Acabo de llegar de Alemania. Y vengo aterrado.

   Me explico, con permiso. Por las calles de la ciudad he visto tal cantidad de extranjeros no europeos, que a veces ya no sabía si estaba en Bremen, o en Islamabad, o en Nairobi. Ejemplares humanos morenos y renegridos, velos islámicos. Negros, que antes apenas se veían, ahora proliferan que da miedo verlos. Y no hablo del miedo al diferente, que dicen los progres, sino miedo a la desaparición de Europa para quedar convertida en una especie de África del Norte o Neoáfrica Supramediterránea.

   Una ciudad alemana cualquiera ya no es propiamente eine Deutsche Stadt, eso ya es la Onu en pequeño. Ejemplares de todo el mundo, principalmente asiáticos. Árabes, paquistaníes, chinos, turcos, negros y mulatos, amerindios... ¡La intemerata!

   ¿Y los alemanes de toda la vida? Ahí siguen, por la calle andan, no han desaparecido ni se han extinguido. Ha habido elecciones este mismo mes. De cada diez votantes, nueve prefieren seguir tal como están, acogiendo a todo el rebús (los buenos se quedan en su país) que les llega del tercer mundo, a los cuales proporcionan de todo, pues vienen con lo puesto, casa y paga mensual, más toda clase de prestaciones sociales, todo gratis, barra libre como si dijéramos, el estado paga, no hay problema. Der Staat bezahlt, kein Problem. Y los trabajadores alemanes, a cuya costa viven todos esos gorrones, tranquilos y resignados, cuando no ofendidos ante quien se atreva a no mostrarse sumiso con el nuevo orden y conforme con la inmigración masiva y asfixiante. A un político alemán se le ocurrió decir que los inmigrantes no aportan nada, vaya una obviedad, y se armó tal escándalo que el pavo se vio obligado a dimitir.

   El alemán, al menos en el norte del país, se muestra muy progre, semiprogre o giliprogre, muy ecologista y amante de animales e inmigrantes, Flüchtlinge willkommen, políticamente son muy correctos, así da gusto con ellos, no le dan problemas al gobierno. No sé si lo da la tierra, o lo da la historia. Allí, en cuanto te muestras inclinado hacia la derecha, te ponen el sambenito de nazi y te tapan la boca con un puñado de corrección política al uso. Yo le dije a uno que, si yo fuese alemán, votaría a Alternativa por Alemania (Alternative für Deutschland), el partido antiinmigración, y el tipo se echó las manos a la cabeza, asustado. ¿Serán el pueblo más borreguil de la historia del género humano? Mirando hacia dentro de nuestro país, habría que ponerlo en duda.

   La inefable canciller doña Lines Merkel, die frühere Bundeskanzlerin, trajo a Alemania, de una tirada, un millón, mil millares, que se dice pronto, de sirios menesterosos, elementos indeseables en su gran mayoría, los cuales nada más llegar, recuérdese, la hicieron gorda. Pero, como si no. Los alemanes ya lo aceptan todo y no se quejan de nada. Los inmigrantes cometen toda clase de delitos, pero no pasa nada, los indígenas de Alemania están enseñados a aguantarlo todo.

   Hace unos años, veinte, treinta, los alemanes se resistían a la invasión o inmigración, llámese como se quiera, protestaban de muy linda manera, convocaban manifestaciones, increpaban a los que ilegalmente se les colaban, en fin, no se privaban de mostrar su rechazo con todos los medios a su alcance, que tampoco eran muchos ni muy eficaces.

   ¿Qué ha pasado para que unos años más tarde lo admitan todo y no se opongan a nada? Pues lo que está pasando aquí. El nuevo orden mundial, si se quiere llamar así, o la Agenda 2030, o la masonería internacional, o el globalismo andante, o como se le quiera llamar, lleva ya muchos años buscando la manera de manipular y dar forma a la opinión pública, con la complicidad de la prensa, naturalmente, para que aceptemos como cosa normal cualquier anormalidad, como pueden ser el feminismo radical, el lenguaje inclusivo, el animalismo, el ecologismo extremo, la imposición de idiomas regionales, la ideología de género, la matanza de niños no nacidos, la descristianización de Europa en fin, los separatismos, y, cómo no, el tema que nos ocupa, la inmigración masiva e indiscriminada afroasiática y musulmana. Con la complicidad y con la colaboración necesaria de todos los partidos políticos menos uno, en España igual que en Alemania, y hasta con la conformidad del mismísimo santo padre de Roma, el colmo ya.   

   Entre los inmigrantes naturalizados abundan en Alemania los musulmanes, principalmente turcos y del próximo oriente, y, cómo no, los bolcheviques, éstos más que nada procedentes de Hispanoamérica. Lo peor de cada casa (la gente bien no necesita emigrar), igual que aquí, allí anda a sus anchas, consentidos y subvencionados.

   Cuando falleció en el trullo ese grandísimo asesino comunista, Abimael Guzmán, alias el Presidente Gonzalo, pusieron por las calles principales unos carteles apologéticos, y hasta pintaron una pared con grandes letras en español. Vergüenza de que los asesinos y sus valedores hablen el mismo idioma que yo.

   Los inmigrantes, die Ausländer dicen allí, cobran por no hacer nada, no se verá ni uno en una obra o en una fábrica, todo lo más que hacen es poner tiendas de alimentación o restaurantes baratos, pues no necesitan trabajar para vivir, ya se encarga die Bundesregierung de mantenerlos a cuerpo de rey. Se les puede ver a todas horas por las calles y plazas de la ciudad, paseándose mientras los alemanes se entregan al cumplimiento de su deber. Algunos de esos inmigrantes renegridos se ve que no se conforman con lo que le sacan al gobierno y no se privan de sentarse en la acera con la gorra en el suelo, llenos de mendigos están las más concurridas vías públicas, algo insólito años atrás y no permitido entonces. ¡Y a nadie parece que le parezca mal! El gobierno alemán concede por cada hijo, hasta una cierta edad, determinada subvención. De la cual no excluye a los extranjeros, pues sólo faltaría eso, discriminar a la gente por su origen nacional, eso nunca se le ocurriría a un progre en regla, antes morir que perder la vida. Pues bien, asiáticos hay que se dedican a tener hijos y a vivir ejerciendo de paseantes en corte, con esas subvenciones ya tienen bastante. Lo cual antes causaba enorme descontento entre la población indígena, y cuando digo indígena, permítaseme la aclaración, quiero decir alemana, pues de Alemania aquí se trata, lo digo porque ciertos periodistas sapientísimos llaman indígenas a los indios americanos, a manera de eufemismo, como si una palabra tuviera que ver con la otra. Retomando el hilo del discurso, ahora a nadie parece importarle ya tener que pagar impuestos para traer y mantener inmigrantes innecesarios, por no decir indeseables. O por lo menos nadie se atreve a protestar, so pena de que le señalen como enemigo de la convivencia y de la tolerancia. No se sabe si se han resignado a la fatalidad, o si se han cansado de protestar en vano. O las dos cosas a la vez, la una como consecuencia de la otra. O se han metido multiculturalistas y multirraciales, como manda la tolerancia y como quieren los mandos de la dictadura invisible de la corrección política, y tal como se ha demostrado en las últimas elecciones. ¿Cómo se puede convencer a un pueblo de que acepte sin crítica ni oposición aquello que manifiestamente le perjudica y le causa trastorno? No me lo explico, de verdad que no me lo explico, y mucho menos en un pueblo culto y trabajador como el alemán.

   ¿Cómo nos han hecho perder nuestra capacidad de crítica y nuestro instinto de conservación nacional y racial? Es incomprensible. Nos han convencido de que España no existe, Alemania no existe, las naciones no existen, el mundo no tiene fronteras, no hay razas, ni civilizaciones, ni estados, ni religiones, ni Dios, por supuesto, sino un evanescente e impreciso Gran Arquitecto del Universo. Un mundo global y uniforme dirigido desde las sombras a través de sus gobiernos sufragáneos, la gran fraternidad universal que preconiza la masonería.

   ¿Y la reacción? Todavía quedamos, vide elecciones, entre un diez y un veinte por ciento de ciudadanos que pensamos por nosotros mismos, y no por la prensa y los gobiernos colaboradores del globalismo masónico.

   Alemania ya está perdida. Nosotros, en el camino de perdición.

   Ya no sé si el mundo occidental tiene salvación. Hasta la Unión Europea impone la ideología masónica globalista a los gobiernos de sus estados miembros.

   Lo que yo me pregunto es terrible: ¿Estamos perdidos?