Tan solo unas semanas atrás, Pedro Sánchez se colgaba “la medalla de oro de la vacunación”; añadiendo: “Imaginen un país que va primero en vacunación y que lidera las previsiones de recuperación económica. Ése es nuestro país”. Todo por la vacunación, ¿no? Al menos eso nos ha vendido el relato heroico que exigía sacrificios ímprobos a la población “para poder parar este virus”. Siempre y cuando no se cruce entre medias la necesidad de permanecer en el poder, claro. Hace unos días me ponía sobre aviso un amigo, de cuyo nombre no quiero acordarme, al compartir conmigo una valiosa labor de información relativa al desarrollo de la vacuna que procedo a exponer a continuación de forma casi idéntica a como la he recibido: saquen sus propias conclusiones. La crónica empieza el 25 de enero de 2021. Ese día, el Presidente del Gobierno de España Pedro Sánchez visitaba la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) acompañado de la directora del mismo organismo, María Jesús Lamas, y del Ministro de Sanidad saliente, Salvador Illa. Sánchez agradecía entonces al exalcalde socialista reconvertido a Ministro los servicios prestados y le deseaba suerte como candidato a las próximas elecciones catalanas mostrándole, con la verborrea publicitaria habitual, su “eterna gratitud que como servidor público que también soy, te tengo”. A finales de enero de 2021 Sánchez anunciaba quién sería el sustituto de Illa en el cargo: la elegida era Carolina Darias, hasta entonces Ministra de Política Territorial.

El 16 de abril de 2021 Sánchez se mostraba “muy esperanzado y muy ilusionado” tras visitar en compañía de la Ministra Darias y del entonces Ministro de Ciencia, Pedro Duque, las instalaciones que la farmacéutica HIPRA, una empresa dirigida por David Nogareda, vicepresidente de la Federación de Empresarios de Cataluña (FEMCAT). HIPRA es una organización de empresarios catalanistas vinculados al aparato político de la Generalidad y tiene en la localidad de Amer, en Gerona, su sede: “Queremos trasladaros que el Gobierno de España va a apostar por vosotros va a apoyaros para tener una vacuna española en 2021”. Nogareda ha firmado varios manifiestos a favor de la independencia de Cataluña y, además, como ha publicado OkDiario, ha defendido “el derecho a decidir de Cataluña”. A nivel empresarial, “Las pretensiones de la compañía son fabricar 400 millones de dosis a lo largo de 2022, alcanzando los 1.200 millones de dosis en 2023. La actividad de los laboratorios de la farmacéutica Hipra cuenta con el total apoyo del Palacio de la Moncloa. Así se desprende del respaldo hacia esta empresa a través de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), dependiente del Ministerio de Sanidad, así como de los ministerios de Industria y Ciencia e Innovación”. Las previsiones tanto de HIPRA como del Gobierno de España eran positivas: “Se espera que los ensayos clínicos culminen con éxito para iniciar la producción en octubre de este mismo año, con el objetivo de poner en marcha su comercialización a finales de 2021, sujeto a la obtención de las autoridades oportunas. El proyecto de Hipra cuenta con el apoyo de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) así como de los Ministerios de Sanidad, Industria y Ciencias e Innovación”. Tenemos suficientes testimonios de que al Gobierno de España le interesa que la vacuna la desarrolle HIPRA. Ahora bien, ¿qué ocurre con la famosa vacuna del CSIC de la que llevamos meses escuchando hablar? Prosigamos.

Mientras el 14 de julio de 2021 El Periódico de Cataluña informaba de los avances de la vacuna producida y los requisitos necesarios para ser voluntario en el que se prueben los primeros ensayos producidos por Hipra —“La farmacéutica HIPRA busca voluntarios de entre 18 y 39 años para participar en el ensayo clínico de su vacuna contra el covid. La multinacional necesita personas que no hayan pasado la enfermedad y que tampoco estén vacunadas”—, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), con sede en la calle Serrano de Madrid, en conjunción con el Centro Nacional de Biotecnología (CNB), con sede, también, en Madrid, desarrollaba las vacunas españolas más avanzadas contra el coronavirus, como se podía leer todavía en los periódicos: “Los investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) están desarrollando tres proyectos para lograr una vacuna contra la covid-19. Se trata de los prototipos que dirigen los virólogos Luis Enjuanes, Isabel Sola y Sonia Zúñiga, en el Centro Nacional de Biotecnología del CSIC (CNB-CSIC); el que dirigen los virólogos Mariano Esteban y Juan García Arriaza (CNB-CSIC); y el que dirige el parasitólogo Vicente Larraga, del Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas (CIB-CSIC)”. Todo avanzaba bien, salvo por un problema: los intereses políticos que dictan el discurrir de la política en España y la ambición sin límites de la nueva burguesía catalana. A finales de julio de este año varios periódicos titularon: “Se está todavía a la espera de conocer la respuesta de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) a la solicitud de autorización para su realización”. ¿A qué se debía ese cambio? El 31 de julio, por las mismas fechas, el periódico El Español —cuyo director Pedro J. Ramírez ha sufrido un lavado de cara en círculos izquierdistas con su introducción en la TVE controlada por el PSOE y el alejamiento respecto de su viejo colaborador Jiménez Losantos—, titulaba: “El mono muerto tras los ensayos de la vacuna española fue sacrificado, según el CSIC. La institución explica que fue durante la autopsia cuando se detectaron los problemas pulmonares y que no puede vincularse con el suero español contra la Covid-19”. Tiempo después esas afirmaciones y, sobre todo, todo el eco posterior suscitado y extendido en redes sociales serían desautorizados directamente por el ya citado Mariano Esteban. Pero a eso ya llegaremos.

La AEMPS deniega el permiso para iniciar los ensayos clínicos de la vacuna del CSIC sin dar ninguna explicación de los motivos: “La vacuna desarrollada por el equipo del virólogo Mariano Esteban estaba a punto de iniciar la fase clínica con personas, que se iba a realizar con voluntarios en el hospital madrileño La Paz”. Algo inconcreto se cruzó y la Ministra Darias se limitó a espetar: "El Gobierno de España ha dado un impulso a la investigación y hay varios proyectos de vacuna en nuestro país, no solo uno". Hace unas semanas Mariano Esteban concedió una entrevista a Libertad Digital donde dejaba varios titulares jugosos al respecto: “La AEMPS es muy estricta a la hora de pedir”. Estamos a principios de agosto, cuando el proyecto que Esteban dirige se ha paralizado sin mayores motivos. Al ser preguntado por la efectividad de su vacuna comparada con la de Hipra, que parece tener el visto bueno del Gobierno, Mariano Esteban da su opinión: “Nuestra vacuna tiene mayor respuesta inmune y más durabilidad que la de Hipra”. También carga contra él, en sus palabras, “bulo del macaco” que habría se habría difundido para desprestigiar su prototipo de vacuna. Y añade: “Ellos han presentado el dossier correspondiente a la Agencia y la Agencia se lo ha autorizado. No hay más”. En otras palabras: Hipra no ha publicado nada pero, aun así, se le ha dado el visto bueno como no se ha hecho con el proyecto de Esteban. Y termina con un dato no poco interesante: “La de Hipra es proteína y a las vacunas de proteína hay que darles más continuidad, necesitan dosis de recuerdo”. A más dosis, más dinero que ganar.

Si especulamos a partir de lo recopilado, veremos cómo en España hay varios proyectos de investigación en marcha pero la AEMPS, organismo dependiente del Gobierno de España, ha paralizado sin una causa aparente la vacuna del CSIC, en principio más avanzada y fiable, permitiendo, con ello, que la vacuna de la empresa HIPRA pueda progresar libre de toda competencia. ¿Todo por detener al virus? Eso decían. Siempre y cuando no se crucen, como podría haber ocurrido en este caso, un puñado de escaños para el necesitado partido en el Gobierno y una gran cantidad de dinero para los empresarios catalanes favorables a la independencia. En ese caso, los peores podrán imponerse a costa de la salud de todos.