No sé ustedes, pero yo puedo imaginármelo encerrado y lamiéndose las heridas en la casa que sólo se podían comprar los corruptos, llorando como sólo sabe llorar él, tirándose de los pelos del moño y lamentándose de una ambición desmedida que finalmente le ha costado haber podido llegar -que la altura moral de España es la que es- a la mismísima presidencia del Gobierno, aunque luego se le hubiera tenido que echar a palos. Lo sin duda hubiese marcado aún más la pésima imagen que ya tenemos a nivel internacional.

A Pablo Manuel (que este es su nombre de pila, por más que le joda lo de Manuel) le ha pasado lo que a quienes sufren de ese mal que es la eyaculación precoz por actuar de forma rápida y prematura hasta terminar dejando insatisfecha a la tropa que acaudillaba. Y tanto es así, que es el caso que ahora esa tropa que le veneró le llama “mierda”. Siendo que es ahora cuando puede comprender que tuvo que manejar sus pensamientos, sus emociones y su conducta mejor, a fin de conseguir el objetivo: intentar conquistar su cielo.  

Pero mejor hagamos un breve recorrido de cómo llega este pájaro al Gobierno de España desde la Puerta del Sol de Madrid, pasando por la tribuna que le brindaron todos los canales de televisión. Con su voz de fémina adolescente, su mensaje retador lleno descalificaciones e insultos gratuitos y sin sentido, renunciando a guardar las más elementales normas de urbanidad, luciendo una postura a mitad de camino entre el pistolero y el primate, y usando un lenguaje expansivo y una dialéctica antiguada y cansina, con un evidente grado totalitarista, muy propio del revolucionario latinoamericano con el que se identifica. Pablo Manuel llegó con la ilusión de realizar una gestión eficaz, limpia y transparente, alejada de la corrupción que han practicado al unísono PSOE y PP. Una gestión que finalmente ha sido un desastre. A cuya ineficacia contumaz ha unido un caudal de insultos y desprecios sin límite al resto de la clase política, y a cuantos se le han puesto delante. Tal que la pregunta sería, ¿por qué esa agresividad?

Amortizado, y con un recorrido político que será breve, Pablo Manuel se nos ha demostrado único en su especie. Porqué, a pesar de que a lo largo de estos cuarenta y cinco años hemos conocido una clase política de todo pelaje y condición moral, cuyo elenco desde Adolfo Suárez a Pedro Sánchez nos deja atónitos y perplejos, siendo que mayormente han sido perjuros, trepas, buscavidas y, sobre todo y ante todo, corruptos y corruptores. Se puede afirmar con absoluta propiedad que nadie ha estado a la altura de este personaje del submundo, si exceptuamos, claro está, a Santiago Carrillo y  a la Pasionario, que eran dos asesinos convictos.   

Amortizado, decimos, se va del Gobierno, con lo que le costó llegar, y se va sin hacer la más mínima autocrítica, tan propia del marxismo. Se va del Gobierno, pero se va con la pretensión de ocupar banco en la  Asamblea de Madrid, desde donde volverá a intentar conquistar su cielo, que es el suyo propio. Deja a su chica en el Gobierno para seguir pagando la hipoteca, y él pide una pensión de manutención para su prole que excede con creces el salario mínimo interprofesional. Hablaríamos también de un perturbado mental por cuanto su discurso lejos de ser racional es vacío y encerrado en un evidente ostracismo del que es incapaz de salir, salvo con tres tópicos al uso… La pregunta es inevitable, ¿está mentalmente bien Pablo Manuel?

A mí la trayectoria política de este pájaro se me antoja parecida a la historia que se nos narra en la leyenda del Flautista de Hamelín. Una ciudad que estaba infectada de ratas, a cuya ciudad ofreció el Flautista sus servicios. Ahora bien, como no se consideró pagado, se llevó a todos los niños.

NOTA. Por cierto, saben lo que decía la pancarta que el grupo terrorista FRAP exhibió en París tras el ajusticiamiento (27 de septiembre de 1975) con todas las garantías procesales del asesino convicto y confeso Luis Sánchez-Bravo, militante del FRAP: “Franco, ¡perro y fascista! Por cada revolucionario que asesines, morirán 10 policías”.  

Entiendo que si el régimen de Franco hubiera sido lo que algunos dicen que fue, el camarada Turrión hace mucho que no estaría entre nosotros, y sin Turrión, Pablo Manuel puede que sólo estuviera en la mente de Monedero. Lo que son las cosas.