Es evidente, pero a pesar de la gravedad de la sospecha aquí no se reacciona. España duerme en un largo estado de indolencia sin importar el escándalo continuado. ¿Hasta cuándo y cuánto está dispuesta a ser esquilmada por estos chapuzas de la criminalidad gubernamental? 
 
Cuanto peor, mejor. Sánchez y su desgobierno poseen un valor añadido, la mediocridad, que sirve a sus malas intenciones.  La inutilidad es una herramienta funcional al servicio de una oscurantista intencionalidad: arruinan a los ciudadanos con incremento de impuestos nada casual. Craso error no prever las intenciones de semejante esperpento y tramposo sin mínima honra. La destrucción del tejido empresarial y la asfixia impositiva provocan que las antaño familias pudientes no lleguen a fin de mes. Se pretende una ruina en agenda con fecha 2030.
 
Adiós al Estado de Bienestar con la destrucción de una clase media que paga con descomunal sacrificio impositivo las vacaciones de un sátrapa que impulsó su corrupta carrera política y personal en unas saunas gay. ¿Hasta dónde se ha llegado con temeraria docilidad? Hemos perdido la medida de la dignidad, extraviados en un laberinto de muerte por sedación física y moral, la desolación en el que inútiles y criminales nos han abismado, aprovechada la farsa vírica, olvidando el instinto de supervivencia; no solo el nuestro sino también el de nuestros seres queridos. Esta generación de sinvergüenzas y arribistas nacidos en democracia, son la escoria residual de años equilibrados con origen en la España que aborrecen. 
 
Es paradójico que los que crecieron con las comodidades de la democracia aun imperfecta, ganada a pulso por una generación histórica de esforzados ciudadanos, hayan liquidado los valores de consenso usando técnicas de manipulación social que son alabadas por sus extremos resultados de miseria, desolación y ruptura, sin olvidar el gerontocidio a propósito de cambiar las tornas ideológicas aniquilando a toda una generación constructiva de España. Y con esta paradoja se acentúa el servilismo institucional que promueve la pérdida de los derechos adquiridos sin que ningún escándalo de cariz delictivo que ha provocado este desgobierno de estafadores sea decisivo para contrarrestar el daño infligido del que España tardará en recuperarse. La responsabilidad de que esta paradoja acreciente la influencia corrupta del sanchismo y sus muchos cómplices de la depravación inmoral que corrompe cuanto se construyó durante décadas, está en la cómoda irresponsabilidad de millones de ciudadanos, quienes asisten impertérritos a la destrucción de sus vidas y la de sus seres queridos. 
 
Cuanto acontece da la razón a una Historia tergiversada por memorias malignas, impuestas por los herederos de los delincuentes que otrora asolaron la que fue una España infestada y obligada a defenderse y que con el tiempo demostró aprender de los errores del pasado.  Lo mejor de un país paradigmático lo dio todo en sacrificio para que luego parásitos y carroñeros malintencionados tomaran al asalto los muchos beneficios acumulados durante un extenso tiempo de trabajo conjunto. Parece que la libertad fue regalada porque no se ha valorado lo que cuesta ganarla. No aprendimos de los sacrificios por la libertad: ésta mal entendida libertad, laxa y tibia, que hoy sirve de yugo para aherrojar a cuantos se aletargaron en el Estado de Bienestar, hoy saqueado, para no despertar jamás.