Virus falsos, indemostrados científicamente, al no haberse aislado su ARN para realizar después su posterior secuenciación. Test falsos que nada pueden detectar. Muertos falsos, al haberse inflado, no disminuido, las cifras del número de fallecidos. El remate, la farsa del homenaje de Estado.

En la España del probable masón, el sexto Felipe, la iglesia católica pinta menos que Jacinto en la boda, que era el novio y ni invitado estaba. De lo cual me alegro. Ni cruces ni circulitos, coño. Pero, en cuanto te despistas un rato, gato por liebre.  Quítate tú para ponerme yo. Sus patéticas luchas de poder. En ese sentido la payasada masónica del pasado jueves es la fehaciente evidencia de que los hijos de la viuda nunca habían tocado tanto poder en las instituciones españolas. Y con vengativa guinda del pastel: 16 de julio, festividad de la Virgen del Carmen. Ahí queda eso, cuervos ensotanados, vamos ganando.

El corro de la patata...

Costó alejar a la Iglesia del Estado y ahora vienen estos zumbados mezclando mortífero Leviatán con satánicos rollos de tenidas. Separad, coño, ¿qué parte no entendéis? Arribaron el jueves, con sus rituales y liturgias, en gloriosa escenificación. Por supuesto, todos en plan corro de la patata comeremos ensalada. De fondo, excelsas composiciones de Brahms, La canción del espíritu y Barber, Adagio para cuerdas (por cierto, lastimosa confusión en los rótulos ofrecidos por televisión espantosa). Torpísima referencia, mientras, a la banda Vetusta Morla. No olvidemos nunca la lección aprendida. Claro, no olvidemos que no se puede ni se debe mentir y aterrorizar tanto a tu pueblo. Remate, absurda elección del poema de Octavio Paz, Silencio.

Por supuesto, la inevitable referencia al tres, determinante dígito en la masonería. Tres toman la palabra. Mejor que hubiesen callado: trolas y tonterías. Felipe VI, la jefa del servicio de Urgencias del Hospital Vall d'Hebron, Aroa López y Hernando Calleja, hermano del gran periodista fallecido, José María. Y todo, en todo momento, impregnado por la simbología del círculo, egipcia evocación del dios Ra, cristalizando y consumando la fraternidad humana. Y, por supuesto, el punto encapsulado: alquímico símbolo del oro. Con estos bueyes hay que arar.

...comeremos ensalada

Entre los masones el círculo encarnaría también a San Juan Bautista y a San Juan Evangelista, solsticio de invierno y de verano, respectivamente. El punto personifica al individuo y el círculo sus limitaciones, siendo así muy revelador el utilizarlo en el caso del fallecimiento de alguien, pues la muerte es la mayor muestra de las restricciones que todo hombre posee. Y no olvidemos que se celebraba un "funeral laico" (El País). Ellos algo celebraban. Engaño (y tortura) masivo de Estado. Yo, entretanto, menesteres más nobles y veraces: jugar con mi perra.

Es necesario recordar que el círculo suele trazarse entre dos líneas verticales, que representan a Moisés y a Salomón, siempre su templo y su (falsamente) mitificada construcción como motor intelectual de semejantes albañiles. No olviden que la palabra masón proviene del francés maçon (persona hábil que hace o moldea algo, albañil vamos). La elección del patio de la armería del Palacio Real, obviamente, no fue casual. Si observamos cenitalmente este palacio encauzado hacia el norte, sobresalen dos líneas verticales a los lados. Curioso.

Fuego y rosas

¿Y el pebetero? Además de la evidentísima referencia clásica a la Grecia clásica con los tristísimos funerales de Héctor y Patroclo, debemos recordar que los masones de grados más altos reverencian a Lucifer, cuyo nombre dilucidan en el sentido etimológico de portador de la Luz, transformándolo en una suerte de Prometeo que acarrea el fuego a los humanos, liberándonos del "despotismo divino". Luz y fuego, indistinto campo semántico.

Fuego y, desde luego, flores, rosas blancas exactamente, símbolo de perfecta pureza. Elementos destructores y renovadores, a la manera de la filosofía siempre tan deudora de Heráclito, simbolizando vida y muerte, ya que ambos, para nutrirse precisan otras vidas y muertes. Y todo consumado en el ara, el altar masónico. El ara, usado en toda la ritualidad masónica en la que se presenten juramentos o promesas, simbolizaría, a la sazón, el punto de aproximación con el Gran Arquitecto del Universo.

Ajedrez

Rememoremos. Disposición circular, punto cercado por el círculo, número tres, pebetero, rosas blancas y altar. Prosigamos. El estilillo ajedrezado. Negro y blanco alternándose. El ajedrez. La tradición hermética, de la que tanto bebe la masonería, vincula este colosal deporte con Platón y Sócrates, arribando desde Egipto, inventado por el dios Thot, según indica el Fedro platónico. El tablero dividido en una cuadrícula de 64 casillas, dentro de ocho cuadros, la misma construcción que posee el cuadro mágico alquímico de Mercurio-Hermes, cuya función, además de instructora y educadora, deviene iniciática y por tanto de metamorfosis e intermediaria entre dioses y hombres. En el ajedrez aprenderíamos, según los masones, que luz y tinieblas, día y noche, bien y mal se oponen, pero se complementan, porque uno no existe sin el otro. El blanco simboliza lo manifestado y el negro lo no manifestado.

Puto bozal

¿Y la joya de la corona de la simbología? Acertaron. El puto bozal, salvaje atentado a la libertad y a la salud. Todos los masones pasan por oficialías en sus logias. Por ejemplo, la del primer vigilante. Y estas oficialías son máscaras que ayudan a los masones a representar esta pequeña gran obra que es el ritual. Cuando entran al "taller", se transforman en actores y en espectadores del ritual. Las más de las veces, actores con máscaras. ¿Recuerdan Eyes Wide Shut de Kubrick. Por cierto, ¿ veremos algún día la media hora desaparecida del montaje final donde el gran Stanley hubiese dejado caer que en esas tenidas, donde tal vez suene el beethoveniano Fidelio, aparte de follar como descosidos y meterse farlopa sin parar, ocurren cosas muy, muy, muy feas?

Escriba, Tesorero, Guardianes del rito y del orden. Y, por supuesto, de Oriente. Cada papel interpretado arrastran tras de sí consigo unos compromisos y unas características necesarias, que a fuerza de interpretar, dejan vestigios en la jeta del intérprete. El negativo de la máscara modelaría el rostro del oficial. Para un masón la clave se encuentra en cuatro datos, verbigracia: Teatro, Ritual, Trabajo sobre uno mismo, Trabajo en grupo que nos ayuda a crecer. El cincel realiza su labor, suelen añadir.

Putos grillados, agrego yo. Y en estas manos estamos. No en España, sino en el mundo mundial. La repolla. En fin.