Porque el gobierno socialcomunista nunca ha ocultado sus pretensiones talibanezcas con respecto a este lugar sagrado. Siempre han dicho lo que pretendían, y en eso no han engañado a nadie. Tienen las instituciones en sus manos, pueden sacar las leyes a su antojo, jueces para dictar según las mismas, y las fuerzas de seguridad para hacerlas cumplir. Todos cumpliendo y obedeciendo la voluntad de su señor.

Pero hay alguien que podría no obedecer. Que podría no hacer según los antojos de este gobierno. Que podría no colaborar. Que podría plantarse y dejar en evidencia la rabia anticatólica que acecha. Quien podría oponerse aunque sea con su voz, que resonaría hasta fuera de las fronteras de España.

Una cosa podrían hacer los obispos (sí, todos y cada uno por separado, si Osoro o toda la CEE sigue callada): condenar las pretensiones de este gobierno, y no dar su aprobación. Dejarles en la evidencia de su paridad con los talibanes. Hasta el Concordato del 1979 les permite hacer aunque sea ese mínimo, aunque la traición propiamente dicha empieza ya en ese mismo Concordato. Dice en su Capítulo I: “5. Los lugares de culto tienen garantizada su inviolabilidad con arreglo a las Leyes. No podrán ser demolidos sin ser previamente privados de su carácter sagrado. En caso de su expropiación forzosa será antes oída la Autoridad Eclesiástica competente.” O sea, este Concordato del 79 no asegura gran cosa, solamente que a los obispos “se oirá” cuando el gobierno se proponga alguna expropiación forzosa.

Bien distinto era el Concordato del 1953, hecho en tiempos de Pío XII y Franco. Para empezar, aquel empezaba con “En el nombre de la Santísima Trinidad”, y eso en el de 79 ni está, ni se le espera. El de 53 está hecho entre la Santa Sede y España; este entre “el Estado Español y la Santa Sede”, o sea, la tan querida por los comunistas la expresión “El Estado Español” ya se lucía en el 79.

En el de 53 el Estado Español reconoce la “personalidad jurídica internacional de la Santa Sede”, y el de 79 solamente la “personalidad jurídica civil de la Conferencia Episcopal Española”, aunque sea “de conformidad con los Estatutos aprobados por la Santa Sede”. Menuda diferencia. Según el de 53, que las fuerzas de seguridad entren en una basílica, es como si entrasen en el territorio de otro país. Según el de 79, basta la decisión del Estado Español para hacer una demolición o desacralización de un templo, por mucho que se “oiga” a los obispos. Y es justamente lo que tenemos hoy, aunque a los obispos ni se les oye.

Por lo tanto, la entrega del Valle de los Caídos está legalmente preparada por la revuelta del Concilio Vaticano II. Porque el espíritu del Concordato del 79 es imagen del espíritu de aquel. En 1953 la Iglesia Católica proclamaba claramente que ella es la única religión verdadera, y que los demás “cristianos” lo son solamente de nombre, ya que o son cismáticos o heréticos. Por ello, en el Art. I se afirma: “La Religión Católica, Apostólica, Romana sigue siendo la única de la Nación española y gozará de los derechos y de las prerrogativas que le corresponden en conformidad con la Ley Divina y el Derecho Canónico.” (Esta citada frase es posiblemente la razón más profunda del odio de la Masonería contra del régimen de Franco.) En cambio, para el CVII la “Iglesia de Cristo” “subsiste en la Iglesia Católica”, pero no dice que “únicamente”. Es decir, lo que importa es el ecumenismo y la visión generalista. No seas tan burro, hombre. Ya sabéis. De allí el Concordato del 79, que es una rendición de facto ante la autoridad del Estado. De modo que lo único que podía salvar todavía la Basílica del Valle es el acuerdo de la Santa Sede con España sobre el particular… naturalmente del 57. Otra vez en tiempos de Pío XII, Franco y la época preconciliar. Ese convenio todavía podía haber evitado la profanación de la tumba de Franco, pero ya sabemos cómo pasó. El Vaticano podía haberlo evitado, pero pasó esto cuando Carmen visitó al hombre de Jorge Mario, Parolin:

  1. Un saludo masónico con las manos entre los dos. ¿Casualidad de posición? Se deducirá de lo que sigue.
  2. La cruz pectoral de Parolin está tapada con la mano izquierda. Pero la mano hace el signo de los tres 6, como está indicado en la foto resaltando el vientre del 6 con un círculo entre el pulgar y el dedo índice; los tres dedos restantes marcan la línea curvada del 6, en total son tres seis. ¿Qué quiere decir esto? No, no importa la redención de Cristo. Es sustituida por redención gnóstica (con el menudo signo, el 666 de la Bestia) del “proceso evolutivo de la sociedad humana”. Cristo ya no manda ni importa en la sociedad. Es el acuerdo entre los hombres que marca el camino del encuentro y liberación.

Ya sabéis, se puede deducir del mensaje enviado de Parolin, estoy con vosotros, pero no lo puedo decir abiertamente. Seguid con vuestro plan, y no habrá oposición.

Y así fue profanada la tumba de Franco en la supuestamente protegida Basílica incluso por el acuerdo del 57. Todo inútil, porque ahora manda en el Vaticano el que manda. Y ahora lo mismo es de esperar, humanamente hablando visto lo visto, que va a pasar y con los benedictinos, y hasta con la Cruz del Valle. Todo ello, subrayemos, con la colaboración del silencio, cuando no aprobación implícita, del Vaticano y de los obispos españoles, con Osoro como uno de los más destacados en toda la movida.

El Gobierno sigue adelante, y los obispos colaborando, digamos implícitamente.

Por ello es que dónde hay que juntarse para protestar y señalarles como colaboradores, es no en el Valle, sino delante de sus residencias. Con nosotros no contáis. Que se sepa.