Torra es un cadáver político, un muerto viviente, pero quiere morir matando y quién sabe si resucitar pues dentro del esperpento que es la política actual cabe todo y máxime en el circo que se ha convertido el Parlamento de Cataluña.

El presidente inhabilitado de la Generalitat, Quim Torra, que ya debería haber dejado su cargo piso facto si tuviese vergüenza sigue ejerciendo como tal porque nadie se lo impide.

Acaba de anunciar hoy que convocará recientemente una nueva cumbre de fuerzas independentistas -ERC, JxCat, la CUP y las entidades ANC y Òmnium Cultural-, y confía que den el visto bueno a la presencia de un «mediador» para la llamada mesa de diálogo, cuando no hay nada que dialogar.

Tras lo que considera una cumbre con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que propuso que la mesa de diálogo se constituya antes de acabar este mes de febrero, Torra ha explicado que la semana que viene se celebrará otra cumbre independentista, como la que tuvo lugar el pasado 15 de enero y que sirvió para fijar la posición que el president debía mantener en su encuentro con Sánchez.

Según Torra, habrá que «tener en cuenta muy especialmente» la moción aprobada ayer por el Parlament -con el voto a favor de JxCat, ERC y la CUP y la abstención de los comunes-, que planteaba que en la mesa de diálogo entre gobiernos haya un «mediador internacional» que «vele por el cumplimiento de los acuerdos».