Cualquiera que conozca esta frase recordará su procedencia. Un Cuartel sitiado por el enemigo, los milicianos entran en el mismo y los defensores, que están en contacto con un buque próximo, deciden que antes que rendirse prefieren morir en último sacrificio de la defensa del Cuartel, de la Bandera que en el todavía ondea y de la Patria. Eso pasó al principio de nuestra Guerra de Liberación, cuando esa "Media España" que no quería morir a manos de la otra media, que loca de las peores intenciones, borracha de odio y violencia, obligó a que el simple afán de supervivencia de la persona y la defensa de los valores más importantes en la vida de un hombre, como son la libertad, la familia, la Patria, la libertad espiritual, y todo aquello que le separa de las bestias, en definitiva lo que define a la persona, les llevará a esa lucha a ultranza, por y para la supervivencia de España y de los verdaderos españoles.

Desde 1978, en que unos indignos hijos de España planificaron la destrucción y desaparición de la misma. Unos defendiendo sus intereses personales y otros los de la ideología más nefasta que ha existido en la Tierra, desde que tenemos "Historia" escrita, es decir en los últimos 12.000 años. Nadie ha sido, incluidos, y excepto en algunos momentos, los propios promotores de esa ideología que solo pretende la esclavización de todos a manos de unos pocos, con el pretexto de que en el año 2030 seamos felices. Repito, nadie ha sido tan increíblemente inmoral y perverso en sus acciones, como los que conviven con nosotros en este momento y tienen como misión lo previsto por esa nefasta ideología.

 

Volviendo a 1978, debo decir que esas reuniones que fructificaron en unos acuerdos que, sólo preveían salvar a los que habían servido torticeramente al Jefe del Estado, recientemente fallecido, y con el único afán de salvar lo poco que habían expoliado a España, pactaron que los que hasta ese momento no habían podido saquear a la Patria y a los españoles entrasen a formar parte de la cúpula de la Nación. Pero ambos eran de la misma especie y como sus fines se confunden, consiguieron confundir, pero en el sentido de volver irreconocible sus verdaderos actos y propósitos a los españoles, que de buena fe y en ese momento solo pretendían seguir viviendo felices como estaban.

 

Ahora nos dicen los traidores que en 1978 eran niños o quizás no habían nacido, que en 2030 seremos felices. Yo no quiero esa felicidad, quiero la que tenía hace cuarenta y cinco años. No quiero que el estado soviético piense por mí, decida por mí, me de la comida que él quiera y la vida en definitiva que estos individuos decidan por mi. Tampoco quiero, como define la agenda 2030 que desaparezcan mis bienes materiales que yo he ganado con mi esfuerzo y me sean confiscados por ese estado soviético para lucro de quien lo mande y sostenimiento de las hordas que invaden mi Patria, mi Pueblo, mi Casa, y que no vienen a ayudar, sino que vienen a apoderarse y sojuzgar para beneficio de quien dirige ese estado soviético.

 

Pero, por desgracia para nosotros, en ese 1978 no solo se pacto la salvación de unas élites y se le dio paso a pisar la moqueta de los palacios a los que hasta entonces solo pisaban las cloacas, sino que se dio vía libre a los que también dieron las riendas de mi vida a esos indignos hijos de las tinieblas. Por desgracia les entregaron todo a cambio de sus magros beneficios anteriores y los pocos que tendrían a partir de ese momento. Pues son los hijos de las cloacas, los que en nombre de una libertad que nos destruye comenzaron a apropiarse de los cerebros de los españoles con un indiscutible afán de apropiarse de los mismos. La "Educación" y la "Enseñanza, que no es lo mismo, se orientó a la desinformación que con el paso de dos generaciones hacen, que los españolitos de a pie, que ahora tienen pocos años, desconozcan la realidad, sean unos incultos y analfabetos funcionales y su único medio de vida el que decida el Politburo.

 

Mi interés al principio del artículo era hablarles de la ignominia de un Presidente del Consejo de Ministros español, que se inclina ante la bandera de una región. De la rendición del Estado, no en defensa del mismo, sino para destruirlo, y de la estupidez de los que la aplauden, no ya desde la ideología que persigue la destrucción del mismo en favor de la globalización de Europa, con el fin, según quien lo está haciendo de que seamos felices, sino que lo hacen por mantener sus privilegios y seguir, como decía el pueblo, chupando del bote. Sin ningún disimulo, pues tras cuarenta y cinco años de adoctrinamiento y adormecimiento del pueblo, asisto con desesperación a la invasión de las hordas, a la entrada de los milicianos en el Cuartel de mi Patria, pero no puedo pedir ayuda a nadie, porque no hay nadie ahí fuera. También, durante estos cuarenta y cinco años han cambiado la tripulación del buque y después simplemente han dejado que el buque fuera inútil al no mantener su operatividad. Mi dolor, como dijera patriota de antes, es asistir a la invasión de los bárbaros. Sin que nadie, absolutamente pueda eliminar mi dolor aun a costa de mi vida. Y por desgracia ahí lo dejo....