le pese, la obra del literaria de Pérez-Reverte tiene una importancia vital, pues es la expresión desencantada del abandono moral. Bajo mi punto de vista sus novelas reflejan la actitud escéptica de una moral desencantada que a fuerza de desengaños se ha abandonado al pragmatismo de sus enemigos, pero que sin embargo hace notar el deseo oculto de recuperar los ideales, y alabar los actos de valentía aislados en una sociedad desmoralizada. Reverte con su última novela ha molestado mucho a la izquierda, no porque muestre una visión moderada de la guerra civil, que también, si no porque destaca valores que están por encima de la ideologías, colocándoos en una categoría superior, lo que no se sin querer o queriendo, desmonta el discurso postmoderno de la moral nietzscheana, y golpea con dureza al fanático de cualquier clase que fuere. Lo mismo sucede con nuestro pintor batallas, Ferrer-Dalmau, que con su genial pincel ha demostrado que la tradición tiene mucho que dar de si. Da la casualidad entonces que nuestro pintor y nuestro novelista más brillantes realizan trabajos que superan con creces al arte postmoderno, y eso es señal suficiente para ver que el abandono es superfluo.

 

En conclusión

 

Hasta aquí creo que se entiende a donde quiero llegar. Modestamente opino que estos cuatro problemas fundamentales, que en realidad son partes de uno general, clarifican la cuestión y he tratado de expresarlo de un modo que el lector pueda ver con sencillez cuales son los males que diezman la hispanidad en España en el momento actual. Si en algún momento ha pensado el lector que somos nosotros mismos el principal problema de estos males yo no he fracasado del todo al explicarme. La izquierda no es nuestro enemigo principal, aunque practique con nosotros el matonismo carcelero no deja de ser el adversario natural. Que exista una izquierda que se nos oponga es necesario no solo para equilibrar la sociedad si no para determinarnos y no caer nunca en la desfachatez o en el absolutismo –es el el objetivo del pluralismo político en democracia–, una de las cosas que más sal le da a la vida son los amigos opuestos ideológicamente, esto hace las conversaciones educadas entretenidas, satisfactorias y ayudan al crecimiento personal. Tampoco es sano para la izquierda convivir con una derecha aletargada, ya que por naturaleza se producen los abusos que vemos hoy en día. Los de una izquierda abandonada a si misma que está acabando por convertirse en una máquina totalitaria. Esto sucede por que la derecha ha hecho dejación de funciones durante demasiado tiempo.

 

Ahora hay muchos conservadores que ven las cosas muy negras, pesimistas que echan la culpa de sus males a la juventud “adormecida”, o nostálgicos que sueñan con epocalidades gloriosamente fenecidas. Otros no ven una salida al atolladero y piensan que es el final del los valores tradicionales. Todas estas actitudes son pestilentes y merecen repulsa, primero porque los valores universales son eternos, y segundo porque difunden el desánimo entre unos compatriotas que se enfrentan a una situación muy delicada. Hoy hay muchos motivos para la esperanza, y sostengo al igual que hace un año que estamos viviendo el final de una época de decadencia. Vox es la prueba de que la balanza se equilibra, de que la derecha es rescatable del abandono moral y las garras del liberalismo. El PP es un partido condenado al fracaso, aguanta por su estructura, pero como ya escribí en otro artículo –que pueden ver más abajo si les apetece– La formación social demócrata ya no es un partido moral, sobrevive por la estructura que ha forjado durante cuarenta años y sin embargo el voto ideológico es para la formación de Abascal, al que su carrera de sociología le ha servido para pasar de estar solo en un banco con un altavoz a entrar con cincuenta y dos diputados en el congreso y subiendo. En consecuencia suponemos que es un gran sociólogo, a diferencia de sus colegas de profesión que no parecen tan buenos en sus carreras ¿por qué será?.

 

Vox es un partido sano para la sociedad española, al igual que lo son el resto de movimientos patriotas en sus países. Ha terminado una época si, pero eso que termina no es el cristianismo como querrían los postmodernos, si no que lo que se termina es el postmodernismo que esta ya en su crepúsculo, lo que demuestra la degeneración de sus ideales y de sus movimientos sociales. Se ha creido con una importancia que nunca ha tenido y está acabado. Con el tiempo a la izquierda se le pasará la pataleta, cuando asuma que el reaparecer de los conservadores no es un espejismo, tendrá que convivir con nosotros y muchos se desencantarán del marxismo por haber llevado las cosas a los extremos de hoy. Todas esas sandeces del género, sofismas y desordenes por el estilo que verán como nostálgicas vivencias de juventud, y esperemos que en este nuevo contexto la izquierda sea capaz de moderarse y no abandonar la tensión del debate cultural, pues lo propio en las buenas familias es que todos hablen. Que a nadie se le olvide que el votante de izquierda es un compatriota.

 

Sirva a demás para los que aconsejan el viraje liberal, desistir en toda doctrina infecunda y abstenerse de tentar a los que tienen encomendada su misión por delegación soberana de conducirlos hacia derroteros liberales. Los votantes de Vox no merecen un PP dos, si no un partido hispanista que recoja doctrinas tradicionales de la nación y no batiburrillos pitagóricos de intlectualoide urbanita dedicado a sus extravíos de salón.