Los pasos para resolver un problema son: asumir la realidad de la situación, reflexionar sobre sus causas, y proponer soluciones. 

El problema principal de la resistencia patriótica es que se niega a aceptar hechos fácticos: El globalismo ganó la partida a mitad del siglo pasado, no nos encontramos en un estado de pugna por dos cuerpos doctrinales igualmente apoyados por la sociedad, el estado de cosas actual es de destrucción de los últimos resquicios tradicionales. 

En este momento la mayoría de la sociedad ha interiorizado los dogmas del cientificismo y el racionalismo dogmáticos, la mayor parte de la población se adhiere a pensamientos políticos salvíficos y considera la racionalidad práctica en términos no-descriptivistas o dicho de otra forma creen que la conciencia del hombre sea una serie de procesos determinados por circunstancias ajenas a la voluntad –como si el humano fuese una máquina replicable– negando la condición posibilitante de la moral; esto se traduce en que el relativismo moral es la norma general, común y aceptada.

Este relativismo epistemológico –del conocimiento– conduce a la sociedad a un escepticismo paranoide a toda posibilidad metafísica, al conocimiento de aquello que pueda transcender a percepción e incluso a la propia percepción las “esencias”  ―concebidas conceptualmente– como elementos del conocimiento determinados a priori y no como entes indemostrables. Esto supone dos cosas: la primera es que no se puede conocer lo que las cosas sean: no hay géneros ni especies ni unidades plurales, por lo que lógicamente nada admite definición si no que todo debe definirse por su particularidad, es decir que hace a las definiciones imposibles, por eso en casos que paranoia escéptica extrema se crean cuerpos doctrinales en las que no hay distinción entre hombres, animales, plantas, mujeres niños, porque son términos que llevan implícita una definición, y sin querer vuelven a crear una especie de panteísmo metafísico en lo que todo es sustancia desconocida, y así el triunfo de las religiones orientales mal explicadas, peor entendidas y en consecuencia practicadas. 

La segunda es la incapacidad de realizar actos de fe. El escepticismo muchas veces se vuelve orgulloso –como vemos con el cientificismo– y solo cree en los que considera como fáctico: en aquello que se percibe tal y como se percibe por mucho que no tenga nada que ver con la realidad del objeto percibido, el Ser es lo percibido –en términos de Berkeley– hay una correspondencia absoluta entre ser-pensar que es la interpretación de la las posturas antimetafísicas, pos-modernas, de la crítica hermenéutica actual, que ya no es crítica si no postura hegemónica. Lo fundamental de esta actitud gnoseológica es que impide aspirar a algo más que a lo percibido,a ese acto humilde del cristiano que renuncia a su omnipotencia y reconoce sus propios límites cognoscitivos e imagina una voluntad más grande e ininteligible que la suya, así reconoce un padre creador, se personaliza y sale de la cosificación como ser digno de ser amado. 

La consecuencia de todo esto es que las iglesias están vaciás, los jóvenes cristianos no son dogmáticos, un crítica falta de vocaciones, y una iglesia que se ha extraviado por los mismos derroteros que la sociedad, a pesar de la esa pequeña división de religiosos y laicos que pelean cada día por la libertad, el bien, la belleza y la verdad, la caida del cristianismo en Europa es un hecho.

A mi juicio hay muchos patriotas que se encuentran en esa fase de negación, y me parece que es perjudicial para los intereses de la tradición tener esa actitud, es muy evidente que los globalistas han ganado, pero eso no quiere decir que tengamos que rendirnos, abandonar nuestra lucha, o aislarnos en guetos estilo amish, tampoco que debamos insistir en unos ideales que son inaceptables para la sociedad actual por que es una postura que solo nos conducirá a un fracaso tras otro, ni por su puesto caer en la tentación de pensar que todo este entuerto se soluciona con vox ganando las próximas elecciones. 

 

La que en el fondo necesita el tradicionalismo-patriotismo es una reformulación, una renovación doctrinal del pies a cabeza, no se trata de abandonar las ideas de siempre, sino de buscar una forma distinta de transmitirlas, y esto no quiere decir que hagamos las misas protestantes, que canturreemos con la guitarrita o que mostremos una actitud delirante ante el personal repitiendo mantras como “Dios es amor” entre otros fideismos pintorescos, tampoco que los políticos de Vox entren en el juego trumpesco de lo impropio, son estas banalidades que no conducen a nada, se trata adoptar una actitud seria, de rescatar los axiomas fundamentales de nuestra doctrina de siempre: Dios Creador, Alma inmortal, y mundo como ideas posibilitantes de la ley natural, de la conciencia del hombre, y en primera y última instancia de su libertad, y presentarlos de tal manera que la sociedad pueda ir dirigiéndolos e incorporándolos como suyos. 

 

Esta tarea requiere de renunciar a todo agresividad, a todo intento de irrupción inmediata o de imposición legislativa; ese tipo de postura crean el rechazo frontal a una doctrina –los globalistas lo saben– y poco a poco han ido transformando sus doctrinas, adaptándolas, e reincorporarlas pacíficamente a las legislaciones internas y externas, de forma que las personas se han ido acostumbrando tan poco a poco que no se han dado ni cuenta, incluso uno mismo puede sorprenderse teniendo un pensamiento o actitud cientifista-racionalista, pues no vivimos aislados del mundo en el que vivimos.

 

En conclusión el principio de la solución consiste en aceptar que estamos utilizando cargas de caballería contra carros blindados, que solo podemos hacer frente utilizando las misma armas, y en consecuencia nos toca hacer un trabajo de ingeniería filosófico-política enorme y que dicho trabajo nos puede llevar varias décadas, de no hacerlo, de no insistir, de no potenciar nuestros recursos por mucho que las elecciones las ganen nuestros políticos no les quedará más remedio que financiarse de globalismo y terminarán cayendo en sus garras, que es lo que en el fondo le ha sucedido al PP. 

Hay que insistir mucho en el pensar, se nos dice desde el globalismo que la filosofía ha muerto, ese es el gran engaño, hacernos técnicos autómatas sin conocimiento de lo fundamental de lo que aplicamos, trabajadores en fábricas y despachos que repiten una y otra vez un mismo proceso sin saber lo que ese mismo proceso significa,  partes de una máquina que desfilan cansadas  cada día por el sucio metro, esperando que llegue el fin de semana para evadirnos de nuestra desmoralización consumiendo sobre estímulos y novedad, pero somos mucho más que eso, somos criaturas dotadas de libertad, y en consecuencia amadas por nuestro Dios padre, aspiramos a toda dignidad y no reconocemos más autoridad.