Andan enzarzados nuestros políticos con sus opiniones sectarias a propósito de las declaraciones que Pablo Iglesias ha expresado sobre la democracia española, a la que tilda de incompleta. Tiene razón el líder de Podemos, desde su perspectiva, claro, porque lo que a él le gustaría es una democracia popular marxista en la que él como líder supremo determinara quien puede opinar y qué. Sorprende, sin embargo, que la respuesta del sector socialista de su Gobierno le corrija y matice quitándole la razón. Sorprende esa aseveración porque ese PSOE, al mismo tiempo que le contradice, impulsa en el Congreso una Ley denominada de Memoria Democrática mediante la cual pretende no sólo revertir y tergiversar nuestra historia reciente sino al mismo tiempo callar a quienes defienden una visión distinta de la suya defendiendo lo que Franco significó para España. Pretenden incluso establecer nada menos como delito lo que denominan “ apología del franquismo “. Así, sin más, y se quedan tan frescos saltándose a la torera varios artículos de la Constitución española. En concreto los referidos a la libertad de expresión, de pensamiento y de igualdad ante la Ley. Es evidente que de salir adelante esta ley, a todas luces inconstitucional,  esta Fundación Nacional Francisco Franco tendrá los días contados por lo que defiende y por su nombre. Es así que no son pocas las voces bien intencionadas que nos aconsejan estrategias que puedan hacer difícil esa pretendida ilegalización, bien modificando el nombre de la misma o transformándola en otra similar mediante la modificación de los actuales estatutos o a través de una complicada ingeniería legal que permitiera su supervivencia. Algo así como “ mismos perros con distintos collares”; de hecho fue lo que hace varios años se hizo en parte, modificando los estatutos para adaptarlos a la vigente Ley de Memoria Histórica, pero manteniendo, por supuesto, la claridad y transparencia de nuestra razón de ser sin tapujos.

Pues bien, ya anuncio que en esta ocasión no va a suceder lo mismo. No veo razón alguna para renegar para nada del nombre de Francisco Franco ni de nuestro derecho a defender lo que significó. A nosotros no nos gusta en absoluto que haya Fundaciones que lleven el nombre de quien fuera Presidente del Consejo de Ministros de la República, Largo caballero,  mientras se asesinaba a miles de inocentes en Paracuellos del Jarama o de Juan Negrin , Ministro de Hacienda, responsable de la apropiación y traslado a Rusia del 70% de las reservas de oro del Banco de España pero reconocemos que desde una perspectiva histórica haya quien así lo desee.

No, en ningún caso renunciamos a mantener el nombre de Francisco Franco en esta Fundación ni nuestro derecho a difundir, promover e incentivar el conocimiento del pensamiento, memoria y legado del Caudillo. Por supuesto que si llega el momento en que por aplicación de esa posible Ley se procediera a instar a la ilegalización de nuestra Fundación será el momento de acudir a los tribunales de justicia si es que para entonces aún subsiste la precaria separación de poderes en nuestro ordenamiento político.

Y es al hilo de esto que también muestro mi incomprensión cuando veo que quienes de buena fe defienden la no demolición de tantas cruces, como estamos viendo en los últimos años, apelan a que no tienen significado “franquista” alguno, que es precisamente la razón alegada por los talibanes socialistas y comunistas para su demolición por más que su razón última sea el ataque a la religión católica.  A ver, por supuesto que la Cruz, símbolo por excelencia del cristianismo, está muy por encima de la identificación con  Franco y su régimen pero negar que para aquellos que lucharon con él contra la barbarie comunista esa identificación no existió es negar una realidad. Claro que Franco y consecuentemente su régimen se identificaron  con la Cruz, unos de los símbolos principales de la ideología del bando nacional y del régimen político que sustanció.

Sí, ya sé que la lucha en la política al igual que en la guerra requiere a veces  la utilización de artimañas para no perder baza en ella pero estamos ante una situación en la que ya está bien de ceder en lo fundamental.

Lo dicho : jamás renunciaremos a lo que establecen nuestros estatutos que no vamos a cambiar ni a dejar de honrar el nombre de Francisco Franco.