¿Qué tenemos nosotros contra la lejana Rusia? Nada. Entonces, ¿por qué nos tenemos que meter en una guerra que ni nos va ni nos viene? Allá se las arreglen con su vecina Ucrania, ¿a nosotros qué más nos da?

   Ucrania no pertenece a la Otan, por lo tanto no estamos obligados a intervenir en esa guerra contingente. Nos da igual si Rusia tiene derecho, o no tiene, a invadir Ucrania, y nos da igual si invade o si no invade.

   En 1939 Alemania, alegando los motivos que fueran, invadió Polonia, y entonces Gran Bretaña y Francia por ese motivo declararon la guerra a Alemania. ¿Resultado? Una guerra de seis años, cincuenta millones de muertos y media Europa y Japón destruidos.

   ¿Y ahora queremos volver a las andadas? Allá se las arreglen rusos y ucranianos, nosotros neutrales tenemos que permanecer, como en las dos guerras mundiales.

   El enemigo no está tan lejos, Rusia no es nuestro enemigo, Rusia no es culpable (“Rusia es culpable” se decía en los años cuarenta), no tenemos por qué mandar una División Azul (más bien roja sería hoy) al frente ruso contra un comunismo que ya no existe allí (aquí sí, por el contrario).

   Al enemigo le tenemos aquí mismo. El enemigo en casa, la quinta columna, el peor de todos. Como dijo aquél (Amadeo Primero de Saboya), los peores enemigos de España son españoles. Y luego tenemos al enemigo del otro lado del estrecho. Nos manda indigentes (ahora hay que decir vulnerables) tanto blancos como negros, y drogas, y nosotros les permitimos traer a Europa sus productos agrícolas que compiten con los nuestros, y además no dejamos de recompensarles con buenos millones de euros de vez en cuando, para que nos hagan el favor de no mandarnos tantos inmigrantes ilegales (ahora hay que decir migrantes, lo de ilegales ya no se puede decir).   

   En resumidas cuentas, que si los americanos no quieren que Rusia se haga más grande y fuerte a costa de Ucrania, que se metan en la guerra ellos, a nosotros que nos dejen en paz.