Bastardear la política e inyectar la suciedad del cubileteo de poltronas es repugnante a más no poder. Es una defecación más del sistema partidista con que debemos contar. Es un resultado de los partidos-casta u oligárquicos y oligarquizantes; es decir, los votados con listas cerradas y bloqueadas, con diputados desconocidos para la ciudadanía y con una ley electoral que supone la elección no de candidatos sujetos a mandato representativo sino de aparatos de partido que dirigen el Estado.

 

El vodevil murciano del intercambio persa de escaños comprados y mangoneados por PSOE, Ciudadanos y PP, es la manifestación de la fetidez de la práctica del: 'entre el honor y el dinero, lo segundo es lo primero'. Escaños naranjas son comprados por el PSOE para hacer una moción y luego, cuando ya estaban vendidos y enlatados con cargo a José Luis Ábalos son re-comprados por el PP: los tres susodichos son una tal Isabel Franco que seguirá chupando del bote como Vicepresidenta y 'Consejera de Igualdad y LGTB', y los otros dos son los del negocio redondo: por gracia de López Miras pasan de cobrar 52.000 euros/año como diputados rasos a recibir 76.000 euros/año como nuevos Consejeros autonómicos. ¡Cómo les ha cambiado la vida en un par de días! 

 

Ahora la maniobra de los medios de la derecha es lavar la cara al desprestigiado Secretario nacional del PP, Teodoro García Egea, al que pintan como gran negociador y evitador del derribo, cuando lo que ha hecho Teodoro es una cuestión básica de primero de Tamayazo: la compra de voluntades de tres diputados sin dignidad. Antes de él ya lo había hecho Jose Luis Ábalos, el Ministro fontanero de la cloaca y aprendiz del estratega Rubalcaba. La oferta de Teodoro superó a la de Abalos y finalmente el PP compró los tres escaños con que López Miras mantiene el gobierno de la Murcia y evita la convocatoria de elecciones que le habrían dado a Vox la victoria. Teodoro ha ganado en los despachos y con el talonario lo que no le habrían dado las urnas y, además, los medios derechistas que antes lo pintaban como el tonto de la casa pepera y artifice del fracaso de la estrategia de Casado, ahora lo elogian como estratega.

 

Si artero ha sido Teodoro, miserables también lo han sido los socialistas y podemitas madrileños que tratan de abortar en un Tribunal la legítima convocatoria electoral decretada por Díaz Ayuso. Los medios de la derecha que despotrican -con justa razón- contra socialistas y podemitas madrileños por tratar de impedir las urnas con los Tribunales, blanquean sin embargo al Teodoro García Egea que igualmente ha impedido unas elecciones en Murcia chequera mediante. 

 

No hay una Santa Isabel Díaz Ayuso, ni hay un PP bueno y otro malo, ni Teodoro se ha hecho maravilloso por arte de magia. Existe el PP de siempre: traidor antológico, y capaz de ostentar 'agentes dobles' que sirvan para recoger a la derecha enfurruñada harta del centrismo de la cúpula. En su día esos actores dobles eran Esperanza Aguirre y Jaime Mayor Oreja. Ahora lo son Cayetana Álvarez de Toledo e Isabel Diaz Ayuso. La primera fue 'descabalgada' de la portavocía parlamentaria por Pablo Casado y ahora hace el papel de derechona próxima a Vox; pero luego, en nombre de la 'disciplina de partido' vota en contra de la Moción de Abascal contra el socialismo. La segunda, beneficiada por el mantra: "yo soy votante de Abascal para el gobierno, pero votaré a Ayuso en Madrid', es decir 'Isabel la guerrera', no es más que Isabel paripé: de ser una centrista furibunda defensora de las leyes LGTB y de género de Cristina Cifuentes, por las cuales votó a favor siendo diputada en 2017, ha pasado a teatralizar el papel de una derecha rebelde y genuina. 

 

Pero la realidad es que hoy Díaz Ayuso mantiene los chiringuitos feministas y de género, las leyes de adoctrinamiento de la época Cifuentes y un potente despilfarro del gobierno regional que el PP aumentó en tres consejerías completamente prescindibles. La realidad, también, es que Ayuso ha dispuesto 24 millones de euros para 120 plazas para 'menas', además de otorgar pagas a inmigrantes ilegales y ayudas al alquiler para éstos, y que animó a las familias madrileñas a acoger a 'niños' menas hace unos meses. La realidad es que Ayuso, que hoy dice que 'existe adoctrinamiento' en las aulas de Madrid y que ha evitado una charla feminista de Irene Montero, es la misma que hace un año despreció de forma agresiva la propuesta del PIN parental de Vox y la que ha permitido que los comisarios LGTB ofrezcan talleres y conferencias en las aulas mientras negaba que tal adoctrinamiento existiese. 

 

Del mismo modo, Ayuso se negó a personarse en el proceso judicial por la exhumación del cadáver Franco a petición de Vox Madrid que le pidió, además, no conceder los permisos sanitarios sobre el cadáver embalsamado de Franco y de este modo proteger los derechos de la familia del Generalísimo. Al igual que Pablo Casado, Ayuso fue cómplice en la profanación de los restos del Caudillo.

 

Pese al centrismo de Isabel Díaz Ayuso y al statu quo progre que ésta mantiene, Madrid no es tan fétido e irrespirable como lo era antaño con Cristina Cifuentes-Ayuso gracias a la presión externa de Vox que ha amenazado con comerle la tostada por la derecha. Aunque Ayuso, pretextando el Covid, sea una carcelera de ciudadanos como el resto de caciques autonómicos pues mantiene toques de queda, restricciones a la hostelería o impedimentos a la libre reunión, es un poquito más benigna pero no deja de ser una liberticida aplicadora de prohibiciones que no deberían existir. 

 

La existencia de Vox, todo este tiempo, amenazando a la hegemonía política del PP de Madrid sin estar en el gobierno regional pero condicionando la política de Ayuso por su mera existencia como partido en ascenso, ha sido garantía de un Madrid menos centrista e izquierdista. Imaginemos si Vox gobernase la región cómo cambiaría la política, pues su mera existencia ya lo ha hecho. Ayuso ha sido un mal menor gracias al acoquinador aliento de un Vox sin complejos. 

 

Frente al mal menor hay un bien posible y un voto útil: Vox. De momento, el partido de Abascal no tiene 'agentes dobles' como Cayetana o Ayuso; ni nacionalistas de postín como Feijoo; ni formaliza pactismos de poltrona para repartirse la RTVE con socialistas y comunistas; ni aspira a hacerlo con el CGPJ; ni forma parte del consenso progre de la Agenda 2030, el abortismo o el antifranquismo. Todo esto es el PP de Isabel Díaz Ayuso y no Vox. 

 

Porque no hay un PP bueno y uno malo: es el PP de siempre, con actores que interpretan papeles de derechistas desorejados para seguir engañando a la derecha sociológica (Ayuso, Álvarez de Toledo); otros que compran escaños con la chequera para evitar las urnas (García Egea) y los grandes medios y oligarquías interesadas en que el bipartidismo PP PSOE siempre se robustezca con las peores estrategias de intoxicación y mentiras.