Desde hace más de un año, se ha puesto de moda la frase “crisis migratoria”, por no incumplir las normas progresistas y la dictadura lingüística y por parecer más sensible, a lo que podía ser un fenómeno global de desplazamientos de millones de seres humanos.

Durante mucho tiempo España ha sido y es, la puerta de Europa occidental. No es una cuestión histórica (aunque podría serlo) ni es una cuestión geoestratégica (aunque se podría interpretar que también), sino que es toda una cuestión, sencillamente geográfica. Pues la providencia ha querido que España sea la puerta de África y que pueda ser o no….las defensas de Europa. 

Se ha puesto de moda la frase “crisis migratoria”, por no incumplir las normas progresistas y la dictadura lingüística

 

Lo que empezó como un fenómeno global de movimientos en fronteras, de millones de seres humanos desplazados por guerras, por crisis económicas, ha terminado parece ser en estrategias de lobbies de presión para desestabilizar los estados. Y sobre eso, y no lo digo yo, hay cientos de publicaciones científicas. Y la cuestión hablando de España es, si estamos ante una crisis migratoria, como se decía antes, o ante una invasión. Pero…veamos cómo afecta actualmente la inmigración a distintos problemas que tiene España: la situación económica, inseguridad e impacto cultural negativo. 

 

Se puede decir que la inmigración quizás no es el problema más grave que tiene España, pero desde luego si afecta a algunos de los problemas más graves que tiene España: económicos, sociales e identitarios. Económicamente se está ante una tasa de paro en cierto modo influida por la inmigración, pues hay prioridad social, consentida, hacia los inmigrantes, arrojando una tasa de paro cercana al 20%. Lo que se podría llamar “una sustitución laboral”. Pero es que también hay una “sustitución en las ayudas”, como en el caso de la cultura islámica, al deducir por los procesos publicados de fraude fiscal a hacienda a través de las ayudas. Social y étnicamente ocurre lo mismo, pues hay una sustitución de aspectos culturales que están siendo sustituidos. 

Si los problemas pudieran venir cuando alguien tiene un inconveniente con inmigrantes, de tú a tú y esa experiencia se convierte en un drama o una agresión, por otro lado se puede decir que se está robando, secuestrando al ser humano, al español de la calle, la posibilidad de cubrir o proteger su integridad, y no sólo física, sino económica, social o cultural y folclórica. Algo de lo que hablan la ONU y todas las organizaciones internacionales. Es  decir, de la conservación, de la singularidad y del aspecto diferencial de los pueblos. Desde luego la palabra clave es integración, pues debe ser exigida. 

Se está robando, secuestrando al ser humano, al español de la calle, la posibilidad de cubrir o proteger su integridad, y no sólo física, sino económica, social o cultural y folclórica

 

Para hablar de invasión, no hay más remedio en este momento que hablar de dos aspectos principales: uno, los datos que desde el gobierno de Aznar con 2,5 millones de inmigrantes y que ya tenía más de 800.000 ilegales, no han parado de crecer. No han parado de crecer pues Zapatero paso a un proceso de “regularización” y ya había en España cerca de 3 millones. Aproximadamente el 7% de la población de entonces. Y todo fue culminado por Rajoy que centró el debate, como no, en pedir a la UE 35 millones de euros para gestionar esa inmigración ante la presión de la oposición. Esa oposición que ahora no existe. El otro aspecto es la actitud del gobierno y de la oposición o de todos los partidos políticos del congreso que centran el debate en declaraciones más o menos duras sin ir a la raíz del problema: la premeditación y alevosía de las políticas españolas para normalizar un complejo proceso de invasión estadística sin control, que nos cuesta a los españoles, cientos de millones de euros que a su vez, se nos niegan.

La raíz del problema: la premeditación y alevosía de las políticas españolas para normalizar un complejo proceso de invasión estadística sin control

Las políticas migratorias deben ir encaminadas urgentemente a la defensa de fronteras ante la invasión ilegal, pero también por supuesto, a controlar el impacto negativo en el interior peninsular ante el proceso “en cadena” de regularización y después de legalización, que se puede considerar negativo, e incluso para aquellos inmigrantes integrados en la sociedad española. Este proceso “en cadena”, se puede técnicamente hoy, considerar una invasión.