Este es el título del libro que ha escrito el dr Richard M. Fleming,  Ph.D., M.D., J.D. un reputado científico americano conocido por sus estudios y publicaciones sobre la teoría unificadora de la inflamación como causa de la patología cardiovascular.

El citado libro (cuyos datos se adjuntan en Referencias) hace una investigación exhaustiva sobre los procedimientos de GANANCIA DE FUNCIÓN que han sido financiados por entidades relacionadas con el gobierno de Estados Unidos, en colaboración con el Instituto de Wuhan (China) y Eco Health Alliance, concretamente para convertir los coronavirus en armas biológicas.

Estos estudios de ganancia de función  se remontan hasta el pasado siglo XX y con la excusa de investigar posibles amenazas terroristas o enfermedades emergentes, en realidad han sido dirigidos por los servicios de inteligencia y el complejo militar Industrial con oscuros fines, eso sí, en colaboración o más bien amparándose en supuestas organizaciones sin ánimo de lucro, como la Fundación Bill y Melinda Gates o Eco Health Alliance y con la colaboración de la Big Farma. Se han servido además de instituciones científicas financiadas por el pueblo americano como los NIH (Institutos Nacionales de Salud) o el  NIAID (Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas)  dirigido por el  siniestro dr. Anthony Fauci. En el libro del Dr Fleming se aportan numerosas referencias sobre la financiación y las patentes relacionadas con estas investigaciones por lo que remito al lector a su estudio.

Por cierto que, hablando de patentes, es necesario referirse al Dr David Martin y su análisis de las más de 5000 patentes del coronavirus:

https://www-datascienceassn-org.translate.goog/content/dr-david-e-martin-testimony-july-9th-2021?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=sc

https://www-datascienceassn-org.translate.goog/content/dr-david-martin-patent-system-and-over-5000-corona-virus-patents?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=sc

Respecto a los experimentos de ganancia de función, la primera científica que nos habló de ellos fue la Dra Judy Mikovits, que trabajó en este campo con el virus del ébola y conoció en primera persona las manipulaciones del dr Fauci. Después, tal como indica el dr. Fleming, hemos conocido a los siniestros investigadores Ralph S. Baric (que ya en 1985 trabajaba en la recombinación de coronavirus) y Shi Zhengli- Li,”la mujer murciélago” (llamada así por sus trabajos de campo a la caza y captura de murciélagos para sus siniestros experimentos) directora del Instituto de virología de Wuhan, quien en colaboración estrecha con el dr Baric, serían los padres del SARS-CoV-2.

En esta historia resumida de la modificación de los ubicuos coronavirus para convertirlos en agentes causantes de SARS (síndrome respiratorio agudo severo) el arma biológica es la proteína espiga o proteína de punta del coronavirus la misma que las vacunas covid introducen o inducen a nuestro cuerpo a fabricar. Dicha proteína tiene un importante papel en la producción de la inflamación y la tormenta de citoquinas característica del covid grave, especialmente una porción de la misma: la subunidad S1, que se escinde (se parte) al unirse al receptor celular AC-2, tanto en la infección vírica como tras la vacuna y es capaz de circular libre por el plasma, comportándose como una potente toxina (1)

Las modificaciones que se hicieron a la proteína espiga para convertirla en esta “bioweapon” consisten principalmente en un sitio de escisión de furina o PRRA, es decir, una adición de 12 nucleótidos que codifican cuatro aminoácidos necesarios para que el virus SARS-CoV-2 infecte la célula, pero que en el caso de la vacuna, facilitan también la ruptura de la proteína espiga vacunal en dos mitades o subunidades S1 y S2, de las que S1 se libera y circula por el plasma. Esto último se ha demostrado en estudios clínicos de personas vacunadas en las que se ha encontrado S1 circulante en su sangre hasta siete meses después de la administración de la vacuna covid. Y ya hemos dicho que S1 es sumamente tóxica.

Las farmacéuticas Pfizer y Moderna aseguran, sin demostrar nada, que su proteína vacunal ha sido modificada en un estado de prefusión para que no se pueda producir la entrada a la célula ni la escisión de S1, pero esto no es cierto, como se demuestra en que no han querido hacer estudios sobre el metabolismo y degradación de dicha proteína y en los estudios que han querido ocultar (2)

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6200764/

En este artículo, se analiza que las adiciones a la proteína de punta tienen como objetivo estabilizarla para su uso en la vacuna, no para evitar que se una al receptor celular. De hecho, también hicieron pruebas para asegurarse de que la proteína espiga se siguiera uniendo, después de estas manipulaciones, a los receptores ACE-2.

Esta es una cita directa del artículo:

"Estos datos estructurales y bioquímicos muestran que la introducción de las mutaciones estabilizadoras de prefusión 2P no interfiere con la unión al receptor o el reconocimiento por parte de proteasas similares a la tripsina" 

La otra modificación que hicieron a esta proteína de punta del coronavirus fue el inserto de la proteína gp120 del VIH que está asociada con la inflamación y la coagulación de la sangre, por lo tanto, con la respuesta inflamotrombótica del covid, pero también con la producción de enfermedades cerebrales priónicas (del tipo de la encefalitis espongiforme conocida como enfermedad de las vacas locas).

Los primeros datos que informaban de la presencia de la proteína gp120 del VIH aparecieron en una publicación científica de 2020 titulada “Uncanny similarity of unique inserts in the 2019-nCoV spike protein to HIV-1 gp120 and Gag”,  Pradham Prashant et al. (3), que tuvo que ser retirada una semana después de su publicación por presiones políticas, pero que era impecable y que el premio Nobel Luc Montaigner corroboró y amplió después afirmando que en la proteína espiga había 1770 nucleótidos y 43 bases correspondientes a 590 aminoácidos coincidentes con el VIH.

Montaigner escribió un par de artículos (4, 5) en los que utilizando la herramienta BLAST para el estudio del código genético del SARS-CoV-2 encuentra 18 fragmentos de ARN de una longitud entre 18 y 30 nucleótidos, de homología igual o superior al 80% con retrovirus humanos o de simio y que tienen la capacidad potencial de modificar la expresión genética  del SARS-CoV-2. Estas inserciones de nucleótidos llamadas EIE (elementos informativos exógenos) no están dispersas al azar como podría pensarse de mutaciones accidentales, sino que se concentran en una pequeña parte del genoma y serían responsables de la aparición de las “famosas variantes”. En el muestreo del genoma viral hay una región clave de 255 bases rica en EIE. La cual, junto a las 1770 bases de la espiga, homólogas con secuencias del VIH, evolucionan mucho más rápidamente que el genoma viral completo. Por este motivo, las vacunas covid estarían contribuyendo a la diseminación de las nuevas variantes para las que no existe inmunidad, perpetuando de este modo la epidemia: es un dato incontestable que los países con alto índice de vacunación presentan una mayor tasa de epidemia.

Respecto al dominio priónico en el sitio de unión regional o unión al receptor (RBD) es lógico que cuando se ejerce presión sobre una estructura cambie su forma y esto es lo que ocurre con la proteína espiga al añadirle las nuevas inserciones PRRA y Gp 120. Este cambio conformacional, más las estructuras de cuádruplex G (unidades cuádruplex de la base guanina) generadas por la optimización de codones (6) van a generar un área o dominio de tipo priónico con la potencialidad de generar patología priónica, tanto en el sistema nervioso central (demencias, parkinson) como en la hemoglobina, si dicha proteína de punta se une a los eritrocitos, algo nada infrecuente ya que los glóbulos rojos presentan un receptor para la espiga: el CD 147, y que tal como explica la viróloga e inmunóloga Dra Jessica Rose (7), dicha unión sería responsable del daño a la hemoglobina y por tanto, de la anoxia e hiperferritinemia del covid .

Por otra parte, el daño neurológico que produce la proteína espiga, sea del virus completo o la proteína vacunal está bien documentado,  siendo la vía olfativa una vía directa para ocasionar daño neurológico, como se ha demostrado tanto en humanos como en macacos, por lo que las vacunas covid intranasales, lejos de ser una solución como algunos pretenden, pueden ser aún más peligrosas:

 

“Olfactory transmucosal SARS-CoV-2 invasion as a port of central nervous system entry in individuals with COVID-19” https://www.nature.com/articles/s41593-020-00758-5
“The olfactory route is a potential way for SARS-CoV-2 to invade the central nervous system of rhesus monkeys” https://www.nature.com/articles/s41392-021-00591-7
A pesar de que cada vez hay más evidencias y datos innegables del daño producido por estas terapias génicas o “armas biológicas” llamadas eufemísticamente vacunas covid, el oficialismo criminal recomienda una nueva dosis, la cuarta en España, para este otoño y se autoriza la inoculación a los bebés desde los seis meses que no tienen ningún riesgo de sufrir covid grave. Mientras, Moderna: Mod RNA, empresa fundada principalmente para promover esta transgénesis humana, se frota las manos y anuncia inversiones millonarias en nuestro país a cuenta de nuevas inyecciones basadas en ARN para diversos patógenos emergentes que, oportunamente y gracias a PCRs inadecuadas para el diagnóstico clínico, serán acusados de producir muchos de los problemas derivados de las nefastas inoculaciones covid. ¿Seremos alguna vez capaces de frenar esta locura y exigir responsabilidades?

REFERENCIAS:

Libro del Dr Fleming:

“Is Covid-19 a Bioweapon? A scientific and forensic investigation”, Dr Richard M. Fleming, Skihorse publishing.

Print ISBN: 978-1-5107-7019-5

Ebook ISBN: 978-1-5107-7020-1